ANYS FELICI

El poder de la oración
Día 9
“El poder de la oración no debe ser subestimado. Santiago 5:16-18 Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió en la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto. Dios definitivamente escucha las oraciones, responde a las oraciones y se mueve en respuesta a las oraciones.”
—La puta llorona vino anoche ¡apoco no la escucho! — Dice Javier
—Esa pobre mujer no es ninguna puta, y no lo la escuche ¿rezaron
la oración de San Miguel Arcángel? — Dice el cura.
—Sí, ya hasta nos la aprendimos de memoria, yo la repetí toda la
noche ¿quiere que se la diga?
—No Javier, pero gracias, Y tu Eduardo, porque estas tan callado,
ahora ni hambre se te ve.
—Esta encabronado, se quería salir en la noche y no lo dejamos.
— Dice Javier.
—Se lo hubieras dejado a la llorona para que le pusiera una
calentadita, andaba afuera rondando— Dice alguien más.
—Bueno, dejémonos de espantos y vamos a seguir con el itinerio, ya todos tienen en sus manos su carta, una persona que los ama la escribió, tómense unos minutos para leerla y reflexionar, luego quien quiera la puede compartir.
Abro la mía de malas, no pude dormir, son dos, una es de mi madre santa, pide mucho por mí, me manda la bendición, la tomo y me persigno, la doblo y continuo con la otra. Esta es de mi mujer
<Hace unos meses que te escribí para contarte algo, tu madre no me dejo que te la
diera, dijo que no estabas listo para uno noticia así, amor, estoy embarazada, vamos a
tener un bebé, lloro de alegría, discúlpame por mojar el papel con mi dicha, la comparto
contigo porque eres el padre de mi bebé, te preguntaras como paso, si estabas
encerrado, te recuerdo cariño, el día de la visita conyugal.
Te extraño, lloro todas las noches tu ausencia, te perdono por engañarme con otra, te
amo, y sé que serás un buen papá, eres libre y quiero que vuelvas a casa, que
empecemos de cero, pronto nacerá nuestro bebé, me dieron fecha para el día 10 del
próximo mes. Te amo Eduardo, no me rompas otra vez el corazón.>
No comparto mi carta con nadie, otros si lo hacen. Vamos a comer, y me quiero comer al viejo con la mirada y al hermano también.
Es mi última noche, tengo la carta de mi esposa en las manos, voy a tener un bebé, ella me quiere, dice en su carta que me perdona por meterme con otra, no la engañe con una, la engañe con varias.
¿Qué voy a hacer con la escuincla? Donde la voy a meter, no puedo tener dos viejas, mi madre me va a echar pa fuera si se la llevo.
Me paso en silencio toda la tarde, voy a la capilla y le rezo a dios ¿Qué voy a hacer? Le pido una señal, se hace noche y ya van a cerrar, el seminarista pasa y me ve, se acerca.
—No te olvides de tu primera comunión, si te quieres casar más adelante, tienes que tener todos los sacramentos.
—Ya estoy casado al civil, mi esposa va a tener un hijo.
— ¡Pero que hermosa noticia! ¿Eso decía tu carta?
Asiento con la cabeza, el seminarista se va, dice que cierre la puerta y vaya directo al dormitorio, me felicita por mi paternidad.
No voy al dormitorio porque me van a encerrar, me quedo afuera, fijo mi mirada hacia la cocina, hay luz, el viejo y el chamaco están limpiando, la luz de la cocina está encendida, ella tiene que salir de algún lugar y ponerse a picar.
Me acerco para mirar bien, algo hacen en el comedor, que extraño no entran para nada a la cocina. No distraigo mucho mi mirada, regreso al otro cuarto y ella ya está ahí, la luz está apagada, no entro inmediatamente me gusta verla picar, esta tan oscuro que parece que el cuchillo pica solo, la luz de la navaja se refleja y es lo único que se ve.
El sonido se detiene, ella me habla, “entra “me dice en un susurro, pero no quiero entrar, tengo miedo y no sé de qué.
—Entra, enséñame a amar— Vuelve a susurrar, no entiendo como la escucho si está a dentro, y yo estoy afuera, pero leo sus labios.
Fumo con desesperación, tiro el cigarro y doy vueltas como un loco, me siento en el suelo y me cubro el rostro con las manos, la chamaca parece un fantasma pero es real, es muy real, quiero probarla, me prometo que será lo ultima, tomo la carta de mi mujer y la beso ¡lo juro! digo en voz alta.
Entro y deja de picar, por primera vez la miro sonreír, su sonrisa es macabra.
—Estas aquí, viniste, te llame con el pensamiento, creí que me ibas a abandonar, dijiste que me querías, quiero que hoy me enseñes a amar.
Siempre susurra al hablar.
—Ta bueno mi niña, y donde lo vamos a hacer.
