SINCACTUS1.1

Capítulo VII
Por la mañana al levantarme, y después de tomar mi taza de café, decidí prender mi computador portátil y revisar aquel correo que me había llegado y no tenía el valor de abrirlo. Me senté en mi cama y rebuscando lo encontré al verlo no decía nada era solo una descarga de un audio y al final tenía una post-data que decía:
Este audio me recuerda a ti, me gustaría que lo escucharas y lo leyeras. Te hará bien, J.M
Busque mis audífonos en la mesa de noche los adapte al computador y reproducía el audio, duraba una hora y media. Era de una mujer que se describía así misma muy parecido a mí, y hablaba mucho de ella, de su trabajo, de su vida, de sus errores, de sus amores y que a la final con mucho esfuerzo se levantó y siguió adelante. Ya no
existía nada de esas cosas de las que estuvo hablando casi una hora en su vida y le iba mucho mejor. Al terminar de oír el audio, me di cuenta lo tarde que se me había hecho para irme al trabajo y decidí agarrar mi celular y llamar a mi jefe, le fingí una muy fuerte alergia y no iría al trabajo. Solo quería quedarme en casa pues tenía muchas cosas que hacer (en realidad no, pero solo quería quedarme en casa).
Decidí responderle el correo pues ya por mi celular no contestaba los mensajes, ni las
llamadas. Pero antes tenía que pensar muy bien lo que le iba a decir no quería arruinarlo más y el que me enviara un correo era indicio de que aún le
importaba por lo menos un poquito.
Buenos días, Sr, Pitágoras. En cuanto me he desocupado de mi muy ocupado empleo he podido escuchar el audio que me ha enviado, muchas gracias, es muy bueno para reflexionar.
Saludos
Xoxo
Listo, enviar. No sabía si hacia lo correcto pero era lo que necesitaba en ese momento mi corazón, aunque realmente lo que quería era descargar todo el remordimiento que tenía hacia el pero era casi imposible, mientras terminaba de revisar mis correos… Mi celular empieza a sonar, con su muy distinguido repique de Megan Trainor “better when im dancing”, Era mi hermana.
– ¡Hola! Lucia, ¿Cómo estás?
– Martha, ¿bien y tú? Conteste extrañada.
– Súper bien estoy llamándote porque llegue a la ciudad, quería saber si podía quedarme un par de días en tu casa. Hago un papeleo, tú sabes siempre en lo mismo. Dijo con tono muy contenta.
– ¡Por supuesto que sí! No sabes lo feliz que me haría tener compañía.
– ¿Y Carmen, se ha ido?
– ¡Oh no!, pero no es lo mismo, ella siempre está ocupada con su medicina. Entre carcajadas le dije.
– Bueno Vale, voy para allá. Dijo
– Aquí te espero. Colgué
Si, por fin, alguien con quien desahogarme, Martha es mi hermana mayor, a ella siempre le cuento mis cosas y me hace sentir mucho mejor… quizás esta visita sea muy buena para mí. Arreglare todo para su estadía, cerré mi computador y me puse a ordenar todo para cuando Martha estuviese aquí.
Estaba muy emocionada creo que ella llegaba en una fecha perfecta ya que había quedado con Ana en ir al teatro y pues la invitaría a ella también porque le encanta el teatro.
A las cinco de la tarde, llego Martha con su maleta que la diferenciaba de todas aquellas
personas, pues la había decorado ella misma, sus vaqueros de colores y figuras egocéntricas y su chaleco favorito, su cabello perfectamente liso y su labial rojo mate. Al abrirle la puerta se me fue encima con un abrazo de esos que hacen mucha
falta y te vuelve el alma al cuerpo, esos abrazos que dan calor y nostalgia. Mientras me abrazaba me puse a llorar, tenía casi más de un año que no la veía, ella vive en Venezuela y solo viaja a España cuando tiene papeleo de su trabajo. Me miro y
sonreía, cada día se parecía más a mi madre.
– ¡oh!, Lucia no llores, yo también te he extrañado mucho. Me dijo mientras secaba mis
