ESRUZA

La noche se convierte en cómplice de muchas cosas: amores prohibidos, sueños, anhelos, preocupaciones, maldad y algunas veces, trae paz.

Me soñaba caminando a lo largo de un río con los pies descalzos. Las estrellas y la luna alumbraban mi camino. Escuchaba el correr del agua cristalina, que nunca para su camino. Intenté que me hablara, como lo hacía con “Sidharta”, que me diera respuestas, pero no le entendía nada. Escuchaba atentamente, quería que me dijera qué camino debía seguir y nada, no entendía nada.

Angustiada corrí y corrí a lo largo del mismo y, el río sólo pasaba a mi lado y seguía sin decirme nada. Sentí tristeza y pensé que lo que pasaba era que no hablábamos el mismo idioma, no podía aconsejarme yo no era “Sidharta”, no tenía la paz que él tenía. ¿Dónde encontrarla, cómo?

Seguí mi camino, iluminado por la luna y las estrellas, tratando de encontrar respuestas ¿por qué no las encontraba? No podía preguntar a la luna ni a las estrellas, están muy lejanas, muy altas y no las escucharía, aunque habláramos el mismo idioma, por lo que dejé las huellas de mis pies descalzos y cansados a la ribera del río. Tal vez, si volvía, el río me daría las respuestas que buscaba, con la complicidad de la noche, en mis sueños.

2 comentarios sobre “El río

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