ALEX BLAME

La decisión de este año no ha sido demasiado difícil. Sara destaca fácilmente del resto de aspirantes. Le saca un par de dedos  a la más alta. Tiene unas piernas largas y aunque sus caderas no eran muy anchas el resto de su cuerpo es perfecto; un culo respingón, unos pechos ni muy grandes ni muy pequeños, redondos y jugosos…

Su cara es un óvalo perfecto que junto con una larga melena castaño oscuro enmarcaban unos ojos avellanados  y grandes de un color azul celeste, una nariz un pelín grande, pero que aporta carácter al rostro y unos labios gruesos y rojos que estaban permanentemente sonriendo y mostrando una dentadura perfecta.

Su único defecto son sus manos que aunque finas y largas parecen demasiado grandes para su cuerpo.

Si sólo hubiese sido eso, cualquiera diría, “bah, otra chica más”. Pero es que además sabe moverse. Sus tacones parecen un apéndice más de su cuerpo y se mueve con ellos y contonea sus caderas  con una elasticidad y una elegancia que no he visto desde las grandes estrellas de Hollywood de los años cincuenta.

Ahora esa sonrisa y esos dientes blancos  y pequeños como perlas están acariciando mi polla. Sara sabe lo que hay que hacer y cuando aprovechando un descanso, me acerco a su camerino y le sugiero lo que debe  hacer para ganar el concurso, no se lo piensa y con sus largos dedos me baja la bragueta.

Al contrario de todo lo que nos rodea, yo no soy bello. Tengo la frente demasiado ancha, las piernas demasiado cortas y aunque no estoy inflado como un globo, siempre he estado rellenito.

Pero todo eso no importa cuando eres presidente del jurado de un concurso de misses. Todas están locas por cederte sus favores a cambio de la ansiada corona. Al menos soy honesto y sólo seduzco a la más guapa y elegante, o sea a la que de todas maneras hubiese ganado.

Sara sabe muy bien lo que hace —pienso suspirando de placer— sabe exactamente lo que un hombre quiere. Cuando sacó la polla del pantalón, aun algo morcillona, la agita y la besa suavemente hasta que esta dura y caliente como un hierro al rojo. Es entonces cuando esa sensual sonrisa se abre y con los ojos fijos en mí, va metiéndose mi polla poco a poco en su boca hasta incrustársela en el fondo de su garganta. Con lentitud comienza a meter y sacar la verga de su boca acariciándola con la lengua a medida que sale.

Empiezo a respirar con más rapidez y ella me guía a un pequeño sofá que hay en el camerino para que este más cómodo. Esta mujer piensa en todo.

Me baja los pantalones hasta los tobillos y continúa con el trabajito. Con un sonrisa traviesa agarra mi polla y comienza a besar y chupar  su glande arrancándome pequeños gemidos de placer. Con aquellos pequeños dientes mordisquea con suavidad mi glande, repasa el borde con la lengua y  luego se mete de nuevo mi polla entera en la boca.

Apoyo las manos en su melena y presiono la cabeza contra mi polla con una expresión de éxtasis en el rostro. La joven mueve su lengua y chupa con fuerza a pesar de tener alojado aquel inmenso falo en el fondo de su garganta. Cuando finalmente la dejo apartarse, un grueso hilo de saliva queda colgando de mi polla, Sara lo coge con un dedo y juega con él hasta que finalmente lo sorbe de nuevo.

El ritmo de la mamada se va acelerando y, a punto de correrme, me incorporo y saco la polla de la boca de la joven eyaculando sobre su bello rostro. Sara sonrie y recibe los gruesos chorreones de semen como si fuesen fresca lluvia de primavera.

Con la respiración agitada, una gruesa gota de sudor corriendo por mi sien y una sonrisa de satisfacción me despido agradeciendo a la miss sus atenciones.

No es que resultase demasiado difícil imponer mis decisiones en el jurado. Yo soy el alma del concurso y toda la organización sabe perfectamente que sin él no hay televisiones y por consiguiente no hay ingresos por publicidad.

Así que el modisto, la peluquera y la actriz entrada en años no vacilan en seguir sus opiniones.

Después de la pertinente actuación del cantante empalagoso de moda, la actriz nombra a las cuatro finalistas que se adelantan en bañador y tacones, emocionadas y listas para recibir el premio Miss Sunrise.

En ese momento las jóvenes tienen unos segundos para decir con unas breves frases lo que significa para ellas ser embajadoras de la marca por todo el mundo y lo que piensan hacer para aprovecharlo.

Después de unos pequeños discursos repetitivos y  aburridos en los que abogan por conseguir la paz mundial gracias a sus culitos tiesos y a sus pechos turgentes, los jueces nos retiramos a deliberar unos pocos minutos mientras el público agita las pancartas con los nombres de sus favoritas y el cantante de turno les ameniza la espera con una nueva canción.

La decisión es rápida. Sólo el modisto intenta imponer una opinión distinta a la mía pero basta con amenazarle con expulsarle del jurado para el año siguiente para que aquel marica entre en razón.

El presentador recibe el sobre con el veredicto de mis manos y tras unos momentos de suspense presenta a Sara como la flamante Miss Sunrise 2018. Una lluvia de confeti cae sobre la ganadora y las compungidas  finalistas que se retiran desconsoladas.

En el escenario aparece Miss Sunrise 2017, que con una sonrisa le cede la corona acompañada de un inmenso ramo de flores. La gente aplaude alborozada los gestos de camaradería de las dos jóvenes cuando el presentador se acerca a la flamante Miss para recoger sus primeras impresiones:

—Estoy realmente encantada, —dice la joven con una voz ronca y sensual— y me siento especialmente honrada de ser el primer transexual ganador de un concurso de misses —dice sacándose del traje de baño una minga de respetable tamaño.

El público se sume en un silencio estupefacto mientras el jurado mira a su presidente con cara de no entender nada.

Por un momento pienso que ha llegado mi final, un jodido marica me la ha chupado y me ha engañado totalmente poniéndome en ridículo. Pero tras el primer momento de sorpresa y cuando Sara vuelve a enfundar el paquete en su traje de baño, la gente comienza a aplaudir y a corear el nombre de la ganadora ante la mirada enojada del resto de las participantes. Por el pinganillo recibió las felicitaciones de los patrocinadores que ven desde sus despachos como crece la audiencia.

Finalmente me  levanto de la mesa satisfecho, pero aún indignado y me acerco para saludar al ganador.  Al mirarle de nuevo cara a cara no puedo evitar sentir en lo más profundo de mis testículos una nueva punzada de deseo.

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