MOISÉS ESTÉVEZ

Mark había salido a por unos cafés mientras la inspectora Jones aguardaba impaciente el informe forense.
La científica le había informado unos minutos antes que la víctima no presentaba residuos de pólvora, por lo que aquello se encaminaba hacia cualquier cosa menos a un suicidio.
Esperaría a su compañero para ir al despacho del jefe, el Capitán García, y ponerle al tanto con lo poco que hasta ese momento tenían del caso y hacia donde dirigirían lo primeros pasos de la investigación.
Rescató su iPhone del bolso al oírlo sonar, era una nota en su calendario. – ¡Mierda! En media hora tengo cita con mi terapeuta – Se le había olvidado por completo pese a que ya se convirtió en rutina hace semanas. Se convenció a si misma por el mero hecho de que se le escapara de su memoria dicha cita. Podría resultar un signo positivo – ¿Sería señal de que iba mejorando su salud mental? – Pensó.
Llamó a Mark y le dijo que tenía que ocuparse de un asunto y que no tardaría, agarró sus pertenencias y salió del edificio como alma que lleva el diablo para pillar el metro, pensando que a esas horas circular por Manhattan en su viejo Audi A3 no sería una buena idea, debido al colapso automovilístico.
Los astros se alinearon para que llegara puntual a su cita con el psicólogo.
– Buenos días doctor, que tal está –
– Hola Jones, buenos días, ¿y usted como se encuentra?
– Bien, un poco estresada pero bastante bien.
– Siéntese. Aprovechemos la sesión para combatir un poco ese estrés, que, o mucho me equivoco, o su trabajo influye sobremanera…

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