ANA LESMAN

Fuimos apenas un instante en el reloj de la vida. Pero esta…

¡Vida mía!

Sé que te amé cada segundo, de cada minuto, de cada hora… No hubo distancia, ni silencios callados.

Nunca alcanzó la ternura de nuestros ojos llorosos a diluirse en desiertos deshabitados.

¡Mi vida!

También sé que moriré sin sentir el calor de tus manos en mis manos. Esas que en solo una noche acariciaron lentamente toda mi vida.

Me dejé envolver por una nube colmada de trocitos de cielo. Roce de seda, tus dedos sobre mi piel.
Y así producto de una fiebre convertida en fantasía…, soñé “que las estrellas tenían un planeta al que volver cuando morían”, más ¿Dónde regresaría yo en el último trance de mi vida? “Volvería a ti, siempre a ti, Alma mía”.

Mientras…,me recluiría en un mundo impenetrable. Encerrada en la quietud de tu abandono. En los delirios de mi calentura.

Y  en ella viviría a tu vera lo que no viví…

Ni viviré jamás, ni en segundos, ni en minutos…

¡Ni en mil vidas!

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