MOISÉS ESTÉVEZ

El Capitán García aguardaba paciente en su despacho a que la pareja de inspectores le ofreciera novedades sobre el último supuesto homicidio.
Profesional curtido y experimentado, ya hacía un lustro que comandaba la comisaría 47, y que trabajaba incansable como uno más de sus policías, de los que se enorgullecía enormemente, en especial de Jones y Mark, miembros imprescindibles del NYPD, aunque cierto era que no lo dejaba ver, manteniendo intacto el escalafón jerárquico, esencial a la hora de dar órdenes y tomar decisiones.
El trabajo era duro y la recompensa escasa en la mayoría de las ocasiones. Una labor ingrata que requería más horas que las pagadas y una vocación fuera de lo normal.
La mentalidad profesional que lo llevaba al estricto cumplimiento de la ley y dicha vocación, era respaldada sin fisuras por todos los miembros de su plantilla, desembocando en una labor policial y unos resultados bastante satisfactorios, que en los últimos tres años habían llevado a su comisaría a obtener el índice de criminalidad más bajo de toda la ciudad de Nueva York, lo que le reportó a él y a su gente menciones honoríficas por parte de la Dirección General y felicitaciones personales del Director Reagan.

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