ESRUZA

Todas las mañanas tomaba el mismo tren, rumbo a su trabajo, no le importaba en qué lugar se sentaría, disfrutaba el trayecto.

De un momento a otro vio que había un mejor lugar desde el cual disfrutaría mejor, mas éste siempre iba ocupado. A partir de entonces, como una obsesión, subía al mismo tren esperando que ése lugar estuviera libre, pero nada. Llegó a desesperarse y dejó pasar ese tren, no sin sentir tristeza por no ocupar el lugar que tanto deseaba.

Decidió esperar el siguiente, para ocupar otro lugar desde el cual disfrutar el trayecto, sin embargo, no había satisfacción alguna. Decidió volver a buscar el primer tren después de un tiempo, que fue largo, muy largo. Entonces preguntó al taquillero si habría forma de conseguir el ansiado lugar; el taquillero, sonriendo, le dijo: – “si hubiera tenido paciencia, hubiera conseguido ese lugar, estuvo libre por un corto tiempo, pero ya volvieron a reservarlo, lo siento” – jamás volvió a esperar ese tren.

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