ANYS FELICI

Todo gira, todo cambia.

Hoy es nuestro aniversario, acostumbramos darnos un obsequio, si hay ocasión salimos a comer o a cenar, nos vimos en la mañana, tengo un regalo en una bolsa de papel, es un perfume y hay una  tarjeta de amor, que yo misma decore. Demir me obsequia un sobre blanco, lo abro en su presencia y su regalo es una membresía de una año para ir al gim,  doy las gracias y sonrío, él se acerca, me abraza y me felicita, nos besamos, luego voy a mi recamara, entro al baño y lloro.

—no quiero ir al gimnasio, el niño me necesita cariño, son pocas las horas que paso con él, el trabajo come todo mi tiempo.

—amor, ya pague un año, no me van a devolver el dinero, no te preocupes por el niño, con tal de que vayas yo lo voy a atender.

Nunca he entrado a un gimnasio, he pasado muchas veces y siempre volteo a ver, pero ahora la gente que pase por ahí, será la que me vera a mí.

—amor ¿estás seguro que eso es lo que quieres para mí? Cuando baje de peso no te va a importar que los hombres me miren y me digan cosas cuando pase por la calle.

—no me importa cariño, ve y baja todo la grasa que tienes acumulada, quiero que estés tan delgada como cuando te conocí.

Sobre aviso no hay engaño, nadie sabe para quién trabaja, después del trabajo voy a mi casa, me cambio de ropa y me monto en mi bicicleta, directo al gim.

Cuando voy entrando todos van saliendo, me registro en la entrada muestro mi membresía de regalo, no tengo mucha ropa deportiva, pero voy a empezar a comprar, tengo unos tenis Nike muy cómodos y caros, es hora de sacarles la plata, que mi amor pago por ellos, hay 3 personas en las caminadoras, es tarde pasan de la ocho y yo apenas voy a empezar, no sé qué hacer, la persona de la entrada, viene y me da la bienvenida, me hace muchas preguntas y empezamos con el entrenamiento, 20 minutos después ya estoy muerta y es solo el calentamiento, tengo que descansar unos minutos para continuar con la sesión.

¡Odio hacer ejercicio! lo repito una y otra vez, hago la sesión y me quejo todo el tiempo, tengo una semana yendo y me duele todo el cuerpo, no puedo pedalear en mi bicicleta,  camino hasta mi casa, cuando llego los dos están dormidos, beso a mi hijo y lo arropo, por eso no quería ir, no lo vi en todo el día, solo por la mañana cuando lo lleve a la guardería.

Un mes y la báscula no me muestra mi felicidad, llego enojada al gimnasio ¡tanto martirio para nada! me quejo de todo y maldigo, el encargado no tiene la culpa, se dedica a mirarme y a escuchar mis indirectas o mis comentarios sarcásticos totalmente fuera de lugar, al final se anima a preguntarme porque estoy tan enojada.

—odio hacer ejercicio — La gente que me conoce lo sabe — es el peor martirio de mi vida, no estoy aquí porque quiero, me obligan a venir y para nada, porque no he bajado ni un maldito gramo, no lo entiendo ¡que es lo que le pasa a mi cuerpo!¡porque no reacciona a tanto friega que le meto! estoy tan desilusionada.

El encargado se ríe de mi desgracia, dice que espere un poco más para pesarme, es muy pronto para ver los resultados,  hemos trabajado muy duro, “hemos” pienso, yo he trabajado muy duro, él solo me mira renegar. Hoy vamos a correr un poco en la caminadora, empezamos lento y continuamos a subir el ritmo hasta que estoy corriendo a un ritmo parejo, llevo unos minutos pero ya no puedo más, empiezo a decaer, me siento muy agitada, las fuerzas se van en un segundo, no me puedo sostener.

Max está asustado, quiere llamar a la ambulancia,  le digo que no se preocupe, no es la primera vez que me desmayo, ya me siento bien, me da un discurso sobre las enfermedades del corazón, cree que yo padezco una, las personas con esos padecimientos no pueden hacer ejercicio tan fácilmente como las demás, hay rutinas especiales para ellos, quiere llamar a mi esposo para que venga por mí.

—A mi esposo no le interesa como llegue otra vez a la talla 7, por él es que estoy aquí, no vengo por mi gusto, vengo para darle gusto.

Quiero continuar, el instructor prefiere que le hable de mi historial de prácticas para ejercitarme, sigue muy asustado.