Miro para todos lados y busco un lugar, para coger no se ocupa una cama, es la primera vez de la chamaca y le va a doler. El dolor no le importa, dice que quiere sentirlo todo, ya sabe lo que va a suceder.
—Vi a un chico hace muchos años, se cómo se para el miembro, se alista para entrar en la mujer, yo siempre estoy lista, mi ropa interior esta mojada, puedes tocarme y sentirla.
Lo hago, la siento y también de ahí esta helada, su aliento tiene olor a tierra mojada, la abrazo y pruebo de nuevo sus labios, meto mis manos por debajo de su ropa, es delgada y huesuda, su cabello es largo, beso su cuello y de ahí me traslado a sus pezones morados, le quito la ropa despacio, siento mucho frio, tocarla es como tocar un cubo de hielo, su cuerpo me quema las manos, pero quiero seguirla tocando. Mi piel se extrémese cuando ella mete sus manos bajo mi camisa, toca mi pecho y baja hasta mi ingle.
—También tienes pelos, yo me los quito con un rastrillo.
Lo sé porque la estoy tocando, esta mojada y el agua que sale de ella también esta helada.
—Quédate conmigo para siempre, te invito a mi hogar, se mi esposo y mi pareja, podemos habitar todo este lugar.
—No mi niña, no me puedo quedar.
— ¡Porque! me voy a entregar a ti, dijiste que me ibas a enseñar a amar, lo prometiste. Júralo por tu hijo, júramelo Eduardo.
La rechazo con las manos, ella no debería de saber de mi hijo, y como se enteró de mi nombre.
— ¿Quién eres? ¿Quién te hablo de mí? —digo extrañado
—Soy el diablo.
***
—Mira nada más como te cortaste, estas sangrando ¡porque no me despertaste o a tu hermano!
—Estoy bien papá, me vende la mano, los cuchillos tienen mucho filo y no le calcule bien al espacio.
—No piques más a oscuras, nosotros nos vamos a hacer cargo de todo.
—¡Por favor papá, déjame ayudarlos! no quiero estar escondida arriba las 24 horas del día.
—Quizá es tiempo de que vivas tu vida, te voy a llevar con doña tina, acepto seguirte cuidando, ahí no te tienes que esconder de nadie, ya eres una señorita y vas a empezar a sentir cambios, tu madre debería haberte hablado de esto, pero no está.
—Ya se lo que me está pasando, doña tina me explico todo, no me quiero ir, por favor déjame quedarme a tu lado.
Lloro y contagio mi llanto, mi padre me abraza, me dice te amo, yo también lo amo, me escondo arriba hasta que mi herida esta sana y los hombres se van.
Pasan los días y salgo al campo, pero entonces vienen otros y me vuelvo a esconder. Esta vez hay más, mi hermano y mi papá no se dan abasto con tanta comida que deben de preparar, se quedan dormidos, yo bajo y sigo picando.
— ¡No vuelvas a hacer eso! Te volviste a cortar.
Hago enfurecer a mi papá, me regaña y dice que mañana me va a regresar, no le importa que todos me vean y sepan que vivo escondida en la parte de arriba, no va a perder una hija por un descuido con un enorme cuchillo.
— ¡Papi por favor!— le digo llorando— no me eches de tu lado, me voy a morir si me sacas de este lugar ¡lo juro papá!
— ¡Cuantas veces te he dicho que no jures en vano! si vuelves a bajar y te pones a picar sin luz, te voy apegar.
Subo llorando y me escondo, la luz salió y todos salen del dormitorio.
Expió a los curas cuando viene a comer, lo escucho a él decirles que tiene un mandado que hacer a la ciudad, no se va a tardar nada, mi hermano se va a quedar, puede preparar algo ligero de almorzar.
Me va a llevar a la ciudad, no me quiere a su lado, no me quiero ir y lloro, lloro tanto que me quedo dormida.
Abro los ojos y ya es de noche, ellos también duermen, su lugar para descansar esta aun lado del comedor, camino de puntas para no despertarlos, dejaron todo a medias, mi padre trato de adelantar algo para que mi hermano lo termine mañana temprano, tomo el cuchillo más filoso y empiezo a picar, lloro mientras lo hago.
—No me quiero ir de su lado, dios ayúdame, no dejes que nadie me saque de aquí, que nadie me aparte de su lado, ayúdame por favor.
Lloro y sigo picando, no calculo el espacio y corto mi propia carne.
***
Sus ojos me envuelven en un sueño profundo, mis fuerzas se van y descanso mi cuerpo en el piso, la escucho pero no puedo responder, no recuerdo lo último que escuche de sus labios.
Siento lo helado de sus manos, quiero huir de él, me levanto como sonámbulo, esta de rodillas mirándome, desnuda, solo para mí.
—Prometiste que me ibas a enseñar a amar, dijiste que me ibas a ser mujer, que me harías el amor, cumple tu promesa.
