ANYS FELICI

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Mi hijo lleva el nombre de su padre para no perder la tradición, es difícil ser madre, esposa y profesional, pero cuento con el apoyo del hombre que amo, y gracias a eso es que no me he vuelto loca, ahora todo es diferente, no solo nos une el amor de pareja que sentimos el uno por el otro, nos une algo más fuerte, un lazo que nos ata para toda la vida.

Nuestro bebé ya tiene un año, aun lo estoy amamantando, no comprendo porque subí de peso, ando todo el día de arriba para abajo, cuando era soltera no hacía nada más que estudiar y  mantuve mi talla por muchos años, pero ahora con un niño pequeño, un esposo, una casa y un trabajo, tengo miles de cosas que hacer, me muevo de un lado a otro todos los días, no duermo bien en la noche, tengo meses de desvelo, estoy cansada, agotada, molesta y para colmo de mis males subí dos talla ya nada me queda.

Hace unos días que Demir me dijo gorda, no quiero recordar sus palabras porque me duelen y más viniendo de él, y lo peor del caso es que es verdad, no tengo el mismo cuerpo de antes de mi embarazo, jamás lo voy a recuperar, ahora soy talla 11, es horrible, no hay nada decente para mi cuerpo, estoy haciendo dieta según yo.  Demir viene y me trae una báscula para que me pese diario por las mañanas, los números no se mueven, he dejado de comer lo que tanto me gusta, me privo de los manjares que el mundo tiene para los humanos, ni siquiera un dulce me puedo comer, nada de refresco ni harinas ¡que decepción! No he bajado ni un gramo.

Cuando se tiene un hijo, salen compadres por todos lados, ella era su mejor amiga y es madrina de nuestro bebé, nos toca a nosotros ser los padrinos de su segundo hijo, se acaba de aliviar y esta tan delgada, como antes de quedar preñada, es lo primero que comenta mi marido cuando vamos a conocer a nuestro ahijado.

***

Estamos juntos mirando la televisión, hay muchos comerciales de productos para bajar de peso, no sé de donde los saca mi esposo, pero llega a casa con ellos, pastillas, tés, gel, ungüentos, fajas, nada funciona, es la quinta vez que Demir dice que tengo mucha grasa en el cuerpo, para no decirme otra vez, gorda; esa palabra que tanto ofende a las mujeres, es peor que la palabra fea, ya no puedo comer nada delicioso, mi guardia personal no me lo permite.

—no comas eso tiene demasiada grasa cariño.

—cero chocolates amor, puedes comer uno en navidad.

—ya te comiste una tostada, es suficiente por hoy amor.

Demir me trata como si fuera la mujer más gorda del mundo, como si mi  sobre peso fuera tan grande que ya no cupiera en la cama, como si no cerrara la boca en todo el día de tanto que trago. La huelga de hambre tampoco funciona, la báscula no se mueve, mi esposo no llega del trabajo y van a dar las 10, llega a casa con una caminadora, quiere que la utilice diario, cinco o diez minutos, es la novedad así que la utilizo, en menos de un minuto estoy tan agitada que no puedo respirar, hago 3 minutos todos los días con miles de sacrificios, tres malditos minutos porque no puedo hacer más, mi corazón late con tan velocidad que se escucha sin necesidad de un estetoscopio, no tengo condición porque no soy amante de los deportes, la caminadora es demasiado para mí, la sigo usando porque no quiero escuchar a Demir decir que las esposas de sus compañeros van al gim y están tan delgadas que parecen quinceañeras.

La comadre se acaba de aliviar por tercera ocasión, quedo embarazada en su cuarentena,  sigue igual de delgada, y yo sigo igual de gorda. En mi desesperación, me dejo envolver por esos productos que prometen resultados mágicos, desayuno malteada y ceno por varias semanas, estoy asqueada de todos los sabores ¿Por qué Demir no me ama como soy? No lo entiendo.

—mi amor ¿crees que he cambiado? ¿Que soy una persona diferente?

—eres la misma cariño pero con varios kilos de más.

—gracias por el cumplido.

—de nada mi cielo.

