NÁUFRAGO EN LA LUNA

Madre no hay más que una…o eso creía yo hasta que el otro día fui a mi antiguo barrio a ver a la mía.

Al llamar a la puerta y no responder, me dije: no hay problema, tardo en encontrarla cinco minutos. Cuando mi madre no está en casa, sabes que puedes encontrarla sin necesidad de ir muy lejos, es sencillo, solo tienes que darte una vueltecita por las tiendas del barrio y seguro que la encuentras (tiene un radio de acción corto), es como un Hobbit que rara vez abandona la comarca. Esta es una tarea que a priori parece fácil, veamos… mi madre es bajita, gordita, lleva gafas, pelo cortito levantado con laca “nelly” y ropa de madre ¿sencillo verdad? ¡Una mierda! En la primera tienda que me asomé, ya has visto a mi madre 5 veces, en cinco sitios distintos de la misma tienda…a la vez! y esto se repitió en todas las tiendas en las que entré. Creo que todas las mujeres de mi barrio llegadas a una cierta edad van a la peluquería y dicen: “hágame el corte y peinado de madre” que viene siendo cortito por todos lados (tipo seta) que miras a lo lejos y parece que estás en una plantación de champiñones y con tal cantidad de laca que acercarse a una de ellas con un cigarro encendido es una acción de riesgo. De espalda son exactamente iguales, es como ir a buscar a tu hermana a la feria de Sevilla y decir: mi hermana tiene un traje de lunares y lleva una flor roja en la oreja, seguro que la encontramos si damos una vueltecita.

Además es como si todas se hubieran puesto de acuerdo en dejar de crecer a la misma altura, tener aproximadamente el mismo peso (o sobrepeso) comprarse la ropa igualita (de dudoso gusto) y necesitar gafas (todas el mismo modelo, ese que te tapa más de media cara con las lentes).

Después de comprobar de que por este camino era imposible encontrar a mi madre “verdadera” pensé que podía buscarla reconociendo el carrito de la compra, pero esta acción también se complica cuando sabes que tu madre y todas las demás compran los carros en la ferretería del barrio y allí solo se venden dos tipos de carros: los de color marrón tristeza de dos ruedas y de marrón tristeza tres ruedas. Yo no digo que sea imposible encontrar a una persona con estos parámetros pero complicado si que es. Quiero pensar que esto solo pasa en mi barrio porque, me da miedo que esto ocurra a nivel nacional o global.

Una vez que la encuentras (cosa poco probable) solo te queda decirle: Mamá estoy muy disgustado contigo, mañana te pongo un gps en el carro, te lo pinto de color fluorescente, le amarro un globo, te pago la operación para que te quiten las gafas y te cojo una cola a ver si te reconozco a la primera.

Una vez encontrada me cargó dos bolsas en cada mano y me tocó acompañarla por ese universo de madres, el matrix de las madres, y aun estando al lado de mi madre “auténtica” incluso hablando con ella, seguía viendo posibles candidatas a ser mi madre y me surgían dudas ¿será esta mi madre de verdad o esta señora sólo quiere que le haga de sherpa y le lleve las bolsas a su casa? Si te descuidas un momento o te agachas un segundo para ajustarte las bolsas porque tu “madre” las ha cargado demasiado…. es posible que al levantar la vista ya estés siguiendo a otra madre que no sea la tuya y acabes en otra casa con nuevos hermanos.

Hablando de bolsas quiero dejar aquí mi queja sobre las nuevas bolsas de plástico. Las bolsas de mi barrio son las de “toda la vida” no tienen nada que ver con las bolsas actuales. Estas, puedes llevarlas varios metros detrás de ti cargada de plomo y el asa nunca se rompe, te puede amputar todos los dedos de la mano pero el asa sigue intacta. Otra cosa que hace que encontrar a mi madre fuese complicado es que ese día fuese día de ir a la peluquería a ponerse tres kilos más de laca en el flequillo. Yo no sé cómo será ahora, pero antes hace años a mi madre para hacerle el “peinado seta” le metían la cabeza en una especie de casco interestelar enorme, algo futurista que hacía que sólo se la pudiera reconocer o bien por la ropa o por el carro y ya sabemos lo que pasa con esto. Recuerdo que una vez estuve esperando a mi madre fuera de la peluquería porque había reconocido sus zapatos y al levantarse el casco era un hombre.

Un comentario sobre “Madre no hay más que una

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