NÁUFRAGO EN LA LUNA

Recuerdo cuando en los 90 era muy normal eso de “empepinar” una moto, que en pocas palabras era ponerle todas las piezas necesarias a tu ciclomotor de 49cc para poder ponerte al lado de una honda 1000cc en la autopista… e intentar adelantarla con desprecio.

A las motos se las “empinaba” con todo lo imaginable pero si alguien te preguntaba que qué le habías hecho para que corriera tanto, siempre tenías que responder con un: ¿Yo? Yo sólo le he cambiado el tubo de escape y le he puesto una pegatina de Marlboro (aunque la moto pareciera un prototipo de la Nasa para ir a Marte)

Las motos “empepinadas” en ralentí (simplemente arrancada sin tocar el acelerador) consumían lo mismo que un Boeing 737 cargado de bobinas de cobre en pleno vuelo. A “medio puño” el ruido era como el de un F18 a su máxima velocidad, aunque el avión sonaba un poco menos.

Recuerdo que mi madre me decía: yo sé cuando vienes de camino a casa porque escucho el sonido de tu moto desde lejos (y mi moto no estaba “empepinada”). La moto de mi primo que sí que estaba “empepinada” sonaba tanto que estoy seguro que mi tía le diría a mi tío en la cama: Paco, el niño acaba de arrancar la moto en algún punto entre Sevilla y Córdoba.

La moto de mi primo sonaba tanto que ir con ella por la calle era hacer saltar todas las alarmas de los coches y podías ver como a su paso la gente empezaba hablarse en lenguaje de signos. La gente ya no sabía qué hacer para que sus motos corrieran más que las de sus amigos por lo que inventaban cosas raras e innovadoras. Unos le ponían carburadores de motos mas grandes:

– Tío, le he puesto a mi Vespino el carburador del Titanic.

– Eso no es nada, yo le he puesto el escape del Apolo 12.

– Yo le he colocado un condensador de fluzo esta mañana.

Otros le quitaban todo el peso posible haciendo así que si alguien estornudaba al lado de la moto cuando ibas en la carretera, te cambiaba de carril. Los más inteligentes le hacían agujeros por todos lados para que la moto nunca se calentase, tanto es así que algunos iban montados en grandes agujeros con un manillar. Todo valía si tu moto podía correr más que la del que corría más en el barrio en aquel momento.

Este era un título que costaba dinero mantener porque cada semana salía un tubo de escape nuevo, un aceite especial o cualquier artilugio que hiciera que las motos corrieran más, pero esos artilugios no solían ser baratos. He visto Vespinos que en piezas podrían costar lo mismo que un terreno en la toscana…con piscina. Las malas lenguas decían que si hacías el “rodaje” (los primeros 500km de una moto nueva para que las piezas se asienten) con mucho peso encima, al quitarle los limitadores que trae de fábrica, la moto volaba. Yo recuerdo que hice el rodaje de mi vespino todo el tiempo con mi amigo Luis “el gordo” siempre montado atrás, tanto es así que incluso alguna vez tuve que bajar al garaje a abrirle la puerta porque lo había dejado dentro sentado en la moto. La idea de quitarle los topes y volar con la moto me gustaba. Cuando llego el día de quitarle los limitadores, la moto andaba lo mismo que con los topes y encima tenía los amortiguadores reventados de tanto peso (quizás mi amigo estaba demasiado gordo). Tenía los amortiguadores tan vencidos que si ibas a comprar algo con un billete y te daban la vuelta en monedas al meterlas en los bolsillos y montarte en la moto a esta le rozaba la rueda con el chasis.

Todos los barrios se llenaron de “Otnis” Objetos Terrestres No Identificados. Era increíble ver “motos” con cortes y soldaduras por todos lados (antes no se pasaba la itv de las motos de 49cc). Luego empezaron a hacer corta –pegas en los chasis y esto se nos fue de las manos por lo que te podías encontrar un Vespino con las ruedas de una Ducati, una Mobillete con el manillar de una Harley o una Vespa con el motor de una Triumph. Como yo nunca he tenido un duro para empepinar mi moto, pues iba innovando con lo que me iba enterando por ahí. Una vez escuché que si le quitabas peso al variador (una pieza de la moto) esta volaba y yo le quité tanto peso que la moto no es que volara es que nada más arrancarla pillo tantas revoluciones que esta pieza se fundió con el chasis creando así el único “varichasis” del mundo. Otra vez escuché que si cortabas el tubo de escape por una zona determinada la moto ganaba una fuerza increíble (quizás le levantaría el veto a mi amigo Luis el gordo y dejaría que se montara otra vez conmigo). Yo corté el tubo de escape y lo soldé como decían (la moto con más fuerza del mundo estaba preparada). Cuando la arranqué y fui a probarla tuve que empujarla para que anduviera, pensé que la fuerza vendría después del empujón. La fuerza nunca vino.

Otra cosa que estaba de moda era ponerle unas cubiertas con las que poder tumbar y escuchar el asfalto. Yo le compré unas baratas y fui a probarlas a un solar abandonado de mi barrio (como buen idiota)… al salir del hospital tenía toda la parte izquierda, desde el hombro hasta el tobillo vendado por las quemaduras de la caída, eso pasó en agosto, fue “el mejor” verano de mi vida (véase sarcasmo).

Mi madre cuando me vio entrar por la puerta me pregunto: ¿niño, para que lado te has caído? (ella es así de divertida), cuando se enteró del motivo de mi caída me dio un guantazo que por un momento pensé que tenía las dos orejas en el mismo lado y estuve escuchando un pitido durante varios días. Hablando de mi madre…una vez llegué de la feria a las 3 de la mañana con un brazo escayolado hasta el codo y más allá de preocuparse o de preguntarme que qué me había pasado, abrió la puerta, me miro y me dijo: se te acabó tocar las palmas este año ¿no? Si le llego a decir que me partió el brazo un caballo al tocarle el culo seguro que hubiera tenido otra vez esa sensación de tener las dos orejas en el mismo lado y ese pitido tan molesto. Otra vez llegue con las dos paletas rotas después de caerme de boca con la bici y me dijo: Pareces un yonki, intenta no reírte hasta que ahorremos y vayas al dentista, que pena que no seas ventrílocuo, así podrías hablar sin enseñar los dientes

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