GAMBITO DANÉS

Tentación: Impulso de hacer o tomar algo atrayente pero que puede ser inconveniente.

—Entonces, ¿no has vuelto a hablar con tu hermano desde que pasó eso? —preguntaba el psicólogo sorprendido por la historia.

—No, apenas puede mirarme a la cara, y yo tampoco a él.

—¿Cuántos días han pasado?

—Tres.

—De acuerdo. ¿Alguna otra situación digna de mención?

—No, creo que mi excitación con el tullido del metro, la calentura con mi madre tocándose el pendiente y la violación a mi hermano, es todo —respondió con sarcasmo.

El psicólogo agarró su taza de café y se la terminó, manteniendo contacto visual con Lara, reflexionando sobre cómo podría proseguir.

—Sin embargo, por lo que me cuentas, tu hermano también reaccionó, ¿verdad? Es decir, físicamente hablando.

—Si lo que me pregunta es sí se empalmó le diré que sí, levemente.

—¿Has pensado alguna vez si algún miembro de tu familia tiene alguna de tus peculiaridades? ¿Has notado algo fuera de lo común o alguno de los integrantes ha hecho algún tipo de insinuación?

La joven odiaba la palabra “peculiaridades”, y aún odiaba más aquella insinuación del psicólogo.

—Jamás.

—Bueno, jamás es mucho decir. Me acabas de corroborar lo de tu hermano.

—Cualquier hombre al que una chica como yo se le restriegue reaccionaría, cualquiera que no fuera gay o impotente.

El especialista se acarició el mentón algo incómodo, era la sesión más difícil que tenía con ella.

—Verás, lo normal, y entendamos como normal lo más común, es que eso no sea así. La mayoría de personas despiertan una especie de rechazo carnal hacia sus familiares, especialmente los más directos. Sería como una protección evolutiva.

—Más bien un tabú social —dijo ella.

—En parte sí, y seguramente piensas en Freud, pero lo cierto es que sus teorías actualmente han quedado bastante anticuadas. Lo que él cuenta en mayor o menor medida sigue pasando, especialmente en la más tierna infancia, pero es algo emotivo, no físico. Un enamoramiento platónico. Luego hay casos como el tuyo pero no es lo habitual, aunque eso no significa que lo que te pasa sea malo.

Lara odiaba la condescendencia del doctor cuando matizaba hasta la saciedad para no ofenderla.

—Vosotros los psicólogos tenéis un código deontológico, ¿verdad?

—Sí —contestó él algo sorprendido—. Aunque no es como la mayoría de gente imagina, son unos cuantos temas legales que debemos tener en cuenta, no una especie de juramento sagrado.

—Entonces, ¿pueden fantasear con sus pacientes?

Volvió a rascarse el mentón, seguido del cuello y el pelo.

—Las fantasías son libres y difícilmente controlables, lo que no podemos…o mejor dicho, lo que no debemos, es tener ningún tipo de relación afectiva con un paciente.

—Pero seguro que alguna vez le habría gustado, ¿no?

—No me lo planteo, soy un profesional.

—Entonces, ¿nunca ha llegado a casa y se ha masturbado pensando en mí?

—No estamos aquí para hablar de mí, pero no, te aseguro que no es mi manera de proceder.

Ambos estaban sentados uno en frente del otro, en sendos sillones y sin nada por el medio. Lara llevaba un ajustadísimo y escotado top morado y una cortísima falda blanca estampada, acompañado todo el look con sus inseparables botas militares. Abrió descaradamente las piernas y dejó entrever su ropa interior, un fino tanga de color blanco.

—¿Seguro? —preguntó con voz queda.

—Lara, no sé qué pretendes pero esto está completamente fuera de lugar.

Ella movió las piernas, juguetona, e inspiró con fuerza para resaltar sus voluptuosos pechos antes de seguir:

— Solo intento que me comprenda, que sienta lo mismo que yo. El morbo de lo prohibido.

—Aunque lograras tentarme, dista mucho de que yo fuera controlado por mis instintos. Para mí eres una persona con problemas, que sufre, y que necesita mi ayuda.

—Claro, e indefensa doctor. Estoy segura que alguna vez se le ha pasado por la cabeza cómo sería estar conmigo. Una chica fácil, fogosa y desequilibrada como yo.

—La tentación es natural, sucumbir a los instintos, no.