—odio el ejercicio desde que nací, toda mi familia es delgada, jamás estuve gorda, ni en mi niñez ni en mi adolescencia, fui la mejor alumna de mi generación pero reprobé educación física en la secundaria, me desmaye 3 veces en el campo, en la prepa hice extraordinario de educación física y sufrí de insolación en varias ocasiones, fue feliz en la universidad porque no hay ninguna materia deportiva, no me gusta ningún deporte, odio correr porque me agito muy rápido, me gusta andar en bicicleta porque en las bajadas no tengo que pedalear, soy floja lo reconozco, jamás necesite hacer ejercicio, siempre fui talla 7, subí de peso cuando empecé a tener relaciones sexuales con mi novio, después cuando tuve a mi bebé y ahora soy tan gorda que ya no le gusto a mi esposo, soy la misma mujer con la que se casó por dentro pero por fuera soy otra.

Max se queda más mudo de lo que ya está, hablar con él me hace sentir mejor, está sentado a mi lado, es un hombre joven pero no más que yo, tiene el cabello claro y el cuerpo atlético, lo analizo y está muy bien por donde quiera que lo mire, los hombres mamados no son de mi preferencia, me parece una exageración marcarse así, el cuerpo se hincha tanto que tienden a parecer gordos, no es el caso de Max, pero imagino que se siente bien tocar unos brazos tan musculosos, y unas piernas tan duras y peludas, mi esposo también esta peludo, pero su cabello es negro azabache y el del instructor es claro, se nos va el tiempo platicando, es hora de regresar a casa.

—cariño ¿Cómo te fue? ¿Qué dice la báscula?

—mal, a mi todo me sale mal amor, la báscula no me quiere.

—amor no te desesperes, te quedan once meses, ya veremos para el próximo.

***

¡Qué lindo está el instructor! Con estas motivaciones si dan ganas de venir al gim, pero no de hacer ejercicio, aun me sigo quejando, no me he subido a la caminadora, Max quedo asustado, la evita todo el tiempo, hacemos rutinas muy sencillas y platicamos mucho; es casado, no tiene hijos, tiene 30 años. Después de la rutina de una hora nos acostamos en una colchoneta y entonces yo me quejo de mi esposo.

Tres meses y la báscula se mueve, si por fin, es muy poco lo que baje en tanto tiempo pero se agradece, estoy contenta quiero llegar a casa y contarle a mi esposo.

— ¿Cuántos gramos bajaste cariño? Porque no se te nota.

—entonces ya no debería de ir al gimnasio, es una maldita pérdida de tiempo.

Estoy enojada porque de ninguna forma complazco a mi esposo, tengo un pretendiente en el trabajo, le gusto así como estoy de gorda, sabe que soy casada y no le importa, Max dice que no estoy gorda, que si yo me siento a gusto con mi cuerpo es suficiente, no comprende que no es por mí, es por mi esposo que sigo en el gimnasio.

—Ya no quiero venir, pero voy a venir y le voy a demostrar a Demir que puedo bajar de peso, voy a volver a ser talla 7 a como dé lugar, aunque cuando lo sea ya no tenga marido.

Max se ríe de lo que digo, tiene una sonrisa muy hermosa, estamos acostados descansando de la rutina del día, no hay nadie en el lugar, somos los últimos todos los días, el cierra el gimnasio en cuanto voy en la esquina, estamos tan cerca que siento los vellos que cubren sus brazos, nuestras manos están a medio centímetro, cierro los ojos y me lo imagino sin camisa haciendo ejercicio, él siempre me escucha ahora quiero saber de su vida; no tiene nada que contar o no quiere compartirlo conmigo, no decimos nada más, se hace más tarde y tengo que regresar a casa.

El niño está dormido, no ceno porque Demir está ocupado en su computadora trabajando y yo estaba en el gimnasio, me enojo con él, fue su idea que yo ocupara mi tiempo libre en ese lugar, casi me obligo a inscribirme y ahora no se hace cargo del niño.

—cariño, mañana por favor puedes darle de cenar al niño, no quiero que se duerma con el estómago vacío, dijiste que te ibas a hacer cargo para que yo fuera el gimnasio.

—lo se cariño, pero ya pasaron unos meses y creo que no está funcionando quizá debería ir y pedir que me devuelvan mi dinero, bueno los meses que aún faltan para que se complete el año.

