ALBERTO ROMERO

Noche de Revelaciones

Antonio y Deyan se despertaron por el zumbido del teléfono de Antonio. Este
miró el móvil, frotándose los ojos, mientras bailaba sobre la mesita baja del salón.
En la pantalla aparecía Adela, su madre, y el reloj que marcaba las 9:25h.
Deyan se incorporó en el sofá retorciendo los músculos por la mala postura.
Ambos se habían quedado dormidos en el sofá sin remedio, después del intenso
día anterior.
Antonio respondió a su madre todavía medio dormido. Adela se asustó al escucharle
la voz.
—¿Va todo bien Antonio?—. Le dijo nada más descolgar y escucharle.
—Nos quedamos dormidos anoche en el sofá—. Contestó Antonio restregándose
la cara.
—¿Estás con Deyan todavía?—. Preguntó Adela.
—Sí, lo tengo aquí al lado.
—¿Está bien?—. Preguntó con voz preocupada.
—Sí, está bien—, le contestó Antonio levantándose del sofá.
—Me ha llamado Marta y me ha contado toda la verdad—. Le dijo Adela.
Antonio la dejó continuar en silencio.
—Yo sabía lo de la carta, hijo, pero no lo de Josefa—. Le dijo entre sollozos.
—Deyan habló anoche con ella y también sabe la verdad—. Le dijo Antonio tratando
de tranquilizarla.
—Me ha pedido que te cuente que anoche cuando llegó a Bilbao siguió a Josefa
hasta un convento sin que se diera cuenta—. Dijo Adela.
—¿Donde está ahora?—. Preguntó Antonio preocupado.
—Tranquilo, me ha dicho que se ha quedado a dormir en una pensión cercana
y que hoy se dedicaría a buscar información sobre ese lugar—. Le dijo Adela, tratando
de tranquilizarle ella ahora.
—Creo que voy a ir a buscar a Marta para traerla de vuelta. No quiero que esté
allí sola, es muy peligroso—. Contestó Antonio con voz grave.
—Quiero que vengáis Deyan y tu a comer a casa, como habíamos quedado. Y
organizaremos esta situación en familia, como siempre hemos hecho—. Le contestó
Adela a Antonio.
Se despidieron hasta el mediodía y Antonio fue a buscar un poco de café a la
cocina. Deyan se había sentado en el sofá donde había dormido y estaba mirando
los papeles de la carpeta de Josefa.
—¿Quieres café?—, Le preguntó Antonio a Deyan.
—Cuñado, esto es grave—. Le contestó con la cara desencajada por lo que estaba
leyendo en los papeles.
—Sí, muy grave. Y hay algo más que no os he querido contar—. Le dijo a Antonio
mientras desaparecía de camino a la cocina.
Antonio volvió con dos tazas de café y le confesó a Deyan el suceso del cuchillo
con Josefa del día de antes. Antonio se descompuso por completo contando
como su suegra le había arrinconado con un cuchillo de treinta centímetros en la
garganta, amanenazandole de muerte.
Todo lo que pasó a continuación Deyan ya lo sabía, porque lo había vivido en
persona con él. Ambos se abrazaron en silencio, como dos hermanos ante una
desgracia descomunal.
—Adela quiere que vayamos a comer con ellos hoy—. Le dijo Antonio a su cuñado.
Aprovecharé para contarles esto, lo de mi trabajo y lo que he leído esta noche
en la carpeta de la adopción de Ana.
—Se van a caer de la silla—. Contestó Deyan llevándose las manos a la cara
preocupado.
—Quiero ir a la policía Deyan—. Le dijo Antonio….

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