SINCACTUS1.1

Capítulo VIII
Pasaron cuatro días felices en donde no hubo nadie indagando mi mente ni había tristeza en mi corazón, todo estaba bien Martha y yo salíamos casi todos los días a hacer compras de ropa, zapatos, perfumes y maquillaje era casi todo
perfecto.
El celular me recordó el evento de teatro donde había quedado en ir con Ana, entonces le marque a su celular y quedamos en vernos en el auditorio donde se presentaría la agrupación a las 8.30 pm.
Martha no estaba muy convencida de ir, pues se trataba de una obra bastante complicada de entender y a ella no le gustaban mucho esas cosas, a final de cuentas la convencí de ir.
Casi era hora de partir al teatro, ya estaba vestida. Traía un pantalón negro suelto con
sandalias bajitas, un sweater y mi cabello a medio recoger, no mucho maquillaje, un poco de colorete y labial. Martha traía puesto unos jean ajustados con un sweater manga larga y una trenza muy mal hecha. Al momento de partir recogí mis llaves y mi celular, saliendo del apartamento nos encontramos con Luis, un vecino del piso de arriba que también iba de salida y tomo el ascensor con nosotras…
Entre una charla común entre vecinos sentí sonar mi celular, agarre mi bolso y rebuscando lo encontré, me había llegado un mensaje de texto… de un número desconocido que decía –Hola, linda- Me extraño muchísimo y lo quede mirando por un buen rato, de momento no quise mostrárselo a Martha para no incomodar a Luis, que iba ya bajando con nosotras hacia el parqueadero… Al montarnos en coche que había alquilado Martha, le mostré el mensaje y ella grito tan fuerte que yo no hice más
que taparme los oídos.

-¿Qué te pasa, acaso te has vuelto loca? -Le dije tratando de volver a tomar mi
sentido del audio.

–No, claro que no- Dijo con una enorme emoción en su rostro -¿Acaso no sabes quién
te ha enviado ese texto?

Yo estaba un poco confundida, no me sentía confiada de que hubiese sido el, me quede mirando a Martha que parecía tonta mirándome y apretando los dientes y entonces
le pregunte- ¿Es el?

Y ella me dijo con cara de no saber nada – Pues no se vamos a averiguarlo ya mismo- Me quito el celular y se tomó el atrevimiento de responder el mensaje -¿Quién es?
No tomo mucho tiempo en que respondiera – Sr. Pitágoras- Ella quedo fría en el carro y me entrego mi celular, tomo las llaves se puso el cinturón de seguridad, prendió el carro y arranco vía al auditorio. Cuando yo tome el celular y leí el mensaje me puse muy fría, no creía lo que estaba leyendo estaba muy confundida en mi mente solo me hacía mil preguntas al mismo tiempo -¿Cómo es posible? ¿Él no puede estar aquí? ¿Cómo obtuvo
mi número? ¿Qué está pasando? No pude responder, simplemente lo apague y lo metí en el bolso…
Martha me miro y me dijo – ¿Estas Segura?
-Completamente- Le conteste de forma seca y sin pensarlo mucho.
Al llegar al auditorio Ana nos esperaba a las afueras con la entrada ella traía un vestido de seda amarillo y su bufanda de la suerte, se veía muy bien…
– Ana te presento a mi hermana Martha, ha venido a quedarse unos días conmigo. Dije. Las presente mientras ya ellas se estaban haciendo amigas
– Pues, tía ha sido un placer, venga entremos que ya va a empezar la función.
-Vale el placer ha sido todo mío Ana.
Y así entramos al auditorio, buscando nuestros asientos sentí un viento frio que me rozo el cuello, fue algo muy incómodo pero no le quise tomar mayor importancia, sentía que la estábamos pasando muy bien como para entretenerme con tonterías. La función comenzó y fue un momento donde mi mente se concentró en la obra y nada más que en eso.
Al terminar la pieza teatral, nos quedamos en las sillas conversando al respecto… Veíamos como la gente se levantaba y se iba retirando del auditorio. A Martha se le ocurrió esa noche salir a comer en un sitio a las afueras del lugar y Ana, sabia de buenos sitios para eso… llegamos a un bar- restaurant donde podías comer, tomarte unos tragos y hasta bailar.
– Venga Lucia, es momento de conocer nuevos chicos. Dijo Ana convencida del lugar y muy entusiasmada
Nos reservaron una mesa donde pedimos unos cocteles y algo para comer, entre las risas, los chistes se iban pasando las horas. El mesonero llego con una bebida afrodisiaca
enviada por un hombre, traía una nota consigo y era para mí… Yo me quede asombrada en el momento pues no pensé que vestida de esa forma y con el tiempo transcurrido en el sitio hubiese pescado algo, Ana y Martha me quedaron mirando muy burlonas y mientras mis cachetes se iban poniendo más rojos de lo que el colorete pudo dejarme, entonces decidí aceptarlo, saque la nota debajo de la copa y
decía. “Tan Cactus como siempre J.M.” Yo no podía creérmelo, miraba a todas partes desesperada buscándolo…

