SINCACTUS1.1

Capítulo III
¡He llegado a casa! Mi cerebro grita de alegría ¡por fin Lucia!, Ah! Si, olvide mencionarlo, me llamo Lucia pero… mi corazón no quiere ni decir mi nombre. El bolso cae lentamente en el sofá, el día ha terminado y me voy desvaneciendo nuevamente en mis recuerdos ¡Que pesadilla! ¿Cuánto tiempo más seguirá esta situación? Entro a mi tocador, me
miro en el espejo, Ojos verdes llenos de tristeza ocultados en mucho maquillaje, camiseta azul con el logo de una empresa a la cual no le interesan mis sentimientos. Cabello castaño oscuro recogido con una coleta de caballo (muy poco formal), sonrío… mi cabeza piensa muchas tonterías, me quito la ropa y me meto a la ducha caliente. El
agua que recorre mi cuerpo hace que relaje los músculos y me siento allí, a llorar sin motivos, sin porque, simplemente es el lugar perfecto para drenar tanto dolor que oculto en el día a día.
Recuerdo esa día donde me quede en tu casa toda la noche, me hiciste el amor como nunca y no querías dormir por mirar como yo dormía, por la mañana te levantaste y preparaste un desayuno para dos, el aroma del café sabes bien que me encanta y lo hiciste justo como a mí me gusta.

–Linda, es hora de levantarse- La voz perfecta, el hombre perfecto, el lugar perfecto, la comida perfecta, encajaba todo tan exacto como un rompecabezas. Te duchaste conmigo y nos sentamos a contemplar la desnudez del uno con el otro –Eres Hermosasusurro,
me sonroje y lo bese. –Es tiempo de irnos- Retumba en mi cabeza donde abro los ojos y
me doy cuenta de que estoy allí, sentada en la ducha sola, solo recordando momentos que ahora me generan tristeza. –Alimentante bien- Me decías a diario, ahora cada bocado de comida me sabe amargo como el dolor constante que siento en mi corazón.
Debería ir al médico- Pienso. Mientras otra voz aguda interrumpe mi momento con mi yo interno.
-Lucia, ¿me estas escuchando?
Era mi compañera de Apartamento, Carmen una chica rusa de aspecto no muy peculiar, estudiante del 4to año de medicina y mi tormento diario. Nos hemos hecho muy buenas amigas.
-Sí, Carmen. Te escucho, salgamos a comprar.
– ¿Ya estás pensando en el Sr. Pitágoras otra vez?- dijo Carmen.

Hay mucho por hacer no me distraigas más, salgamos que se hace tarde.
Al salir de la habitación tropecé con mi mesa de noche donde cayeron mis llaves y una nota bajo el mantel que decía:
Siempre serás mi bambú favorito, nunca podré olvidar a aquella mujer que por tantísimo tiempo me costó conquistarla y que hoy por hoy se derrite por mí, me
siento afortunado de tenerte Linda.
J.M

Terminé de leerla y caí al piso, nunca pensé que leería algo así, me senté a llorar, Carmen
que estaba a mi lado tomo la nota y la rompió.
–Ven levántate- dijo, – no mereces ponerte así- Solo quería que ese día terminara pronto.

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