NÁUFRAGO EN LA LUNA

Cuando era chico, se contaba que en caso de haber una guerra nuclear las cucarachas serían uno de los pocos seres vivos que aún podían seguir llamándose “vivos” pero yo nunca he creído en esa teoría y tampoco creía en esa otra leyenda en la que se decía que si te escupía una salamanquesa te quedabas calvo, sobre todo porque no recuerdo haber escuchado a mi padre en la vida entrar en casa gritando: me cago en sus muertos! Me acaba de escupir una salamanquesa. Si estar calvo tuviese niveles, pongamos del uno al diez, mi padre estaría en el doce. Es de esas personas que no puedes evitar estar hablando con ellas mientras piensas: ¿cómo le puede brillar tanto la calva? ¿Se la limpiará con algodón mágico Aladdin? ¿quizás cera de abeja? ¿aceite de oliva? ¿glicerina?

Pero hoy he descubierto que hay que tener cuidado con las leyendas.

A mi las cucarachas no me dan mucho miedo y las respeto como posibles supervivientes nucleares  pero una vez leí por ahí que “todo el mundo es valiente hasta que la cucaracha empieza a volar” y eso no es que sea verdad… es que debería de enseñarse en los colegios. También creo que otro tema por las que me dan un poco de grimilla es que cuando intento “acariciarlas” con la alpargata, me siento como un gato detrás de un puntero láser. Son rápidas, saltan y vuelan y eso acojona a casi cualquiera.
Abro los ojos y la primera visión del día que tengo es una cucaracha muerta boca arriba al lado de mi almohada y lo peor es que no tenía pinta de haber muerto de una muerte natural (Raid o Baygon), esta más bien parecía que había muerto de cansancio después de una noche desenfrenada o más bien de estar toda la noche refregándose el culo por mi cara y realizando todo tipo perversiones cucarachiles.

Después de varias arcadas, de cepillarme la campanilla varias veces, de limpiarme la boca con una lija gorda e intentar amputarme la lengua o de por supuesto, sentirme sucio ya para…siempre, viene un proceso complicado que es tocarla para tirarla al retrete. Mi madre la hubiera cogido con la mano mientras decía: que vergüenza de tío! Y si no se la come es porque ya ha desayunado (la gente de campo son así), pero yo necesito equiparme, ponerme unos guantes de soldador y el casco de la moto. Cuando consigo llevarla al váter la leyenda se convierte en realidad y la hija de su madre empieza a moverse, pero ya es tarde. Tiro de la cadena y justo cuando me disponía a marcharme después de un trabajo bien hecho, la he visto emerger del fondo del váter como si nada, así que he vuelto a tirar de la cisterna, y lo he hecho tantas veces que hasta me ha llamado al móvil un directivo de la Emasesa (empresa de abastecimiento de agua de Sevilla) para darme las gracias por la iniciativa (este mes cobrarán incentivos). Cuando era imposible que volviera del fondo porque le había caído encima (escala cucaracha-cisterna) todo el agua del planeta tierra, lo ha vuelto hacer, pero esta vez he creído ver que lo hacía con los dos dedos corazones levantados mientras sonreía. La escena me ha recordado a la película tiburón cuando el tiburón se hunde con tres barriles mientras el capitán Sam Quint decía: “No puede quedarse abajo llevando tres barriles, no, con tres barriles es imposible”…pero al revés! Es imposible que salga otra vez con tanta agua, es imposible, pues ahí la llevas! Hija de puta! Hay que saber asumir las derrotas Cucaracha 1 Humano 0 (todo un loser).

Ahí la he dejado y me he ido (una retirada a tiempo es una victoria) cuando he vuelto con la intención de echarle otros miles de litros de agua encima o de tirarle un petardo valenciano a la cara, me he dado cuenta de que no estaba en el váter así que…o se ha ido a otra casa vía tubería con la intención de refregarle el culo por la cara a otra persona o bien ha salido y ahora mismo me está observando mientras escribo esto. Esta noche y sin querer que parezca que le tengo ningún miedo voy a dormir en el coche. Si le cuento esto a mi novia ahora mismo estaríamos buscando otro piso para mudarnos. De no aparecer pienso dormir el resto de mi vida con la cabeza dentro de una media o un calcetín apretado. Hablaré con mi padre del tema este de las leyendas y le contaré que quizás un día no se dio cuenta de que desde el techo una salamaquesa lo miró mal y le tiro un gargajo del tamaño del peñón de Gibraltar (siempre hablando a escala)

Un comentario sobre “Las cucarachas son indestructibles

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