NÁUFRAGO EN LA LUNA

Hay cosas que nunca entenderé de algunos bares de toda la vida, por ejemplo: Si vas a un bar auténtico de serrín en suelo (que no sabes si se acaba de cometer un asesinato o han vomitado minutos antes) a las 7 de la mañana con los ojos aún pegados, la bata de boatiné puesta, bostezando y pides una manzanilla, es muy posible que antes de que te de tiempo a decir nada más ya te hayan colocado delante una copa de vino, unas aceitunas y te hayan puesto de fondo a los Ecos del rocío y esto !a las 7 de la mañana! Creo que si le das un sólo segundo más te colocan un gorro cordobés y te tocan las palmas (mientras escuchas como alguien afina una guitarra en la trastienda). Cuando les dices que es “Infusión” arrastran los pies hacia atrás para dejar otra vez la botella en su sitio pero manteniéndote la mirada (modo desafiante) mientras seguro que piensan ¡Pringao! Pasan de verte como a un auténtico Clint eastwood a un Wolly allen. Miedo da pedirles una rodajita de limón.

Cada vez que entro en uno de estos bares y veo un cartel de “prohibido el cante” no puedo dejar de pensar en la que se tuvo que montar en esos años para que alguien se tomara la molestia de poner un cartel de material duradero en la pared, nada de escribirlo en un papel y ponerlo mal pegado con celo. Imagínate ir a desayunar arrastrando los pies y que alguien te cante una soleá en la oreja a esas horas tan delicadas para la cortesía.

Yo siempre he pensado que hay más filósofos en los bares (dentro y fuera de la barra) que en la antigua Grecia, pero por lo visto antes también eran lo lugares elegidos para la realización de una especie de operación triunfo perpetua o “Batalla de gallos” pero a lo flamenco. Como leí una vez: “Dios los cría y el viento los amontona” y es evidente que en los bares hace esquina y sopla fuerte.

“Hoy no se fía, mañana si” este otro cartel que tiene lo suyo. Intenta explicarle a un borracho que ese mañana será el hoy y que tampoco se fía.

No sé si tiene algún tipo de relación (yo creo que no) pero me trae recuerdos de cuando mi madre me “contaba” El cuento de la buena pipa (no te he dicho ni que si ni que no) y yo atónito pensaba que se estaba quedando sorda, las pastillas de la tensión no le sentaban bien o estaba perdiendo el norte y sentía algo de pena por ella.

  • Papá, vete poniendo los pantalones que nos vamos al hospital, mamá esta diciendo unas cosas muy raras.
  • Mamá no te preocupes, ahora le dices lo de la buena pipa al doctor.

“Se prohíbe escupir en el suelo” leyendo esto a uno no le queda claro si sólo esta prohibido hacerlo en el suelo o también está prohibido escupir en la cerveza del individuo de al lado cuando se vaya al servicio.

Ibas con 13 años a un bar por la mañana, te pedías un ColaCao y el viejo de al lado te echaba el humo de un ducado en la cara, cuando se iba el humo ya era de noche. Si te lo echaban de celta sin boquilla te quedabas ciego de por vida.

Antes sí que sabían divertirse en los bares, ¿qué nos ha pasado? se podía fumar, escupir, cantar y te dejaban fiado.

Otro día hablamos de esos bares en los que era normal tirar las servilletas al suelo y al final uno le perdía el respeto a todo y acababa llevando allí las bolsas de basura de su casa o deshaciéndose de un cadáver.

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