lágrimas con su chaqueta.
– Han pasado tantas cosas que tengo que contarte que no se ni por dónde empezar, y tú nunca me respondes los mensajes, he querido hablar con alguien que me diera consejos, de lo que debería hacer, mi vida se ha convertido en un desastre desde que él se fue, es todo tan diferente. Ya nada tiene sentido para mí. -Le dije mientras lloraba desconsoladamente en su pecho.
– Ven, vamos a sentarnos yo también tengo algo que contarte, ya no llores más. He tenido
contacto con él. -Me dijo en tono de voz bajo para yo calmarme.
Me separe de ella y me la quede mirando sorprendida.
– ¿Te ha escrito o llamado a ti? Le dije. Mientras por mi cuerpo corría un aire frio y mi
corazón se aceleraba sin un motivo.
– Si. – hemos hablado en cuatro ocasiones desde que el volvió a Venezuela, allá la situación está cada día más difícil, vive en otro estado, y está vendiendo todo de su casa para irse a los Estados unidos, no me pregunta por ti, no quiere quizás hasta no le interese saber nada de ti, él está con aquella mujer, están juntos. Él no sabe  que estoy aquí contigo, la última vez que hable con él me dijo que quería que fueses feliz, pero
que lo atormentas en sus sueños y necesita que lo dejes ir. Contesto Martha con voz muy dura y su mirada firme, mientras yo estaba atenta a cada palabra que me decía.
– Sí, creo que es tiempo de que lo deje ir. .Le dije
– Lo llamare, estoy haciendo un negocio con él para la venta de su refrigerador¿Ahora?
¿Lo vas a llamar justo ahora?. -Le dije asustada y temblorosa. Mientras ella sacaba su
celular y hacia la llamada internacional.
– Si, calla no quiero que te escuche. Puso el altavoz mientras esperábamos su respuesta, el celular repico cuatro veces y entonces sucedió:
– ¡Alo!- Contesto
– Hola Mon, ¿Cómo estás? Dijo Martha.
– ¿Quién es?
– Martha… es que estoy fuera del país.
– Ahh, ¡hola!
– ¿Cómo estás?
– Eh bien, Cuéntame
– Te llamaba para ver en cuanto tenías el refrigerador, estoy con mi mudanza y me interesa.
– Ah okey, bueno pues está en 7.000.000.000 de bolívares pero si estas interesada avísame tengo varios detrás del producto.
– Si, por eso te llamo porque de verdad lo quiero, ¿y tú estás en tu casa? Pregunto Martha,
mientras yo escuchaba sigilosamente
– No, yo sigo En Anzoátegui
– ¿No vuelves?
– ¡No lo creo!, bueno estamos en contacto. -Respondió
– Bueno pero me gustaría hacer negocios contigo personalmente.
– Martha, estas fuera del país no sé cuándo regreses, y yo no vuelvo a casa si deseas hacer
negocio yo tengo una persona encargada para eso. Cuídate
– Este bien, cuídate.
Martha, tranco la llamada y me miro, yo tenía mi mirada en el piso con una tristeza que invadía todo mi cuerpo. Pensando no pregunto por mí, no va a regresar, y yo estoy tan lejos de mi hogar. Se escuchaba muy decidido, tan frio como cuando se molestaba con mis caprichos, no le importaba nada el seguía haciendo su vida como si el mundo
estuviese perfecto mientras yo aquí me desvivía de amor por él. Y le dije a Martha con lágrimas en los ojos.
– ¿Porque las mujeres cuando nos enamoramos de personas tan estúpidas?
– Bueno, porque tú y yo mi querida hermana creemos que los hombres son los caballeros con brillante armadura, pero en realidad no son más que unos idiotas envueltos en papel
aluminio. Contesto con una carcajada.
– Venga vamos a tomar algo. Me agarro por el brazo recogió mi cabello y nos fuimos a la
cocina. Y solo por un instante el dolor, la tristeza y la depresión se habían ido, estaba
mi hermana para darme aliento, que otra cosa podía pedir. Era momento de disfrutar con ella, sentía que iban a ser los mejores días de mi vida.

Un comentario sobre “5 minutos a tu lado (7)

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