JUDITH GÓMEZ ANJOS

-Dicen que es demasiado infantil para tener veinte años…
+Yo creo que es perfecta.
Ambos tienen razón. Violeta puede pasar perfectamente desapercibida como una chica cualquiera de esas a las que acumulan en el famoso “montón”, pero siempre deja un rastro en su ausencia, una ráfaga de sueños e ilusión que, sin querer, va espolvoreando a su paso como lo hacen las hadas en los cuentos de nuestra infancia.
Físicamente a cualquier joven le llamaría la atención su cuerpo a la medida perfecta, sus ojos de un verde casi imperceptible, su melena larga y rizada cuidadosamente despeinada. Pero seguro que es su delicadez al caminar, la fragilidad que aparenta y la fuerza que demuestra lo que enamora de ella, una chica a la que acercarse, pues es bien sabido que no suele hablar con personas poco conocidas. Quizá sea la muchacha
más tímida de la que se ha escrito. Cuando la ves dirigirse a alguien, se puede apreciar y casi sentir la temperatura de sus mejillas, la inseguridad que muestran sus ojos al no querer reflejarse en otros por sentirse inferior a los demás. Sería obvio pensar que ella es así porque no confía en si misma, lo difícil es adivinar que el motivo no es otro que su admiración y respeto por las personas.
Pasea por la universidad como quien va a trabajar por las transitadas calles de Nueva York. En su propio mundo. Se siente observada, a veces devorada por miradas deseosas. Entra en la capilla de la facultad como cada día a las doce de la mañana, cuánta fe en sueños casi cumplidos que deja en manos de quien más quiere.
+Va a salir ya, voy a intentar quedar con ella para estudiar esta tarde.
-Te vas a comer una mierda tío, esa cría es muy estrecha, no te va a dar ni la hora, ¿apostamos? +Diez euros a que me pide volver a quedar mañana.
-¡Que sean veinte!
Violeta ni siquiera se fija en ellos. Los conoce de vista e incluso les ha escuchado conversar alguna vez en la biblioteca y en la cafetería del campus. La verdad es que no están mal, pero el prototipo de niño rico que va de sobrado por la vida dejó de gustarle hace tiempo. Además tiene tanto en lo que pensar… Empieza las prácticas mañana. Le encanta su carrera y más aún la idea de impresionar a la gente cuando vence su
timidez, algo que no le cuesta cuando elige apostar por su futuro como publicista. Persuadir al cliente es lo suyo, quién lo diría.
+Perdona, ¿tú eres Violeta, verdad? La chica de primero.
No se esperaba que un chico como aquel fuese a dirigirle la palabra, pero finge una sonrisa perfetamente enmarcada y lo mira. No a los ojos, pero lo mira.
-Sí, ¿por?
+Sé que mañana empezáis las prácticas. Yo soy de tercero, y ya he pasado por eso. Te he visto un poco perdida empezando el curso y creo que podría ayudarte a llevarlo mejor.
-Tranquilo, lo llevo bien. Pero gracias de todas formas.
+¿No quieres quedar esta tarde?
-Es que estudio mejor sola.
+Bueno, como quieras. Aquí tienes un amigo para lo que sea.
Ella sonríe y mira hacia abajo.
+Tienes una sonrisa preciosa, no hace falta que la escondas.
-Gracias.
+¿Me llamarás algun día?
-Tengo novio.
Se va andando con su delicadeza, timidez y fragilidad. Poco habladora y demasiado pensativa. La chica más rara y antisocial del campus tiene novio.
Afortunado sea, aunque él no lo sabe.

https://cuarentaytresmanerasdeenamorarse.wordpress.com

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