LUCES Y SOMBRAS

 

Atravesando calles abruptas y serpenteantes, cubiertas de polvo, barro y lodo. Recubiertas por las piedras que se iban arrojando a su paso, por la sangre emanada de los latigazos.

No quedaba lugar para la piedad, únicamente rabia, ira y sufrimiento.

Cuanto más daño se le causase, menos miedo generaría, más humano parecería, ni un rey, ni un Dios sería.

No habría que convencer de nada a nadie.

Ya le estaban viendo como sangraba, como se lamentaba y jadeaba, como un pobre diablo.

No era nada del otro mundo, ni un ser extraño.

Sudaba y sangraba como cualquier hombre, pedía agua, clemencia y descanso. No tenía nada de divino y si todo de humano.

Se arrastraba como un animal directo al matadero, con la cabeza gacha, los ojos nublados y llenos de miedo. No era ni un Dios, ni su hijo, era un simple charlatán que se había vuelto loco por tanto seguimiento popular.

Le llevaban descalzo, para que viesen como sangraba, como se podía ver que no era especial, que era como cualquier otro.

Los pies cada vez más ensangrentados por los cortes que se le iban produciendo, embarrados y destrozados por tanto caminar, por tanto peso.

Enorme caminata desde la partida al cadalso, sin ayuda y sin agua, y con ese enorme peso sobre sus espaldas.

No era el tronco lo que le pesaba, era la injusticia en su cara reflejada.

Su cuerpo semidesnudo para facilitar los latigazos del verdugo, el apedreamiento de la gente, y los escupitajos de los más pequeños.

Un cuerpo maltrecho, despellejado por los golpes, las piedras y los latigazos.

Sudoroso por el esfuerzo de lo cargado, de lo recorrido, del cansancio acumulado.

Era un cuerpo deforme, se le veía mutilado, por afuera y por adentro.

Para más escarnio, para más risas y burlas, le habían coronado, como si de un rey se tratase, de un conquistador que iba saludando victorioso por las calles.

Corona de pinchos, púas y espinas.

Demasiado castigo para la vista, incluso del más salvaje de los presentes. Pero nadie pedía clemencia, nadie decía ni ayudaba, solo risas, piedras y latigazos. Todos querían fiesta, nadie quería ir ese día al trabajo.

Un rey con su corona de espinas, por haber reclamado lo que no era suyo, por haber predicado sandeces y barbaridades acusando a los ricos de aprovecharse.

Debió ser más listo, no generar tanto populismo, ser más callado y no pensar ni creer que era Jesucristo.

Su premio por todo ello, fue su calvario.

Su castigo por haberse revelado, fueron los latigazos, los insultos, las piedras y los palos del camino.

Sin olvidar lo que le esperaba en lo alto del camino…

Cualquier objeto era válido para castigarle, recriminarle el haber venido.

Para que supiera que ni era querido, ni deseado, ni bien recibido.

Pagaría su osadía de creerse un rey salvador, el hijo de Dios, el salvador del mundo…

Deseaba ser rey, pues coronado iba.

Deseaba ser rey, tendría su travesía, su penitencia.

Murmuraba que los rescataría, que era el mesías…, pues ahí empezaría su andadura con su propio calvario, que por lo que decía en sus discursos, parecía deseado.

Fue un juicio justo, fue un jurado popular con un careo entre él y Barrabás, y eligieron.

Demasiado dolor ya en su cuerpo, aumentado por el cansancio y el agotamiento de tantas horas sin comer, sin beber, tantas horas como le habían mantenido despierto.

No deseaba ni suplicaba ya nada.

Solo quería seguir avanzando, paso a paso, subiendo como podía, llegar a la cima alcanzando el final de su recorrido, de su calvario, y caer derrotado.

Solo el pensamiento de llegar lo antes posible a la cima es lo único que le mantiene con vida, que la hace seguir luchando y avanzando, aun a sabiendas de lo que le puede esperar, de lo que le puede suceder… Sabe dónde va.

Aun así, sabe, que necesita llegar, porque nada será peor de lo que está pasando, nada o todo acabará cuando llegue arriba, cuando alcance el final. Dejará de sufrir y podrá descansar.

Solo ante el peligro, sin nadie que le ayude, que le eche una mano amiga, que esté a su lado… Incluso, el que dice ser su padre, le ha abandonado, le ha sacrificado…

Y todo por qué??… Por estos?? Por esta misma gente que le escupe, le apedrea, le flagela, que no tienen piedad de un hombre moribundo, que siguen y siguen como posesos tras sus pies golpeándole, increpándole y riéndose de quien dice que es y para lo que ha venido…

Por ellos, tiene que dar su vida… Afrontar este calvario, este castigo??

Es inhumano

Sin nadie que le ayude, ni le auxilie, que calme a la muchedumbre sedienta de sangre, poseída por un odio alarmante y exagerado para lo acontecido, para lo hecho y realizado por este pobre hombre que se va arrastrando.

Exigiendo venganza, sin saber por qué, sin motivo aparente, solo por el mero hecho de que en multitud todos somos valientes.

Su Vía crucis sigue y sigue, no acaba, y no se ve el final del camino, solo se siente, se palpa el sufrimiento, el suplicio al que está siendo sometido.

 

Duda

Reza

Necesitado de nuevas respuestas

A sus múltiples preguntas

Por qué yo

Por qué a mí

Por qué así

Tanto sufrimiento

Tanta crueldad

Tanta maldad

 

Por y para qué había venido

Había nacido para el sacrificio??

 

Si venía por ellos

Por qué le hacían esto??

Se cuestiona todo

El motivo

La causa

El efecto…

 

Lloraba a su padre

Le pedía ayuda

Le pedía que acabase con su dolor

Con su sufrimiento

Que les castigase por lo que le estaban haciendo

 

Pero nadie respondía…

 

Demasiadas preguntas sin ninguna respuesta.

 

Quién era??

Qué??

Para qué??

Por qué??

 

– Saliste voluntario para la obra del colegio!!

 

Ya no se acordaba dónde estaba. Se había metido tanto en su papel que estaba empezando a perder la cabeza.

Demasiado concentrado en una obra, en un sueño hecho realidad, que por instantes iba perdiendo el sentido del espacio y del tiempo.

 

– Venga!!

– Solo que el último acto. Solo quedan los clavos, la cruz y la lanza del compañero…

 

Se sobresaltó de repente!!

Con un ruido estridente

El puñetero despertador…

 

Sudoroso…

Agotado…

Vaya sueño!!

Vaya noche!!

 

Un fuerte dolor de cabeza y poquísimas ganas de ir al colegio.

 

Fue al baño

Se miró la cara al espejo

Estupefacto de lo que vio

Perplejo de lo que estaba viendo

 

Sobresaltado…

Aturdido…

Acojonado…

 

No paraba de mirarse al espejo y revisarse el cuerpo

 

Preguntándose que eran esas marcas

Parecían latigazos…

Preguntándose que eran esos agujeros

En los pies

En las manos

Parecían de chinchetas

De clavos…

Preguntándose que era esa raja en su costado

Parecía hecha con una cuchilla

Con una daga…

 

Qué coño había pasado??…

Estaba en otro sueño??…

 

O habrían sido ELLOS…

Los de siempre

Los que cada día le esperaban a la salida del colegio

 

Cómo ocultar todo esto

Cómo decírselo a alguien si estaba amenazado por ellos…

 

Solo se le pasaba por la cabeza una idea para acabar con todo esto…

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