NAUFRAGOENLALUNA

 

Mamá: “Este año voy a salir de nazareno, pero descalzo”.

En el trayecto que duró la cofradía apagué el equivalente a dos cartones de Marlboro y se me pegaron en la planta del pie no menos de 104 caramelos Sugus (creo que aun me queda alguno después de más de 25 años) eso no hay dios que lo quite, es como el alquitrán, pero de colores (aquí queda dicho…algún día harán carreteras de Sugus, ya veréis).

Llegas a la catedral con tu cirio encendido (que llevas cuidando desde que saliste de la hermandad, para que te dure todo el trayecto), lo apagas, lo apoyas cuidadosamente en la pared y vas al baño, cuando vuelves algún “iluminado” con la misma ropa que tu y un capirote puesto igual que el resto de los cientos que te rodean, ha decidido llevarse tu cirio y dejarte el suyo, uno que ha estado maltratando todo el trayecto y que ahora mide lo mismo que una vela de cumpleaños. ¡Cojonudo!

  • ¿Nazareno me das cera?
  • ¿En serio? ¿Con qué?

El resto del recorrido lo pasas llevando una vela ridícula que no puedes ni apoyar en el suelo y la espalda empieza a dolerte como si hubieras recolectado dos campos de papas tu solo, mientras tanto sigues apagando cigarros con la planta de los pies para “divertirte”.

  • ¿Nazareno me das un caramelo?.
  • Claro, espera que me levanto la planta del pie izquierdo y coges el Sugus del sabor que más te guste o un cigarrito si lo prefieres. Si no encuentras lo que buscas levanto el otro pie.

Si la entrada en la catedral es medio caótica, la salida es toda una odisea porque tienes que intentar buscar el tramo donde ibas y colocarte en el mismo lugar (es más fácil ganar el Euromillón dos veces, con los mismos números que encontrar tu sitio) al final acabas casi llorando abrazado al cristo del paso diciéndole: si me dices donde iba iré todos los domingos a misa.

Al salir sabes que tu madre estará esperándote con un bocata, pero tampoco es una tarea fácil porque todas las madres de la ciudad en un acto de originalidad se concentran en el mismo punto para hacer lo mismo (se supone que vas descalzo y no hablas, a modo de penitencia y tradición, pero te comes un bocata del tamaño de un televisor de 28 pulgadas, por debajo del capirote sin ningún remordimientos). TODAS las madres creen que reconocen a sus hijos sólo viéndole los ojos a través del capirote.

– Ahí viene Antonio, esos ojos son los ojos de mi Antonio, sin duda ¿Antonio, donde está tu hermano?

– Señora yo no soy Antonio, se confunde, yo me llamo Luis y soy hijo único.

– Déjate de tonterías niño, ¿de que quieres el bocata de jamón serrano o de queso?

– De jamón, de jamón, gracias mamá, mi hermano viene tres tramos detrás mio.

Más de un año he encontrado a mi madre después de haber rechazado muchos bocatas (debo de tener unos ojos muy genéricos) y por lo visto ya se lo había dado a otro que según ella “tenía todos tus ojos”.

Recuerdo un año, que al ponernos los capirotes nos dimos cuenta de que mi abuela me había cosido el escudo (que llevaba tres cruces) al revés. La representación del anticristo había llegado a la ciudad, me tiré todo el trayecto que parecía Julio iglesias con una mano en el pecho tapándome el escudo. Ese año no hubo dudas de quien era yo y mi madre me dio el bocata pero…si en una mano tienes un cirio y con la otra te tapas el escudo ¿como coño te comes el bocata?

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