ESRUZA & BETO BROM

 

No tengo nombre fijo, a nadie se le ocurrió que quizás me gustaría, pero…

Preguntarán donde nací, ahhhh…eso si me acuerdo…en una pequeña fabriquita de la zona industrial de la gran ciudad, que se especializaba en pelotas de todos los colores; para mí eligieron un azul fuerte, y es por ello que siempre fue fácil  encontrarme, para alegría de mi dueños, que por lo general fueron chicos que me disfrutaban por mi agilidad para deslizarme y rodar bien lejos.

También recuerdo que un día me llevaron junto con una docena de hermanitas, a un reluciente comercio de juguetes en la zona céntrica. Nos acomodaron en un canasto de plástico, todas aprisionadas, era imposible moverse. Ahora era cuestión de esperar la mano salvadora que nos elija y así salir en libertad.

La espera fue corta, a las pocas horas, apareció un revoltoso niño que revolvió con sus manitas entre todas nosotras y la suerte cayó sobre mi…me agarró, me miró, y le dijo a su padre, -Ésta es la que más me gusta, papi.

Mi primera casa…que alegría…apenas Pablito, era el nombre de mi primer amigo, volvía de la escuela, y ya salíamos al patio a jugar…me hacía correr de aquí para allí, juntos nos divertíamos…él arrojándome y yo contenta rodando a mi albedrío.

Un domingo subimos toda la familia al coche y viajamos un rato hasta llegar a orillas de un precioso río. Entendí que allí haríamos un picnic, era el cumpleaños de mi Pablito, ¡¡que contento que estaba!! Después de apagar sus seis velitas, me fui a jugar con todos…en un momento, el padre de familia me arrojó con cierta fuerza y reboté contra un árbol y salí despedida cayéndome al agua un poco lejos de la orilla…me sentí llevada por la corriente, por supuesto nada podía hacer para evitarlo; y así continué siendo arrastrada un buen rato hasta que quedé atrapada en unos altos juncos. La noche llegó, y me encontró allí, sola y perdida.

Apareció el sol, y yo escondida; también me alumbró la luna…varias veces…

Después de un largo tiempo sentí ruidos y un remo me comenzó a empujar hasta que me topé con un bote, ¡que buena sorpresa! una mano me agarró y subí dentro, un niño me revisó y al ver que estaba intacta, me limpió un poco y me guardó en un bolso.

Mi nuevo amiguito estaba contentísimo conmigo, entendí que se llamaba Francis; todos los días jugamos, él, sus dos hermanitos y yo, nos divertíamos mucho.

Una tarde iba rodando delante de Francis y se levantó un ventarrón repentino, me empujó con fuerza y caí en un pozo obscuro. Imposible ver nada…solo escuchaba que me estaban buscando, pero… imposible de avisar sobre mi paradero. Otra vez más quedé sola… me  puse muy triste… estaba abandonada en una calle desconocida.

Ese lugar desconocido estaba ubicado en una pequeña propiedad cercana a donde vivía Francis, quien se puso muy triste al no verme y yo, por supuesto, también.

El pozo estaba ubicado en una pequeña propiedad perteneciente a una familia muy pobre. No tenían agua corriente, potable, así que se veían obligados a sacar agua del pozo para sus necesidades, bañarse, cocinar, dar agua a los pocos animalitos que tenían, etc. La familia tenía dos pequeños, Luis y Matilde, los cuales ayudaban a sus padres en las tareas cotidianas. Tan humildes eran que los niños no tenían juguetes, lo hacían con pelotas hechas de papel, piedritas, palitos, lo que su ingenio les hacía inventar para jugar.

Una mañana su madre le pidió a Luis traer agua del pozo para lavar los trastes. Luisito acudió obediente y metió el balde en el pozo, al sacarlo, cuál sería su sorpresa al ver en el balde una hermosa pelota azul, relumbrante de tan limpia, y yo volví a sentirme tan feliz de nuevamente pertenecer a un niño.

Fue tanta la dicha de Luisito que olvidó el balde de agua y corrió a buscar a su pequeña hermana para jugar con ella y conmigo. Los dos estaban felices, que digo los dos, los tres estábamos muy contentos… pero de repente apareció un niño vecino, mayor que ellos y de una patada, digna de Leonel Messi, hizo que yo nuevamente volara, tan lejos que fui a caer entre unos matorrales, quedando enredada entre ellos.

Yo estaba tan contenta jugando con esos niños y…ahora, otra vez sola, me preguntaba ¿por qué la vida es así conmigo?

Nuevamente vi pasar el sol, la noche y el amanecer muchas veces. Estaba perdiendo la esperanza cada vez más, nadie sabrá donde me encuentro ¿permaneceré aquí por siempre?

Pasaron días y sus noches, soles y lunas… una manta de musgo empezó a cubrirme hasta que dejé de ver la luz. Estaba protegida, pero sola y abandonada. Cierta vez alcancé a escuchar un ensordecedor ruido…la tierra se movía a mi alrededor…sentí que me elevaba y de pronto bajé de golpe…estaba dentro de un camión, pero la mayor sorpresa fue que la luz me cubría, ¡que alegría otra vez al aire libre!, muy contenta me puse. El camión comenzó a moverse y yo arriba de toda la carga de tierra, podía apreciar el paisaje a mí alrededor, mientras el vehículo viajaba. Al cabo de un buen rato, nos detuvimos y lentamente se levantó la plataforma donde yo estaba, y fui arrojada junto a toda la carga a la tierra, aproveché la oportunidad y comencé a rodar con todas mis fuerzas, otra vez libre, que agradable sensación…

Unas pequeñas manos interrumpieron mi carrera…era otro niño pequeño y de familia humilde como Luisito, se llamaba José. Me tomó en sus manos muy contento, me limpió y se propuso jugar conmigo, yo me puse feliz, aunque me sentía un poco extraña. El pequeño vio con desolación que estaba desinflada y con una rotura. Sin embargo, rápidamente fue a su humilde casa por unos papeles y me rellenó tapando el orificio que tenía y se puso a jugar conmigo, su ingenio subsanó el problema.

Ya no podía rodar, es cierto, pero no era un obstáculo para que José jugara conmigo y, comprendí que, finalmente esa sería mi casa definitiva; ya no me perdería ni estaría sola, esto me hizo muy feliz, pues no importa cuántas vicisitudes nos depare el destino si tenemos, siempre, la esperanza de que algo bueno vendrá y la felicidad que hayamos dado a otros nos será devuelta.

2 comentarios sobre “Crónica de una vida

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