CAROL SOLÍS

 

Y el fuego ardía, ardía en su pecho con solo pensarle.

La mirada tan dulce y penetrante calaba en su interior;

y pensaba que se había vuelto loca por arder de amor

por aquél desconocido varón.

 

Pensó en olvidarlo,

plantando entre el recuerdo y sus memorias

mil historias de amor y otras tantas de desamor.

Plantó sus mil muros de cemento

y ahi debajo de ellos guardó su corazón.

 

Se dedicó a continuar con su vida,

pero con un vacío interminable

que sólo le trajo aflicción.

 

Entre más años pasaron

más se fue olvidando de lo que había pasado.

Y lo único que ahora recordaba

era la nostalgia que sin ton ni son

todos los días la acompañaba.

 

Entonces volvió a aparecer en sueños -como siempre- ¡Era él!

El corazón de la chica empezó a latir.

Y aquél corazón que ella había guardado debajo de aquél cemento

vibró tan fuerte, tan fuerte,

que quebró de uno a uno todos esos muros levantados…

 

Y ahora, la chica triste

vive entre el anhelo y la esperanza.

Aunque a veces sigue sintiéndose triste

pues ahora ya sabe lo que encierra la nostalgia.

Un comentario sobre “La chica triste

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