ALBERTO ROMERO

El Día de las Llamadas.

De camino a casa de Josefa, que no estaba muy lejos de su propia casa, Antonio
decidió templarse con un café. Entró en el primer bar que encontró y justo
cuando iba a pedir sonó su teléfono.
-¿Sí? Contestó Antonio sin mirar siquiera la pantalla.
Al otro lado hubo silencio.
Repitió el saludo: -¿Hola? ¿Sí, Quién es?
Pero lo único que contestó fue el silencio de nuevo. Miró la pantalla y aparecía
un número de móvil que no tenía guardado en la agenda. Cuando se volvió a colocar
el aparato en la oreja colgaron.
Qué raro, pensó. Se habrán equivocado. Y volvió a guardar el móvil en su bolsillo.
Pidió un café sólo mientras su cabeza rondaba en como iba a abordar a Josefa.
Quería saber que hacía ella con todas las pruebas que tenía y decirle que no se
creía que hubiese marchado hasta Bilbao a ver a supuestos familiares, que él sabía
por Ana que no tenía.
De nuevo sonó el teléfono. Esta vez miró primero la pantalla y reconoció el teléfono
del hospital. Contestó a la vez que se erizaban la piel. Le sucedía cada vez
que llamaban del hospital. Una agradable enfermera le explicó que la Doctora
Garmendia había preguntado por él a primera hora y querían saber si iría al hospital
en el día de hoy, que quería hablar de un asunto relacionado con Ana. Antonio
le dijo que su idea era estar allí en menos de una hora.
Según colgó y retomó el café que ya estaba en la barra preparado volvió a sonar
el teléfono. Esta vez era del trabajo. Se extrañó al recibir llamada de allí y cogió
un poco extrañado.
-Hola, ¿Antonio? Sonó al otro lado según descolgó la llamada.
-Sí, soy yo, ¿Quién es? Preguntó Antonio algo extrañado.
-Soy Marina, de Recursos Humanos. Ya sé que estás en tu días libres, pero necesitaría
hablar contigo de un asunto lo antes posible.
-Bueno, puedo ir esta tarde, contestó Antonio dubitativo.
-¿Podrías venir pronto? Es que yo sólo estoy hasta las 17h.
-De acuerdo, contestó Antonio. Intentaré pasarme antes de esa hora. Ando
muy liado con el hospital. Le explicó Antonio.
-Muy bien, gracias Antonio. Hasta luego. Y colgó sin dar opción a despedirse.
Para que cojones querían hablar con él ahora del trabajo. En fin, decidió centrarse
en lo que le iba a decir a Josefa. Tragó lo que quedaba de café de una vez y
pagó antes de salir rápidamente del bar. No quería dilatar más este asunto y la
mejor manera era coger al toro por los cuernos, los cuernos de Josefa. Se rió para
sus adentros al imaginar a Josefa con cuernos.
De nuevo sonó el teléfono. Era ese número que antes no había contestado.
-¿Sí? Respondió Antonio esperando que esta vez si respondieran.
-Alguien tosió al otro lado.
La tos nerviosa dio paso a una voz de mujer.
-Antonio, soy Josefa. ¿Dónde estás?
-¿Josefa? preguntó Antonio sorprendido al no conocer el número habitual de
su suegra.
-Sí, te llamo desde el hospital. ¿Vas a venir? cortó ella con sequedad.
-¿Ha pasado algo? preguntó Antonio asustado.
-No, sólo que esperaba encontrarte aquí. Quiero hablar contigo. Contestó de
nuevo con la misma sequedad.
Sí, voy ahora. Yo también quiero hablar contigo Josefa. Le dijo Antonio igualando
la seriedad con la que ella le hablaba.
-Muy bien, te espero. Y colgó.
Cambio de planes, pensó Antonio a la vez que se preguntaba a sí mismo que
pasaba con el mundo hoy. Todos quieren hablar conmigo….

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