La caminadora esta arrumbada en una esquina de la casa, todos los días la miro, la utilice varios meses, no baje ni medio gramo ¡la odio! no quiero preocuparme más por mi maldito sobre peso, voy a comer lo que me gusta y no voy a pensar en las calorías.

—cariño ¿ya no vas a utilizar la caminadora? No has bajado de peso.

—no tienes que recordármelo, ya lo sé, todos los días me miro al espejo y me subo a la báscula.

Soy tan infeliz, era más feliz cuando era una gorda resignada, ahora soy una gorda sin consuelo, lloro por las noches cuando Demir ya duerme a mi lado. Lo ignoro por días y me siento feliz, hago mis labores domésticos y cumplo con mi horario de trabajo, le dedico unas horas a mi hijo después del trabajo, voy a la báscula y mi peso varia de un día a otro, pero no mucho, luego voy a la cama.

—quiero hacerte el amor cariño, hace días que no estamos juntos y te deseo.

A Demir se le olvida que estoy gorda cuando estamos en la cama.

Hace tres meses que deje todo y me siento bien, me siento saludable y feliz, mi jefe inmediato me manda llamar y me dan una aumento, le cuento a mi esposo cuando estamos en casa, a ellos no le importa que este gorda, solo les importa mi trabajo, quisiera que a Demir le importara más lo que de adentro que lo que ve por fuera, pero no es así, le importa mi apariencia más que nada en el mundo.

—me gustan las mujeres delgadas cariño, porque no vuelves a hacer dieta o te subes a la caminadora, creo que has subido otra talla, te ves más ancha.

Mi talla es la misma, mi peso también ¡porque no me deja en paz! Es que no soy la misma mujer con la que se casó, lo he hecho todo y no puedo bajar, estoy desesperada, triste desairada, sin esperanzas, soy tan desgraciada.

Navego en Internet y encuentro unos ejercicios muy simples y sencillos para personas como yo, con algunos kilos de más, los grabo y los llevo a casa, necesito media hora para realizarlos, el niño quiere que lo atienda.

—amor, puedes por favor atender al niño en lo que yo realizo mi rutina, es media hora, por favor.

—tengo trabajo mi amor, permite un segundo y te ayudo.

Después de una hora, el niño se duerme y realizo mi rutina, quedo tan adolorida, no lo hago bien, pero hago el intento, los ejercicios parecen muy fáciles en la televisión, en la vida real son imposibles.

2 meses, la báscula no se mueve, me rindo, no puedo más, lloro de desesperación y de rabia, me maldigo por tener el cuerpo que tengo.

— ¿Por qué no me puedes querer así mi amor? No ves que soy tan infeliz.

—Cariño, no estas poniendo todo de tu parte, tienes que echarle más ganas, la belleza cuesta amor, un día tú me lo dijiste ¿ya no lo recuerdas?

Hago la maldita rutina como me sale, como la puedo hacer no como debe de ser, Demir se está bañando, tengo la ropa mojada de sudor, también necesito un baño, no me desnudo hasta que el sale del baño, me ve sentada en la tasa esperando mi turno de la regadera.

— ¿Cuánto tiempo tienes ahí sentada? Porque no entraste a la regadera cariño.

—no quiero que me veas desnuda porque no he bajado nada, peso los mismos kilos y sigo siendo talla 11.

Cuando salgo de la regadera me seco el cabello, Demir está despierto, revisa algo en su laptop, tiene las piernas cruzadas encima de la cama, me meto sobre las cobijas y el cierra su computadora, hacemos el amor en silencio, mis kilos de mas no le estorban para maniobrar en mi cuerpo, ni a mí para entregarme a él.

Andar en bicicleta en la ciudad es muy peligroso, pero lo peor es llegar sudando al trabajo, ya no voy a hacer mis ejercicios, el transcurso no es muy largo, mi sudor es limpio porque me acabo de bañar, pero no me gusta, porque llego acalorada y greñuda, más continuo con mi rutina, al mes, subo a la báscula y no hay nada para celebrar, dejo la bicicleta a un lado y me traslado en el tren al trabajo, llego limpia y fresca y sin una gota de sudor.

 

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