La muchacha sin pensárselo dos veces se quitó el top, mostrando un sujetador blanco diminuto, formado por finas tiras y dos pequeños triangulitos donde se marcaban sus pezones erectos, punzantes, adornados con piercings. Tan pequeños que apenas podían tapar su generosa anatomía. Sin que el psicólogo pudiera reaccionar se levantó, avanzó sensualmente hacia él y se sentó en su regazo. Abierta de piernas, cara a cara, con sus muslos desparramados hacia atrás. Depositando cuidadosamente su faldita encima de él, consiguiendo tener contacto directo con sus partes, separadas solo por la ropa interior y el pantalón de pana del doctor. Acercó sus grandes y semidesnudos senos hacia el especialista diciendo:

—Venga doctor, no sea un puritano, seguro que muchas veces se la ha cascado pensando en empotrarme contra alguno de sus anticuados muebles.

—Por favor Lara… —decía él mientras que la paciente le cogía las manos y las llevaba hasta sus pechos, invitándolo a que las magreara a su antojo.

Enseguida notó el bulto en el pantalón, inmenso, casi repentino, clavado en su entrepierna.

—¿Lo ve?, usted tiene un código ético y moral, pero con un par de roces he conseguido que su polla desee taladrarme. Una mirada, una caricia, una buena imagen y el lenguaje adecuado, eso es todo lo que necesito. Tóqueme las tetas doctor, no sea tímido.

El psicólogo sobaba sus mamas circularmente, excitado, dándose por vencido ante aquellos irrefutables argumentos mientras que Lara se movía lentamente sobre su erección, simulando el coito.

—Mmm, mmm.

La manoseaba ahora con tanta fuerza que el diminuto sostén se salía de su sitio, enseñando los decorados pezones y las grandes areolas mientras que la paciente se libraba de la prenda definitivamente. Hábilmente ella llevaba las manos hasta su paquete y desabrochaba el cinturón y el pantalón sin dejar de moverse, para después bajarle la ropa hasta las rodillas junto al calzoncillo. El falo del especialista estaba tieso como un sable, clavado ahora contra la ropa interior de Lara.

—Mmm, mmm, ohhh, mmm.

Siguió metiéndole mano hasta que sin aguantar más le susurró:

—Quítate las bragas, deja que te folle.

La joven sonreía pícara mientras que con ambas manos agarraba el miembro del doctor y comenzaba a masturbarlo con gran técnica, ordeñándolo como nunca nadie lo había hecho. Acariciaba los labios del psicólogo con los suyos, insinuantes mientras respondía:

—Lo siento doctor, no puede follarme, iría en contra del código. Pero no se preocupe, que voy a solucionar su…incomodidad, con gran diligencia.

—¡Ohh!, ¡ohhh!, ¡ohh!, mmm, mmm, ¡¡ahhh!!, ¡ahhh!

Quería replicarle el argumento, pero las hábiles manos de la paciente aumentaban el ritmo y la intensidad de sus tocamientos, con una precisión y coordinación profesional.

—Sí, buen chico, ya lo noto, noto como quiere echarme toda su leche por encima, mmmm.

—¡Ohh!, ¡ohh!, mm, mmm, mm, ¡ohh!, ¡¡ohh!!, ¡¡¡ohhhh!!!

Le magreaba los senos como un adolescente que había visto por primera vez un par de tetas mientras sentía cómo, tal y como le había advertido su amante, su pene se disponía a expulsar toda su simiente.

—Dámelo todo, mójame entera —le dijo Lara mientras salía de encima y sin dejar de pajearlo acercaba sus pechos hacia su glande—. ¡Embadúrname las tetas!

—¡¡¡Ohhh!!!, ¡¡¡ohhh!!!, ¡¡¡ohhhhh!!!, ¡¡ahhhh!!, ¡¡ahhhh!!, ¡ohhhhhhhhhhh!

El psicólogo eyaculó con fuerza, lanzando chorros de semen contra el canalillo y sintiendo casi como si cada espasmo fuera un orgasmo diferente, gimiendo igual que un cerdo en el matadero. Mientras se recuperaba exhausto la paciente le quitó delicadamente la corbata y se limpió el busto con ella mientras recogía su sujetador y el top del suelo para ponérselo después.

—¿Lo ve doctor? Todos somos animales, y cuándo más prohibido es, más lo queremos.

