ANNE

Axel era un chico que estaba muy emocionado porque ese fin de semana iba a ir de acampada con sus amigos. Hacía muchísimo tiempo que no vivían una aventura juntos, por lo que estaba nervioso y muy contento de que por fin pudieran ir todos de acampada. El lugar elegido era el bosque que se encontraba al pueblo de al lado: Arcadia. No era un viaje muy largo pero el bosque de allí era especial. A Axel le gustaba mucho porque era muy grande, espeso y frondoso.

La mañana del sábado, se levantó sobre las 6 de la mañana para ir con sus amigos. Iban a ir en el coche de Leah ya que era la única que tenía carnet de conducir. El viaje fue muy divertido; Eric y Alya eran los más divertidos del grupo, por lo que ellos se encargaron de animar el viaje con sus tonterías.

Por fin llegaron al bosque, todos estaban emocionados, especialmente Matt que nunca había ido de acampada. Sin embargo, era el único que sabía montar una tienda gracias a los tutoriales que había visto por internet. Una vez tuvieron la tienda montada se fueron de excursión a explorar el bosque. Se lo estaban pasando genial; viendo a los pájaros, nadando en el lago… Estaba siendo un día genial para Axel y eso que el plato fuerte aún no había llegado.

La noche cayó. Era la hora. La verdadera razón por la que habían ido al bosque era por la lluvia de estrellas que estaba a punto de empezar. Para Eric y Alya era la primera vez que veían las Lágrimas de San Lorenzo por lo que se quedaron boquiabiertos. Una vez acabó, hicieron una fogata y empezaron a contar historias de terror que poco a poco fueron degenerando a historias más bien cómicas.

De repente, algo los asustó. Había alguien en el bosque. Llevaba una máscara y un machete. Todos se asustaron y saliendo corriendo. El hombre enmascarado los estaba persiguiendo todo el tiempo, los chicos intentaron huir de él con todas sus fuerzas. No podían volver al coche ya que Leah se había olvidado las llaves del coche en el campamento improvisado que habían construido, por lo que intentaron llamar a la policía, a sus padres… todo sin éxito ya que no había cobertura.

Poco a poco, amaneció, por lo que tuvieron la esperanza de que el hombre enmascarado ya se hubiera ido. Y así fue, sin embargo, eso no les alivio para nada. Cuando volvieron al campamento, allí estaban sus padres. Estaban tristes, algunos de ellos llorando, otros impasibles y fríos.

Estaban montando un altar con flores, peluches y demás objetos. En el centro de toda esa parafernalia estaban sus fotos, una de cada uno de ellos. Entonces entendieron lo que sucedía: al final aquel hombre enmascarado los había matado a todos y ahora ellos estaban allí atrapados y sentenciados a vivir una y otra vez la mejor experiencia de sus vidas junto a la peor.

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