JOANA LLÀCER

Marie Curie, un caso de rareza en un tiempo en que a las mujeres nada se les estaba permitido. Lise Meitner, científica, mujer y judía en tiempos nazis. Sus importantísmias aportaciones en el descubrimiento de la fisión nuclear, sirvieron para que otro hombre se llevase un premio Nobel, aunque en su vejez se le reconociesen algunos méritos. Rosalin Franklin, descubrió la estructura molecular del ADN y murió joven por la radiación. No sabemos si su corta vida fue tiempo suficiente para que ella descubriese el robo intelectual que se produjo, al adueñarse sus compañeros de trabajo de sus investigaciones científicas. Henrietta Swan Leavitt, Joselyn Bell y una sucesión de nombres femeninos que llegan hasta nuestra actualidad.

Estos solo son algunos ejemplos que Rosa Montero cita en uno de sus libros a modo de denuncia. Mujeres que dieron su vida por la ciencia y que obtuvieron como respuesta el ninguneo de un mundo que prefería que fuesen los hombres quienes portasen sus logros.

Por ellas. Por la misma Rosa Montero, que ha conseguido que en un mundo de hombres, estas injusticias se sigan leyendo en los libros aunque sigan sin aprenderse en la escuela.

Por Colette, Karen Blixen y el sinfín de mujeres escritoras que tuvieron que firmar sus obras con pseudónimos, a nombre de Willy o Isak Denisen.

Por mujeres como Carmen Conde, que sufrieron el exilio interior de la guerra española, la represión de la mujer en tiempos dictatoriales y la imposibilidad de vivir un amor tan libre como lo son las hermosas letras de sus escritos.

Por todas estas “mujeres sin edén” y por las que viven su misma situación en unos tiempos más modernos. Porque las mujeres merecimos y merecemos mucho más reconocimiento del que se nos brinda.

No somos unas exageradas, ni extremistas, ni hembristas, ni paranoicas. Buscamos el respeto que a mujeres como nosotras les ha faltado en un pasado y que mujeres como nosotras no tienen en el presente. El mismo respeto que nos podría faltar en un futuro, si hoy no luchamos por él. Porque nosotras, nuestras madres y hermanas y las que serán nuestras hijas, somos dueñas de ese respeto. No pedimos ningún privilegio, exigimos un derecho. Un derecho que se ha ausentado durante siglos y que ha significado la vejación, discriminación, anulación y la muerte de la mujer en múltiples ocasiones.

Lo queremos porque es tan nuestro como de cualquiera y cualquiera debería poder entenderlo. Ese derecho se llama Igualdad.

Un comentario sobre “Hoy hablan las mujeres

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