MOISÉS ESTÉVEZ

Había estado aquí. Estaba completamente segura. O eso creía. Su impronta en forma de aroma era inconfundible. Su inseparable perfume con base de cítricos y esencia de cardamomo flotaba en el ambiente.
El amor, la pasión, la entrega recíproca, la añoranza por una vida compartida, un robusto sentimiento… de tal intensidad que su mente corría soñadora e imaginativa en busca de lo físico, cual torrente de agua, a través de su sistema nervioso.
Lo neurológico se enfrentaba a lo sentimental, lo corporal se oponía a lo emocional, vida versus destino, y por encima de sensaciones, y por mucho que se empeñara, él ya no estaba.
Se había ido hacía tiempo ya, se fue, se lo arrebataron de entre sus brazos, con todo un mañana por delante.
Las lágrimas derramadas mojaban levemente las páginas de la novela que en ese momento sostenía. – Samuel, te echo de menos… –

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