Las fuerzas me vuelven al cuerpo, levanto a mi niña, la subo en la mesay le abro las piernas, el miembro me responde rápido, entro en ella y siento como me quema, me quedo pegado a su cuerpo.
Grito porque me está quemando ¡maldita mujer! digo espantado, no es una mujer, es el diablo.
Nadie viene a ayudarme, me quemo lentamente en sus brazos.
— ¡Por favor dios, escúchame!
Repito la oración que nos enseñaron:
“Oh Glorioso príncipe de la Milicia Celestial, San Miguel Arcángel, defiéndenos en la
batalla y en el terrible combate que estamos librando contra los principados y Potestades
del aire, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, en contra de todos los
Espíritus del Mal. Ven en ayuda del hombre, a quien Dios Todopoderoso creó inmortal,
hecho en ayuda del hombre, a quien Dios Todopoderoso creó inmortal, hecho a su
imagen y semejanza, y redimido por un gran precio, de la tiranía de Satanás.”
***
Despierto de un largo sueño, me levanto y estoy en la cocina, mi padre no tarda en venir a buscarme para llevarme con doña tina, doy unos pasos y el piso esta mojado, miro para el otro lado y me veo ahí tirada, mojada en mi propia sangre.
— ¡Papá venga rápido! mi hermana, mi hermana, está muerta.
— ¡Santo dios! mi hija, mi niña, mi niña se me murió.
Ya no hay sangre en mi cuerpo, se quedó vacío, mi mano cuelga de mi brazo, no puedo hablarme a mi padre para que viniera en mi auxilio, no pude hacer nada, del susto caí desmayada. Esconden mi cuerpo y limpian apurados, mi padre llorando, te amo papá digo pero ya no puede escucharme.
Me quedo en el lugar que tanto ame, al lado de mi padre, no puede verme pero me siente, sabe que mi espíritu se quedó, ya no tengo que esconderme, mi alma es libre y vaga por todos los árboles, cuido a mi padre y jamás lo voy a dejar, acecho a los hombre que vienen a internarse, algunos buscan a dios, otros me van a encontrar.
***
Me levanto espantado, los pelos se me quemaron, estoy encuerado pero no me importa, voy a la puta puerta y no la puedo abrir, la pateo con insistencia, estoy descalzo y me daño los dedos de los pies.
— ¡ábranme la puta puerta, quiero irme de aquí!
Hay un candado y una cadena oxidados por el paso de los años, le hice el amor a una muerta, estoy encerrado en la cocina con ella.
— ¿Quien anda ahí?
Prenden la luz y los veo a los dos.
— ¡Qué hace usted aquí!
No puedo hablar de lo asustado que estoy, me tapo el miembro con las mano, los restos chamuscados caen sobre mis piernas, la mujer me quemo, me arde toda la entrepierna.
El hombre quiere saber que me paso, como es que entre, si las dos puertas están bien cerradas, la de atrás tiene años que no se abre, y la del comedor tiene una llave especial que carga con él para todos lados.
Estoy envuelto en un mantel, no quiero tocar la ropa que ella toco, me traen un té de tila y me lo trago de un jalón.
— Vi a su hija y me asusto, ella me hizo esto, me quemo todo el negocio.
— Usted vio un fantasma, yo no tengo ninguna hija.
El viejo se atreve a negarla, pero ya conozco su historia, paso por mi cabeza cuando estaba inconsciente en suelo.
—Dígame la verdad ¿Quién era la vieja que picaba? ¿Está muerta? su fantasma fue el que me quemo.
El viejo llora y abraza al chamaco.
—Hace muchos años que murió, cortaba la carne en trozos, se cortó una mano con un cuchillo y se desangro, mi niña no se quería ir a ningún lado, pidió quedarse a mi lado y dios la escucho.
— ¿La puede ver?
— No, la siento pero nunca la he visto.
El chamaco no dice nada con la boca, pero si con la mirada, estoy seguro que si la puede ver, el viejo le habla al viento.
—Mi hermosa niña, vete ya a descansar en paz, para que nosotros nos podamos ir, ella es la que nos retiene aquí.
La cocina está a unos pasos, y yo, todavía estoy espantado, no me quiero quedar aquí, el viejo y el chamaco me acompañan hasta el dormitorio, don pepe tiene llaves de todo el lugar, me visto y me tapo de cabo a rabo y no puedo dormir.
Día 10.
Dios también me escucho, esa oración me salvo la vida, bendito San Miguel arcángel, una vez más pudo vencer al demonio, el cura dijo que dios usa a las personas para muchas cosas, y creo que a mí me uso para espantar a la chamaca, para ser sincero, a mi es a quien espanto, me voy y me llevo mi recuerdito, nunca más quiero regresar, creo que
aprendí la lección.
Fin

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