Incesto: Relación sexual entre familiares consanguíneos muy cercanos

La cena se alargó un poco, con los padres parloteando y los hermanos que seguían sin poder mirarse a la cara. Habían pasado ya varias semanas, y la evolución de la lesión de Guillermo había sido casi milagrosa. Ya no llevaba aquella aparatosa escayola, en su lugar una simple venda compresora hacía la misma función. Los padres se retiraron al sofá mientras que el hermano se terminaba un yogur acomodado en la pequeña mesita de la cocina y Lara comenzaba a lavar los platos, maldiciendo la animadversión que su madre tenía por los lavavajillas.

Guillermo vestía con una camiseta vieja y un pantalón corto de fútbol mientras que la hermana llevaba el equivalente femenino, un pantalón pirata de pijama y una camiseta de tirantes. De espaldas a él, Lara no podía sentir las lascivas miradas que le lanzaba su hermano. La observaba de puntillas, acomodada en la pila para frotar aquellos platos, viendo como su precioso trasero se balanceaba ligeramente por el esfuerzo. La erección fue casi inmediata, desde el extraño suceso el día de su accidente no había podido quitársela de la cabeza. La primera vez que se masturbó pensando en ella se sintió como una aberración de la naturaleza, pero en solo un mes las pajas se acumulaban hasta el punto de perder la cuenta, y el problema moral se difuminaba a cada día que pasaba.

Estaba tan empalmado que la presión contra el pantalón le dolía. La visión de aquel culazo en forma de cereza invertida era demasiado poderosa para seguir castigándose. De todas formas, ¿no fue ella la que empezó? Tembloroso por la adrenalina se acercó sigilosamente hacia ella por detrás, clavó descaradamente el bulto de su entrepierna contra la fina ropa del pantalón de pijama de la hermana y sus manos directamente le agarraron los pechos desde aquella posición, palpando sus pezones por encima de la camiseta. Lara se quedó bloqueada, primero por el susto y luego por lo acontecido.

El hermano siguió acariciándole los senos sin abrir la boca, restregando ahora su falo por la raja de su culo, gimiendo de manera casi imperceptible.

—¿Guille?

—Shhh, tranquila hermanita, no pasa nada.

Ahora presionaba tanto sus nalgas contra la entrepierna que casi le dolía el cuerpo apretujado contra la encimera de la cocina, las cosas estaban pasando demasiado rápido. Las frías manos de él se colaron por dentro de la ropa alcanzándole las mamas sin barreras de por medio y empezó  a sobárselas cada vez más excitado.

—Guille…no…

—Vamos, seguro que también quieres, sino no me habrías puesto cachondo el otro día —argumentó él.

Lara permaneció inmóvil ante aquellos lujuriosos tocamientos, pasando ya del susto a la excitación, pero aún con dudas de si debían seguir.

—Mmm, mmm, para, para por favor, mmm.

—Qué buena que estás hermanita, me pones a mil, menudo polvo tienes.

Ahora intercalaba las caricias de sus pechos con frotamientos por encima del pantalón a su sexo, metiendo con dificultad su mano entre sus partes y el mueble de la cocina.

—Para, nos pueden ver.

Pero él no podía parar, agarró la goma del pijama de su hermana y la bajó hasta las corvas, mostrando aquellas nalgas tan deseables desnudas por primera vez. Se bajó el pantalón y restregó su húmedo glande contra los glúteos, acomodándose poco a poco a su vagina dispuesto a penetrarla desde atrás.

—¡Guille no!

—Shhh, no te muevas, mmm.

Lara entró un segundo en razón y con un movimiento se quitó el excitado falo de su hermano de encima, vistiéndose de nuevo y dándose la vuelta.

—¿Estás loco?

—Joder Lara, ¡no puedo más!, voy a explotar —se quejó él aún con el miembro fuera.

Ella miró de puntillas por encima de su hombro cerciorándose de no haber sido descubiertos, le subió el pantalón no sin antes acariciar ligeramente la erección del hermano, y le dijo:

—Espérate cinco minutos y ven a mi habitación.

Intentando no llamar la atención se fue a su cuarto, puso la mini cadena con música alta y antes de poder siquiera elegir la canción su hermano ya entraba por la puerta, luciendo un bulto tan gigantesco en el pantaloncito que casi era cómico. Se dispuso a reprenderle por su impaciencia pero Guillermo se abalanzó sobre ella y la tiró en la cama, quedándose nuevamente con su erección presionando contra su cuerpo, esta vez directamente contra su sexo.

