ANYS FELICI

Más delgada que el día que te conocí

—cariño ¿quieres que te lleve al trabajo?

— no gracias amor, me voy a ir en el tren ¡a ver si los usuarios si notan que soy talla 7! sobre todo cuando se llene a reventar.

Voy en el tren y miro mi celular, tengo un mensaje de Max, no entiende que no me debe de mandar nada.

<Mi cuerpo extraña tus maravillosas manos>

Voy de compras, necesito ropa que me quede ajustada, para que mi esposo se dé cuenta que ya baje de peso, también voy a la tienda de deportes que mi instructor siempre frecuenta, es sábado, sé que me lo voy a encontrar ahí. Nadie en la plaza comercial nos conoce, mis manos están ocupadas con mis compras, Max me besa como si fuéramos pareja a la vista de toda la plaza, luego me arrastra hasta su auto y continuamos fingiendo que somos algo más.

— Hoy no me vas a decir que no, no estamos en mi lugar de trabajo, no puedes decirme lo que no tengo que hacer con mis manos.

— me gustas Max, eres muy lindo, pero no quiero hacerlo, prefiero que sigamos como estamos, como amigos, como compañeros, quiero que sigas siendo mi instructor y yo quiero seguir siendo una de tus clientas.

— Me calientas y luego me dejas a medias, eso no se le hace a nadie, no me digas que no hay nada entre nosotros, porque has estado desnuda ante mí y he tocado cada parte de tu cuerpo, no puedes negar que te calientas cuando te toco, dime que no te gustan mis caricias.

— si me gustan, pero no hay nada entre nosotros, ha pasado lo que los dos hemos querido que pase, pero no va a pasar nada más, eso quiero que siempre te quede claro.

Paso el resto de la tarde en su compañía, Max  tiene razón, soy culpable de saborear sus labios y de disfrutar su cuerpo, me niego rotundamente a concluir nuestro engaño. Llego a casa y Demir está molesto porque me tarde demasiado, checa mis compras, me critica por el guardarropa que acabo de adquirir, todo de una forma muy sutil y adornada por su palabra favorita.

—cariño es un desperdicio comprar ropa cada vez que mudas de talla, en menos de un año vas a tener que desacerté de todo esto.

Llego a casa tarde, paso todo el día fuera, es horrible decirlo, pero solo voy a dormir y a tener relaciones con mi pareja, el trabajo y luego el gimnasio, consumen todo mi tiempo, me da pesar no poder compartir un poco más de tiempo con el niño, cada día crece y después ya no va a querer pasar tiempo conmigo.

— ¿cariño vas a salir? Mi madre viene esta noche a cenar.

No voy al gimnasio, me quedo en casa a preparar la cena para las dos mujeres, mi suegra domina completamente el idioma turco, lo habla con sus hijos cuando están a solas, yo no entiendo nada, pero me imagino que hablan de mí.

— ¿te siguen obligando a ir al gim?

—voy por mi propia voluntad —  digo a mi cuñada, luego me dirijo a mi esposo — para complacerte cariño.

—gracias amor.

 

Cuando los dejo solos, mi suegra pendejea a su hijo ¿porque? No lo sé pero me lo imagino. No voy en toda la semana al gimnasio, Demir me quiere en la casa, dice que el niño me necesita y el también, está  muy extraño apenas me habla, todo esto es por la visita de su familia.

—cuando me vas a decir porque estás enojado amor.

— mi madre me regaño, dice que te estoy pagando el gimnasio para que te pongas guapa para otros, que soy un pendejo, que desde que vas al gim nos tienes muy abandonados.

— si ya no quieres que vaya, ya no voy, pero después no te quejes de que estoy gorda

— no te enojes cariño, yo sé que eres incapaz de mirar a otro hombre, pero así es mi madre, quiero que estés delgada para mí no para otro cabrón, será mejor que ya no vayas.

— ¡de verdad ya no quieres vaya! si no voy a subir de peso.

