MOISÉS ESTÉVEZ

El invierno era duro en Fjällbacka. Erik, oriundo de esta ciudad costera,
acababa de levantarse, y se tomaba un café bien caliente mientras ojeaba el
periódico, sentado en su confortable sillón de lectura frente a la chimenea, que
empezaba a crujir y a desprender ese característico olor a madera quemada.
Estaba dispuesto a disfrutar de su primer día libre después de semanas
sin parar de trabajar, y es que últimamente y de manera anormal, el número de
homicidios que habían acaecido aumentaron terriblemente, máxime si se tenía
en cuenta que la población apenas si superaba los mil habitantes. Con los
datos en la mano, la proporción era elevadísima.
Como detective le preocupaba enormemente, aunque albergaba la
esperanza de que el asesino en serie que estaba actuando en tan breves
intervalos de tiempo cometiera algún error que propiciara su captura, ya que
los habitantes de este acogedor lugar de veraneo sueco comenzaban a
sentirse un tanto atemorizados.
– Esto parece Cabot Cove, y yo, Jessica Fletcher,- se decía mientras
ojeaba la portada del diario, en el que aparecía la noticia del enésimo asesinato
ocurrido, al tiempo que su teléfono comenzó a sonar…

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