—Necesito follarte ya.

Ambos se besaron apasionadamente, con las lenguas entrelazadas y sin perder ni un segundo en sobarse todo el cuerpo. Seguían enrollándose mientras patosamente se desvestían, las camisetas, el pijama, el pantalón, todo hasta mostrar sus cuerpos desnudos. La venda compresora era lo único que quedaba en sus sudorosos cuerpos. El hermano se excitó aún más al ver las múltiples perforaciones de su hermana y su pubis rasurado en forma de pequeño triangulito.

—Mmm, mmm, mmm, mmm.

Lara se dio cuenta de que estaba tan caliente que no duraría ni un minuto con su hermano en el interior, e intentando alargar aquello un poco más consiguió cambiar las posiciones, quedando él boca arriba y ella encima. Bajó lenta y sensualmente ante la sorpresa de su hermano y agarrándole el instrumento llevó sus labios directamente al glande para lamerlo como si se tratara de un helado.

—Mmmm, ohh, ohh, ¡ohh!, ¡¡ohhhh!!

Jugueteó un poco y rápidamente se introdujo el miembro entero en la boca, masturbándolo a la vez que le hacía una deliciosa felación. Pensó que así, con estos preámbulos, el coito posterior sería más equilibrado.

—¡Ohh!, ¡ohhh!, ¡ohh!, mmm, mmm, ¡¡ahhh!!, ¡ahhh!

Mientras seguía chupándosela Guillermo se incorporaba ligeramente para volver a magrearle las tetas, ella sintió que podría correrse incluso sin penetración.

—¡Ohh!, ¡ohh!, mm, mmm, mm, ¡ohh!, ¡¡ohh!!, ¡¡¡ohhhh!!!

Lara siguió con la mamada hasta que oyó a su hermano pidiéndole que parara:

—Para, para, para, que me corro, ohh, mmm, ven, ¡ven!

Sumisa obedeció y volvió a tumbarse sobre él. Le ayudó a colocar su pene en la entrada de la vagina y con lo lubricada que estaba, casi sin querer, la penetró.

—¡¡¡Ohhh!!!, ¡¡¡ohhh!!!, ¡¡¡ohhhhh!!!, ¡¡ahhhh!!, ¡¡ahhhh!!, ¡ohhhhhhhhhhh!

Con aquel pedazo de carne dentro de sí tuvo que concentrarse nuevamente para no correrse en el acto. Empezó a cabalgarlo como una yegua en celo, gimiendo ambos tan fuerte que apenas podían oír la música. Los gritos eran de puro placer, agónicos. Lara decidió salir un momento, intentar retrasar un poco el orgasmo cuando su hermano la sorprendió tumbándola sobre la cama y atacándola de nuevo desde arriba. Sin darse cuenta ya volvía a tener su falo en el interior y ahora era él quién la embestía sin piedad.

—¡¡¡Ohhh!!!, ¡¡ohhh!!, joder, joder ¡¡¡jodeeerrr!!!

—Qué buena que estás hermanita, ohhh, ohhhh, ¡ohhhhh!

—Mierda, me voy a correr, ¡me voy a correr!

La hermana notó como tus músculos se contraían, sentía la polla de su hermano penetrándola hasta lo más profundo, con sus testículos golpeándole con fuerza y ya no podía más.

—¡¡Ohh sí!!, ¡¡ohh síi!!, córrete, córrete, yo también llego hermanita, ¡ohh!, ¡ohhh!, ¡¡¡ohhhh!!!

Ambos llegaron al orgasmo a la vez, retorciendo sus cuerpos por el gusto y sintiendo hondonadas de placer, con fortísimos espasmos. Lara pensó que incluso podía correrse una segunda vez cuando notó el último chorro de semen impactar en su interior. Exhaustos, se quedaron tumbados uno al lado del otro. Ella se dio cuenta de que aquello estaba mal, pero también de que jamás había llegado al orgasmo simultáneamente con nadie. De hecho era algo que le costaba muchísimo por norma general. No sabían que decir hasta que la voz del hermano rompió el silencio entre canciones:

—Mierda, el preservativo.

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