— amor no quiero darle más motivos a mi madre de que dude de ti y después diga que todo es mi culpa, ya veremos qué hacemos con tus kilos cariño.

Adiós instructor, ya se me hacía raro que mi suegra y mi cuñada vinieran tan seguido en una semana. Sugiero que hagamos el amor porque pronto voy a subir de peso, a mi esposo le encanta la idea.

— amor ¿cuándo me haces el amor puedes distinguir que talla soy?

Demir no me contesta porque su boca está ocupada y cuando la desocupa, a mí se me olvida lo que le pregunte.

***

 

— ¿qué haces aquí? sabes que no me debes buscar

— Me abandonaste, me tienes en la calle de la amargura, tenía muchas ganas de verte.

— se acabó, olvídate de mí, ya no voy a ir al gimnasio, aunque parezca increíble mi esposo prefiere que sea gorda a verme con otro hombre.

Mi instructor  quiere que lo bese, me habla de amor en un lugar donde todos saben que soy casada, estamos en un privado, dentro de la compañía donde trabajo, pero no me voy a arriesgar, le repito que se acabó, no voy a volver y no quiero que me vuelva a buscar.

A Max no le queda claro que se acabó, me manda mensajes y fotos al celular, se atreve a buscarme en el teléfono de la casa y no solo eso, me sigue por las calles cuando salgo de trabajar, me entretiene y llego tarde a la casa, y luego tengo que mentir para justificar el tiempo que me entretiene.

— lo siento amor, salí tarde del trabajo — Demir está cocinando —déjame hacerlo yo, discúlpame, ya sé que tienes mucho trabajo, en un minuto termino.

—no te preocupes amor, apenas estaba empezando.

No quiero dejar de hacer ejercicio, así de repente, porque voy a rebotar, trato de subirme a la caminadora,  mi hijo quiere que me siente a ver la tele a su lado después de cenar, aún tengo mi membrecía, todavía no pasa un año, quiero regresar al gimnasio, desde que ya no voy mi suegra ya no viene a la casa así que nosotros vamos a visitarla.

—te ves más feliz desde que ya no vas al gimnasio.

—yo estoy más feliz, pero tu hermano está más triste porque pronto voy a subir de peso, y no le gustan las mujeres gordas.

—por favor tu no estas gorda, quien te metió esas ideas a la cabeza, Demir es un tonto, no le andes haciendo caso.

No aguanto la tentación y después del trabajo voy al gimnasio un rato.

—amor quedamos en que ya no ibas a ir a ejercitarte ¿vienes del gim?

—sí, lo siento pero es que en casa no puedo hacer nada y no quiero volver a engordar

— pero quedamos en algo.

Demir está molesto porque lo desobedecí, lo traigo a la mesa y trato de contentarlo.

—no te enojes conmigo, solo quiero estar bonita para ti, por favor perdóname cariño.

Después de mucho rogarle, Demir cede y de mala gana tenemos relaciones, todavía en la cama me disculpo nuevamente. Como no puedo ir al gim, salgo al parque a ejercitarme pero eso también le molesta a mi esposo.

— ¡porque me tratas así! primero me ofendes diciéndome gorda y después te molestas porque quiero estar delgada para ti ¡tú me obligaste a ir al maldito gimnasio! preferías verme delgada, a gorda y atendiendo al niño, yo era feliz antes de que empezaras a hacerme tantos comentarios ofensivos de mi sobrepeso, pero me llenaste la cabeza de basura y ahora ya no me la puedo quitar ¿querías una mujer delgada? Pues entonces déjame serlo y no te molestes porque quiero adelgazar.

Después del trabajo me voy directo al gimnasio, me siento tan molesta, que dejo por primera vez que Max se adueñe de mi cuerpo, me desnuda y permito que sus manos me devuelvan los placeres que sin tanto esfuerzos antes yo le provoque, regreso a casa a las once, Demir me ve pero no me dice nada, la mayor parte del tiempo trabaja en casa, soy yo la que sale todo el día a trabajar.

