ALBERTO ROMERO

La Carpeta

Antonio y Deyan recogieron las cosas que habían utilizado en casa de Josefa y
dejaron todo tal y como estaba cuando entraron en busca de los secretos de la
caja fuerte. Bajo el brazo de Antonio, la gruesa carpeta de los papeles de la adopción
de Ana. Antonio la mantenía sujeta con fuerza y no la soltó ni para ponerse el
cinturón al montar en la camioneta de Deyan.
Los gemelos de Marta y Deyan estaban al cuidado de Adela y Miguel, así que
decidieron ir a casa de Antonio y tratar de organizar sus mentes y descansar un
poco.
Por el camino a casa Antonio le contó a su cuñado que esa misma tarde le habían
echado del trabajo, que estaba hundido. Se lamentaba con amargura de que
el destino estaba en su contra desde el accidente de Ana, y que ya no sabía que
más desgracias podían sucederle.
Deyan le escuchaba en silencio mientras conducía bajo la tromba de agua en
dirección a su casa. A aquella hora no había ni un alma por las calles. Mientras escuchaba a Antonio pensaba en si aquella mala suerte era contagiosa, porque su
vida también estaba poniéndose patas arriba. Preocupado por Marta y que sucedería
mientras perseguía a aquella bruja, tuvo una idea.
Llegaron al piso de Ana y estaba frío y oscuro. Antonio puso en marcha la calefacción
y encendió una pequeña lámpara y la TV del salón. Ahora ya se parecía
algo más un hogar cualquiera.
Deyan se quedó parado en la entrada, con la mirada un poco perdida, a la espera
de instrucciones. Antonio le dijo que se sintiera como en su casa, le ofreció
de su propia ropa seca y le invitó a darse una ducha caliente mientras preparaba
algo para cenar.
Deyan aceptó de buena gana y se metió en el baño convencido de que aquella
ducha le reviviría un poco del jarro de agua fría que había recibido aquella tarde.

Habló con sus suegros y se quedó más tranquilo al escuchar a Adela decir que
los gemelos estaban encantados en su casa. Adela le transmitió un mensaje de
ánimo convencida de que el plan de Marta se había puesto en marcha. Ella era la
única que sabía como estaba su hija y trató de consolar a su yerno con su dulce
voz y cálidas palabras de apoyo.
Antonio dejó la carpeta en la mesa baja frente al sofá y se dirigió a la cocina en
busca de algo que preparar para cenar. Unos sandwiches y un poco de ensalada
serviría para salir del paso aquella noche.
Buscó ropa amplia en su armario para prestarle a Deyan y la dejó sobre la
cama para su cuñado. Le pegó a la puerta del baño y sin abrir le avisó de que tenía
ropa en la habitación.
A Antonio le pareció oír a Deyan hablar, pero siguió camino de la cocina, pensando
en la carpeta de Josefa.
Deyan le dio las gracias pensando que aún estaría al otro lado de la puerta y
continuó susurrando a su interlocutor al otro lado del teléfono. El sonido del agua
de la ducha amortiguaba su voz, nadie podía enterarse de con quien estaba hablando.

Cuando terminó la ducha se puso la camiseta y los calzoncillos de Antonio y se
reunió con este en el salón.
—Gracias por acogerme esta noche, cuñado—. Le dijo sonriente.
—He preparado un poco de cena, come algo, te vendrá bien—. Le contestó Antonio
contento de tener a alguien más en casa.
Aquella noche Deyan durmió en el sofá como un bebé, agotado.
Antonio se leyó de cabo a rabo todos los papeles de la carpeta…

http://demasiadopersonal.blog

2 comentarios sobre “Demasiado personal (40)

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s