NÁUFRAGO EN LA LUNA

El trabajo es sencillo, consiste en dar vueltas con coches nuevos de una marca determinada en un circuito. Hay que hacer unos 120klm por coche. No te preocupes por nada, es un circuito cerrado. Yo firmé el contrato hace dos días pero ayer me jodí el pie jugando al fútbol y no puedo ir. Te pasas por aquí, te doy mi tarjeta para poder entrar en el circuito y te haces pasar por mí, nadie se dará cuenta, hay demasiada gente allí y la tarjeta no tiene foto, además es solo un trabajo de tres días. Cuando me paguen yo te doy la mitad. Según nos dijeron en la reunión las primeras vueltas las vamos a hacer detrás de un coche conducido por un piloto profesional que nos enseñará donde debemos frenar y en qué marcha hay que entrar en las curvas. Todo está controlado.

Con esas me planté en el circuito al día siguiente, hubo una pequeña charla de seguridad y nos montamos en los coches. Yo como Jack Nicholson en “Mejor imposible” saqué mis CDs de conducción y puse Black Sabbath (quizás no fue la música acertada). Antes de llegar a la primera curva y con el piloto delante ya me había comido tres conos de seguridad. En la segunda vuelta casi me salgo del circuito pensando que donde faltaban los conos (que yo había atropellado previamente) era una ampliación nueva del circuito y había que tirar por ahí. En la tercera vuelta tenía los ojos inyectados en sangre, ya le había perdido el respeto al circuito, al coche y a la profesión de piloto, por lo que iba tirando del freno de manos en las curvas y le pitaba a todos para que se apartaran (incluso al piloto profesional, que no daba crédito). Sonaba “End of he beginning” la velocidad ya estaba en mis venas. Al día siguiente pensaba venir con el casco del Vespino puesto y los guantes del gimnasio (hay que ser profesional). En la cuarta vuelta me hicieron parar (estaba claro, me querían patrocinar). El director me hizo pasar a su despacho y me dijo que después de verme conducir me iban a dar una tarea “más acorde” con mi estilo de conducción. Estuve aparcando coches el resto del día. En uno de los últimos coches tuve una recaída de mi nueva adicción a la velocidad y el riesgo y entré en la nave donde se aparcaban los coches con tanta energía que me comí literalmente el coche que estaba aparcado delante (me saltó hasta el airbag). Al mirar por el espejo retrovisor vi al coordinador y pensé que le estaba dando un ictus porque tenía las manos en la cabeza y estaba poniendo caras muy raras. La idea era aparcarlo en un sitio donde no se viera y no decir nada pero al ver al coordinador ese plan se fue al carajo. Me bajé con toda naturalidad y le dije: este coche viene con un defecto de frenos, eso es muy peligroso, hacéis bien en probarlos. Me pidieron “mi” tarjeta y me dijeron que me marchara, que ya me avisarían. Se acabó mi carrera de piloto (posiblemente la de mi amigo de forma colateral…también).

Saliendo del circuito lo llamé y le dije que igual este trabajo no lo íbamos a cobrar y que me llamara si le salía algo más de este tema porque me había gustado mucho. Nunca más me llamó ni para darme las gracias por haber ido a trabajar por él. Ingrato!!

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