No voy diario a ejercitarme, no quiero que Demir sigo enojado conmigo, le hablo para cenar pero no viene, más tarde deja la computadora, se prepara algo para comer y regresa a trabajar, duerme en el sillón y no me dirige la palabra en todo el día. No quiero seguir así, fui yo la que le hablo fuerte y la empezó todo esto, no soy orgullosa, se pedir perdón, me siento a su lado en el sillón y lo acaricio, me atrevo a robarle un beso y me meto entre las cobijas y entre sus piernas.

—no cariño, por favor vuelve a la cama.

—lo siento mi amor, no quería hablarte así, por favor perdóname, no voy a ir mas al gimnasio te lo prometo, lo voy a dejar para siempre, créeme cariño, por favor ya no me castigues así.

—ve a la cama cariño, es tarde y mañana tienes que ir a trabajar.

Se siente horrible cuando tu pareja te rechaza, cuando lo único que deseas es estar en sus brazos y te rebajas hasta al piso suplicando un poco de afecto y él te dice que no, cuando te regresa a tu recamara con la cola entre las patas, cuando te deja sola llorando toda la moche y no se siente culpable por hacerte llorar de esa forma.

Regreso a casa y veo el auto de mi suegra afuera de mi casa, mi cuñada no me deja entrar, Demir y su madre están discutiendo, sus gritos se escuchan hasta afuera, entro apurada a preparar la cena, me lavo rápido porque vengo del gimnasio.

—déjalo cariño, mi madre ya se va, llegas un poco tarde.

Demir está muy molesto, busca su saco y se va, regresa de madrugada, lo escucho llegar, quiero saber dónde estaba a estas horas.

— ¡acaso tú me dices porque diario llegas tarde, ya déjenme en paz!

Me grita y avienta las cosas, no estoy acostumbrada a que me trate así, me hace llorar, y no quiero hacerlo en mi casa, siento que me ahogo, salgo a caminar y llego al parque, me quedo mucho tiempo hasta que viene a buscarme.

—es tarde para que estés aquí, por favor entra a la casa.

—que te dijo tu madre que te molesto tanto.

—que andas quedando bien con otro, que el gimnasio cierra a las nueve y tu llegas a las diez, que nunca estas en la casa, que de repente te volviste amante de los deportes.

No voy a volver al gimnasio, Max se acabó para siempre para mí, salgo del trabajo y me voy directo a mi casa, no me subo a la caminadora, no salgo al parque, me dedico a mi hogar y a mi familia, Demir no me habla desde hace una semana, tengo mil mensajes en mi celular de Max, no los leo, los borro en cuanto llegan, pero no se queda tranquilo.

—sube al auto, él te tiene todas las noches yo me conformo con una hora, por favor solo déjame llevarte a tu  casa.

Me subo a su auto y no me lleva a mi casa.

— ¡no me hagas esto Max! tengo muchos problemas en casa, da la vuelta o déjame salir.

—hoy vamos a terminar lo que un día iniciaste.

No vamos a ningún lado, nos adentramos a un lugar solo y abandonado.

—date prisa por favor, quiero ir a casa.

Debí haber llegado hace una hora ,aún tengo restos de sus fluidos en mi cuerpo, me lleva hasta la puerta de mi hogar, Demir se levanta cuando me ve bajando del auto, el vidrio es polarizado y está arriba, nunca ve el rostro de mi amante, entro disculpándome por la tardanza

—lo siento, tuvimos una reunión de último momento en el trabajo y no tuve tiempo de avisar.

—lo conociste en el gimnasio verdad, mi madre tenía razón, por eso diario llegabas tarde, por eso tanta obsesión por ir a ejercitarte cuando siempre lo has detestado.

—lo siento Demir, todo termino, es la última vez que lo veo, lo juro.

—también es la última vez que ves a mí.

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