—no hay devoluciones amor, así que voy a ir hasta que complete el año, pero te prometo que no voy a regresar, mientras tanto hazte cargo del niño como lo prometiste.

Demir cumple su palabra de atender al niño, cuando llego el plato del cereal está en el fregadero y el niño está dormido, aún estoy gorda, baje poco pero no se refleja en mi cuerpo porque me veo igual, me miro de un lado y de otro, tengo las piernas más gordas y también los brazos, mi estómago no parece de embarazada y eso es muy bueno, sigo teniendo el mismo trasero y los mismos pechos, me doy la vuelta para mirarme a 360 grados, no estoy tan gorda, tengo curvas de mujer y me siento atractiva,  los hombres me miran cuando paso sola por la calle, pero no es suficiente para Demir, él entra a la habitación y me gana el baño se está rasurando.

—cariño date prisa ya me quiero dormir

—amor, no estoy ocupando la regadera solo me estoy afeitando.

—necesito que salgas, no creo que me quieras ver desnuda.

—porque no iba a querer verte, si eres mi mujer.

—porque aún estoy gorda, así que por favor, date prisa.

Demir sale, yo entro,  me tardo mucho porque toco mi cuerpo con mis manos, no encuentro la diferencia.

—Ya no voy a venir, este es mi última sesión y quería darte las gracias, por todo, por tu tiempo porque soy la última y te entretengo un montón, lo siento pero trabajo y salgo tarde y no puedo venir a otra hora.

Me siento triste y decepcionada, quiero llorar, he bajado poco de peso pero sigo estando igual de fea para mi esposo, voy a llegar a casa a decirle a Demir que consiga otra mujer, una que siempre sea perfecta, yo me voy a quedar así como estoy con mi gran talla 11, si se queja del dinero se lo voy a pagar, le pregunto a Max cuánto cobran al mes para hacer mis cuentas, tengo 4 meses así que voy a pagarle 8.

—la mujer que entro por esa puerta no se rinde tan fácil.

—no me estoy rindiendo, no me importa cómo me veo, me gusto así tal como ves, soy feliz estando gorda.

—No estas gorda, tu esposo está ciego, eres una mujer bonita, eres hermosa por fuera y por dentro, él es un hombre afortunado por tenerte como compañera.

Tengo a Max casi encima de mí, sus labios están sobre los míos, puedo sentir sus respiración, su nariz es larga y picuda, sus labios son pequeños y carnosos, es un hombre muy sensual, irresistible, tiene los ojos cerrados, espera a que yo de una señal para besarme, pero soy una mujer madura y tengo los pies bien puestos sobre la tierra, se lo que quiero y no lo voy a besar.

Llego a casa y el niño está despierto, le doy bien de cenar y luego lo meto a bañar, es más temprano que otras noches, Demir me informa que sus padres nos invitaron a cenar mañana sábado.

— ¡que delgada estas! ¿Es verdad que vas al gim todos los días? Creí que odiabas hacer ejercicio.

—tu hermano me obliga a ir, le gustan las mujeres delgadas, quiere que cuando camine de su brazo los hombres volteen a verme.

—ya te voltean a ver ¡eres tan afortunada! yo parezco una tabla.

A Demir no le gustan mis comentarios, sonríe nervioso.

Todo el mundo me ve delgada, no paran de preguntarme si estoy a dieta, le hago promoción al gimnasio, quizá el lunes regrese otra vez al martirio, solo es un año y ya casi llevo la mitad.

Volvemos a  casa muy noche, Demir se desnuda, dice que estamos muy alejados, casi no pasamos tiempo juntos quiere ir a la playa.

—no creo que quieras que la gente me vea contigo en traje de baño, vayan tú y el niño, diviértanse, quizá en 6 meses sea talla 9, no creo poder bajar más.

— ¿cariño que pasa? Porque te comportas así.

— ¡me pasa que no comprendo porque no me quieres así! si  estuvieras en mi lugar, te puedo jurar que no me hubiera quejado de ti, ni una sola vez, porque sabes una cosa, cuando pasen los años y estés como tu padre, yo te voy a querer igual.

A Demir se le quitan las ganas de tener relaciones, se molesta, se viste dispuesto a ir a dormir al sillón.

—discúlpame por querer tener una mujer atractiva.

Si quería una mujer así, no sé porque se casó conmigo, lloro de coraje, estoy sola en mi cama, yo tampoco sabía que un día iba a tener problemas para adelgazar.

Un comentario sobre “Eres bonita (2)

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