MOISÉS ESTÉVEZ

Vivo sin vivir en mi, y tan alta vida espero, que muero porque no muero…
Y es que no pasa un instante en que mis pensamientos no estén ocupados con ella, mi vida, mi musa, la rosa que reluce en este jardín de la vida. Vida que no deseo vivirla sino es con ella, por eso, y con todo, muero porque no muero, si ella no está presente, sino me corresponde, ya que la vida que espero no tiene valor sin sus besos, caricias, abrazos… largos, cálidos, tiernos y sobretodo amorosos.
Reflejos de un amor que comienza titubeante, pero que con el tiempo, el interés y la pasión se va fortaleciendo, uniendo dos almas nacidas para complementarse. Almas que se hunden como raíces que sustentan el tronco del árbol del cariño, cariño que se desprende de ese amor, sólido, inamovible, robusto, magno y bello cual corcel blanco de un caballero medieval, puro y sincero, sin resquicios ni temores. El temor sólo se presenta ante el pensamiento de una vida separados, la vida en un minuto si cabe. ¡Por favor, ni un minuto…!

2 comentarios sobre “38.0

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