BETO BROM

Una densa neblina dominaba hasta el horizonte y quizás más…

Avanzaron ensimismados en la meta. Trataron de mantener la mínima distancia entre sus cuerpos, no perder tiempo, era imprescindible llegar al bosque antes que el sol diga presente. De acuerdo a los mapas, estaban cerca, no obstante imposible distinguir los árboles.

Desde la nada llegó un quejido, no supieron catalogarlo, ¿humano o animal?
No atinaron a continuar la marcha, mantuvieron silencio unos instantes; el segundo grito fue más desgarrador, sin duda era un grito humano.

Dedujeron que la distancia que los separaba no sería mayor a uno cincuenta metros, por lo tanto decidieron dividirse y acercarse por dos flancos.

Sea como fuese, sus pasos fueron lentos y tratando de mantener el más absoluto silencio. La experiencia demostró que la sorpresa era un factor decisivo en aquel tipo de maniobras.

Llegaron tarde, apenas lograron discernir lo acontecido; sólo unos vestigios de lo que aparentaba ser deshechos de una camisa, y ello en base a los expertos ojos de los miembros de la patrulla.

No obstante estaban rodeados de columnas de árboles, y la maleza era dueña del terreno, aquello asemejaba un sepulcro, al punto tal que el silencio mismo rindió respeto a lo allí ocurrido.

La búsqueda prosiguió…unas ramas destrozadas, huellas que aseguraron vestigios de surcos producidos por quizás un barrido por arrastre alguno.

Les pareció escuchar un casi imperceptible aleteo, sus aguzadas antenas fueron perturbadas, al elevar las miradas se percataron que estaban custodiados por una decena de buitres, que encontraron refugio en algunas ramas de los majestuosos árboles.

La presencia de aquellos depredadores, carentes casi de olfato, despertaron la curiosidad de los hombres; la intriga aumentó entre ellos. Intercambiaron breves palabras y optaron por aguardar allí.

Con seguridad los pájaros deberían sentirse molestos ante la llegada de los extraños, y a la brevedad levantarían el vuelo. Y tal determinación sería aprovechada para tratar de seguirlos y así quizás descifrar la incógnita.

Lentamente se sentaron y quedaron a la expectativa. Dicho y hecho, aquello por lo visto, no cuadraba en los planes de los carniceros alados. Uno se incorporó, abrió sus alas, y partió, casi al unísono el resto de la bandada optó por imitarlo; la patrulla al instante reaccionó y comenzaron a caminar, pero tratando de no perderlos de vista.

El follaje era espeso y no les permitiría salir con facilidad del bosque, y ello era la ventaja calculada de los expertos.

Después de un escaso minuto, como de acuerdo a un plan, los buitres se dividieron en dos escuadrillas y en un santiamén desaparecieron de los ojos de los decepcionados patrulleros. Ante tal inesperado desenlace, tomaron una rápida decisión, dieron por finalizada la búsqueda del compañero desaparecido, volverían sobre sus pasos y reportarían lo sucedido.

http://beto-brom.blogspot.co.il

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