SINCACTUS1.1

Capítulo VI
Entré en mi habitación haciéndome la dura necesitaba pensar en lo que realmente estaba sucediendo allá fuera, analizar todo y saber que haría si estaba o no dispuesta a compartir una cena con el inquilino. En la mesa de noche siempre tengo una caja de madera tallada con llave donde guardo los recuerdos más íntimos de mi vida, la abrí y guarde allí la nota que Carmen me había roto. Me senté en la cama mientras contemplaba todas las cosas que tenía allí hasta las fotografías y en lo que tenía
que estar pensando no era en ver fotos y en él. Por la hendija de la puerta vi unos pasos
que se acercaron y me tocaron mi puerta.
– Lucia, ¿está todo bien? -Era Carmen, le abrí la puerta estaba con una cara de preocupación.
– Si, está todo bien. -Conteste con voz alegre
– Bueno venga, que es hora de comer.
– Vale, dame un minuto.
Le cerré la puerta, mientras guardaba los recuerdos pensé en lo feliz que fui con él, y no
me había dado cuenta, la del error había sido yo y no el. Me seque una lágrima que intentaba salir de mis ojos y salÍ de la habitación. A fin de cuentas el ya no estaba, ya se había ido muy lejos de mí y su inquilino no era más que un conocido invitado por Carmen a cenar.

-Una noche, Lucia, es solo una noche, no pasa nada, lo invitó Carmen, van a cenar y se irá a su casa, vamos que tú puedes- me repetí varias veces mientras caminaba al comedor a compartir la cena con los invitados.
La cena había terminado, fue una deliciosa comida a pesar de que Carmen no es muy buena cocinera, entre risas, charlas y casi dos botellas de vino se pasó la noche. Por suerte era muy tarde y mañana yo tenía que trabajar, ayude a recoger la  mesa y fregar los platos mientras Carmen, tomaba unas cervezas con Marcus, los notaba un poco
tomados. Frank estaba conmigo secando los platos e intentaba sacarme conversación.
– Cuéntame, ¿porque ya no te veo más con el jefe? -Preguntó con una sonrisa de oreja a
oreja.
– Creo que no debería contarte mis cosas personales. -Lo miré frunciendo el ceño y con
tono molesto. El me miro y se quedó callado
– ¡Listo! Exclamó, creo que es todo. Terminando de secar el último tenedor.
– Si, muchas gracias por la ayuda, por venir, que pases buenas noches, yo debo irme a
dormir. Casi huyendo de su lado me acerque a Carmen y le dije – Ten cuidado, me iré a la
cama- en tono bajito y al oído, Marcus me escucho y exclamo.
– Tranquila Lucia, ya nosotros también nos vamos, le hizo una seña a Frank que estaba
postrado en el mesón de la cocina y se acercaron hasta la puerta a despedirse, mientras Carmen los acompañaba, yo los despedí desde el mueble, y me fui a mi habitación.
Probablemente pensarían que había sido descortés o grosera pero no quería que el
inquilino me tocara el tema ni mucho menos fuese a contarle cosas que no sucedieron a su jefe.
Carmen, llegó a mi cuarto a darme las buenas noches y como pudo se metió en su habitación estaba bastante tomada y casi tambaleándose, yo desde la puerta de la mía la miré, me sonreí y me encerré. Me puse mi pijama y el cansancio estaba teniendo una lucha con mi yo interno, pero antes tome la fotografía en donde estábamos juntos, la puse debajo de mi almohada y dije –Donde quiera que estés,  piensa en mí. Porque nunca encontraras otra como yo- Cerré mis ojos y me quede profundamente dormida. Sin pensar mucho ni darle tantas vueltas a mi cabeza sobre la almohada. Otro día por terminado.

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