NÁUFRAGO EN LA LUNA

No conocer un idioma tiene sus cosas buenas, por ejemplo recuerdo que la primera vez que vi un telediario en un idioma desconocido se me saltaron las lágrimas de la emoción que sentí cuando comprobé que no entendía absolutamente nada de lo que decían esos hombres con trajes y corbatas o aquella otra vez que mi jefe me estaba echando una bronca y sólo llegué a entender mi nombre (y porque lo dijo varias veces).

Trabajando en el extranjero conocí a Nero un cocinero venido de un planeta lejano pero de familia española o eso decía. Le pagaban por maltratar la gastronomía española y hablaba el idioma local peor que yo, y eso solo se podía conseguir siendo sordo-mudo.

El día que le tocaba hacer tortillas de patatas se tiraba toda la mañana en la cocina elaborándolas con mimo y dándole 16 vueltas a cada tortilla (contadas). Al final del día acumulaba por lo menos 5 u 6 tortillas pequeñas de una calidad dudosa porque su fuerte no era freír las patatas y le quedaban un poco duras, digamos que era mejor tragarlas que masticarlas. Un día que se celebraba en el restaurante un cumpleaños y a este “cocinero” le dio por innovar y salirse de su zona de confort, dar el salto y probar hacer lo que aquí se denomina un “tortillón” familiar. De entrada le echó más de dos docenas de huevos y un par de kilos de patatas. Al rato salió de la cocina sudando con los pelos pegados en el flequillo al grito de: ¡Estos huevos no valen para hacer tortillas, estos huevos no cuajan! No son para tortilla, “son para huevos duros” dijo. Yo sabía que existían distintas clasificaciones para los huevos según su tamaño, si eran ecológicos, si la gallina había visto el campo en fotos o si había llegado a pisar el suelo en su miserable vida gallinesca, pero desconocía que existía las clasificaciones según su uso: para huevos duros, especial fritos, para tortillas, estrellados, escalfado, o cosas por el estilo.

Este chaval intentaba darle la vuelta a este tocho de tortillón con bastante trabajo y cuando se le rompía (que era en cada vuelta) le ponía unos cuantos huevos más a modo de parche, y otra vuelta, se le rompía otra vez…y más huevos y después… más huevo, y después…algunos más. Ya cuando la tortilla podía tener unas veinticuatro docenas de huevo, cuando el sólo hecho de mirarla hacía que el colesterol (malo) te subiera y las arterias se obstruyesen hasta los límites de “infarto inminente”, cuando había suficientes huevos para alimentar a una familia numerosa durante tres generaciones, cuando comerte una porción equivalía a comerte la cantidad de huevo aconsejada por los médicos para una vida humana, entonces paró.

El color era de un amarillo tan intenso que mirarla de reojo te causaba fotoconjuntivitis aguda, si la mirabas de frente se te saltaban las lagrimas, era como mirar al sol con una lupa, si te acercabas a la tortilla notabas que la piel se te tensaba como el pellejo de un tambor y podías oler a pelo quemado, era como llevar el ojo de Sauron en un plato, la porción más pequeña podría pesar dos kilos de los cuales el 98% eran “puro huevo”, pero no de un huevo cualquiera sino de “ huevo para huevo duro”.

Al meterla en el salón este se iluminó y este cocinero venido de una zona rural de un planeta aun por descubrir salió a decir unas palabras a su publico “Lo siento, los huevos no son buenos para tortilla” Creo que es algo que todo el mundo quiere escuchar de boca del cocinero cuando te ponen algo de comer en la mesa de un restaurante, “lo siento este pollo no es bueno para frito” y ahora me marcho, miradme como desaparezco en el humo de la cocina. Otro ejemplo, “lo siento este pescado no es bueno para plancha” y me marcho otra vez. Eso te da tal confianza en el producto y en el sitio, que te lo comes, te chupas los dedos y te pides dos más para llevar.

Hace tiempo le trajeron unos huevos de Oca y dijo que esos huevos estaban bien, pero que le “sobraba” medio huevo. Supongo que quería decir que eran muy grandes…o no (nunca lo sabremos) el caso es que estos tampoco eran “buenos” para tortillas, demasiado huevo dentro de un solo huevo, quizás estos eran para “ plancha” o “relleno”.

Si le salían las patatas fritas demasiado duras (cosa que ocurría siempre) lo suficientes como para hacerte saltar todos los empastes de un solo bocado y que se te saltaran las lagrimas a ti y al de la mesa de en frente de verte la cara de dolor, el problema era de las patatas que “no eran las mismas que las de la última vez” claro… estas eran para hacer cocido madrileño o ensaladilla rusa

“Yo no sé porque el lomo de cerdo tienen esa forma”, al hacer el flamenquín siempre me sobra un trozo. ¡Hay que joderse!, queremos cerdos con los lomos para “flamenquín” ¿qué es eso de que tengan los lomos así a lo loco con formas de…lomo? Hacía las albóndigas tan redondas, que si las dejabas en el suelo sabias donde había un desnivel. Una vez estuvo “innovando” y haciendo migas con chorizo pero…sin chorizo, decía que si los clientes me preguntaban qué donde estaba el chorizo, les dijese que sólo tenían sabor a chorizo (como lo paquetes de patatas sabor jamón), pero que no tenían chorizo. Si caballero, eso es un bocata de jamón y le vamos a cobrar como tal, pero con la particularidad que antes de servirlo, le sacamos el jamón, pruebe pruebe ya verá que sabor más bueno a jamón le ha quedado.

En el restaurante había dos freidoras, un día me lo encuentro mirando una de ellas donde tenía unos calamares para freír mientras decía que no entendía que le pasaba a la freidora, que a veces iba bien y otras no calentaba lo suficiente como para cocinar. Tenía la freidora de al lado VACIA y echando humo (claramente encendida) y la otra con los calamares (claramente APAGADA). No entiendo como en su planeta no lo echan de menos y la nave nodriza no viene por él, esto tiene que ser un experimento. He comprobado que tenemos demasiadas patatas y se van a echar a perder, he estado pensado que como el alcohol en este país es muy caro y el Vodka se hace con patatas… podríamos hacer nuestro “propio vodka” ¿qué te parece? ¡Cojonudo! Menos mal que no nos sobran naranjas porque estaríamos haciendo nuestra propia pólvora. Yo por si acaso ya me he hecho un croquis de donde se encuentran los extintores del restaurante y cual es la salida más próxima. No eran pocas las veces que salia de la cocina arrastrando las orejas por el suelo después de escuchar alguna de sus “teorías” Una vez le dije que no podía descongelar y congelar el mismo producto porque rompía la cadena del frio ¿eso qué es?. Estoy convencido que creía que eso de la cadena de frío era una tortura utilizada por la inquisición en la edad media. ¡Traedme “la cadena de frío” vamos a azotar a este hereje hasta que hable!. Si llega a ser el encargado de la criogenización de Walt disney en más de una ocasión le habría tenido que explicar el por qué estaba descongelado otra vez y aún no se había encontrado cura “para lo suyo”.

To be continued… o no

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