MOISÉS ESTÉVEZ
Dicen Que el tiempo lo cura todo. Que sana las heridas, que relega el
dolor, alejándolo de nosotros, pero yo no lo creo.
El tiempo esta ahí, rodeándonos cual sudario nos arropara el día del
juicio.
Es un ser vivo, que nos golpea con su compañía, ora grata y justa, ora
injusta y desagradable.
Si creo que es amigo en el camino, un camino que hemos de recorrer de
manera inexorable en busca de un destino incierto mientras aprendemos a
convivir con lo que dicho tiempo nos depara y ofrece.
Veinticuatro horas al día que debemos aprender a gestionar sin más
remedio.
Ahora toca rellenar un vacío, profundo y doloroso por la ausencia de un
ser querido, llamado a presentarse a las puertas del cielo por un dios que dicen
que es misericordioso. Nada más lejos de la realidad, a mi me parece injusto y
cruel, malvado y mezquino, ya que juega con el tiempo y las vidas de aquellos
que lo adoran y lo aman.
Ese profundo vacío, aroma de la soledad y melancolía, enemigo del
goce y el disfrute, omnipresente en nuestras vidas cuando te falta alguien,
alguien querido e insustituible, lucha contra el tiempo en una batalla en la que
tú puedes ser capaz de decidir quien es el vencedor, y no precisamente con la
ayuda de dios.

Un comentario sobre “Ese profundo vacío

  1. Tendrás que entender que el hecho de que no creas en algo no conlleva que estés en lo cierto. En tu aporte se evidencia que, además de no creer en los poderes otorgados al tiempo, tampoco eres creyente…

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