–Que dice la nota, venga no te quedes atontada- Dijo Ana tratando de
quitármela de las manos.

–Oye Lucia ¿te sientes bien? Dijo Martha quitándome la nota de las manos, la leyó y expreso – ¡Joder tía!,
– A ver, que alguien me diga es lo que pasa -Dijo Ana mientras que Martha le mostraba la
nota y llamaba al mesonero para preguntarle quien había enviado ese trago, el mesonero  solo respondió, – lo ha enviado un señor de la barra, yo solo hago mi trabajo-. Yo me levante de la mesa casi tambaleándome y camine hacia la barra, en ese momento quería que todo el mundo saliera del lugar habían demasiadas personas y mi desesperación no me dejaba localizarlo… Hasta que por fin, lo vi, tenía una sonrisa de picardía le parecía de mucha gracia verme así, buscándolo por todo el lugar, tenía la mirada fija puesta en mí, eso fue lo que me ayudo a encontrarlo… no sabía que hacer me preguntaba ¿Qué hace aquí? ¿Cómo supo que estaríamos aquí? ¿A qué vino?, mientras todo eso sucedía en mi cabeza él se levantó de su silla tomo su trago y se iba acercando tan pronto como la gente lo dejaba pasar, mientras yo estaba inmóvil y solo mi mirada lo perseguía, temblaba, me sentía mareada y no sabía que hacer quería besarlo, o tal vez ignorarlo. Y cada vez que se iba acercando su perfume particular era más fuerte y me iba erizando la piel.
– Hola linda. -Dijo con voz pequeña y su rostro perfecto y sonriente. Yo no emití ningún
sonido mi respiración estaba agitada y las lágrimas caían lentamente de mis ojos, donde el con su delicadeza como siempre me las secaba, su olor y su perfume se impregnaron en mí y mi corazón se agito enseguida.
– Eres tú… ¿Cómo me encontraste? -Entre dientes respondí.
– Una vez te dije, que donde quiera que estuvieses, juntos o no yo te iba a encontrar.
Respondió muy seguro de si mismo.
– ¿A qué viniste? Respondí con voz dura, alejándome de él y secándome mis lágrimas. –tu no mereces que yo llore por ti, de hecho ni siquiera mereces que yo esté hablando contigo. ¿Cómo pudiste hacerme tanto daño? ¿Por qué me engañaste de esa manera? ¿Qué clase de  monstruo fuiste tú?…

Mi respiración se fue agitando y en vez de dolor solo sentía rabia y decepción. El mientras bajo su mirada y me dijo con esa voz tan tranquila y la paciencia con la que siempre me hablaba.
– Yo siempre fui honesto contigo, y te hable con la verdad. Jamás te mentí, me fui por
cuestiones de trabajo. Pero aquí estoy. -Dijo
– Ya de nada sirve que estés aquí, porque ahora soy yo la que no está. Me aleje enseguida de el con pasos firme y decididos, me acerque a la mesa donde Ana y Martha estaba visualizando el panorama. Agarre mi bolso saque un par de billetes recogí la bebida y la nota que él había enviado y les dije -¿Nos vamos?. Ellas se levantaron y salimos del lugar… Al acercarnos a la puerta me tomo por el brazo y con la mirada fría dijo – ¿Estas segura de esto? ¡si lo haces no hay vuelta atrás!

Yo me solté de su mano y con la misma mirada fría le respondí –Aquí nunca hubo una segunda oportunidad, recuerdo que el único amor que existió fue el tuyo por ti, ten tu bebida quizás el dueño te devuelva tu dinero, suerte.
Me acerque le di un beso en la mejilla me voltee y me fui, alejando poco a poco del
mientras mis lágrimas caían sin mucho esfuerzo, Ana y Marta me tomaron de la mano
caminamos hacía el coche.
Sentí que fue la mejor decisión que había tomado en muchísimo tiempo.

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