ANYS FELICI

Espiritual

Día 1
Empiezo con el ayuno, orar en silencio de rodillas sobre el pequeño
espacio que tengo para dormir, luego escuchar misa a las 7 de la
mañana, reflexionar sobre los errores cometidos en nuestra corta vida,
agradecer a dios, el seminarista pregunta quien no se ha confesado, el
cura está listo para escuchar nuestros pecados.
—Ave María purísima.
—Sin pecado concebida.
—¿Cuándo fue tu última confesión?
—No me acuerdo padre.
—Dime tus pecados.
Mi primer pecado es haber comulgado sin la confesión, y el segundo es
que no he hecho mi primera comunión,
— ¡Santa madre de dios! ¡Quién te dijo que podías comulgar sin el
sacramento! Muchacho sinvergüenza.
¡Y no le he dicho lo peor! me da mi penitencia y dice que saliendo del
encierro me van a preparar para mi primera comunión.
El lugar huele a comida, pero no nos dan, nos hacen sufrir hasta que cae
la noche y nos regalan un vaso de agua natural.
Día 2
El ayuno es de ahuevo todos los días, la misa también, comida si hay,
pero para mí no, se la tengo que ofrecer a dios por comulgar sin recibir el
sacramento, rezar el rosario cuando cae la tarde, después de dar gracias
a dios por el día que me permitió vivir.
A la cama a las 10 en punto, y yo con el estómago vacío, me pongo de
rodillas y pido perdón a dios porque me estoy muriendo de hambre y
pienso salir a robar algo para comer.
La puerta está abierta, no nos tienen a fuerzas ¡ahuevo nos tienen a
dieta! por lo menos a mí, los seminaristas y padres se encierran en un
salón a rezar y planear lo que se hará el siguiente día. Camino como
orangután por todo el lugar hasta que doy con la cocina, forzó la
cerradura con delicadeza, soy un delincuente con modales, entro por la
parte de atrás, por adelante esta el comedor y está cerrado, aunque
parece que hay alguien adentro, una luz se ve al interior.
Una vez adentro, escucho un cuchillo picando sobre una tabla de
madera, la luz está apagada pero el sonido es muy claro, alguien pica
verdura, me guio por el sonido, una mujer con el pelo en la cara es la que
está preparando un guiso, imagino para almorzar ¡me muero de hambre,
me gruñen las tripas! hablo para no espantarla, levanta el rostro y el que
se asusta soy yo, sus ojos son rojos por el reflejo de la luz, deja de picar
y pone un dedo en sus labios, susurra despacio, hay alguien afuera y no
quiere que haga ruido, luego sigue picando.
Con el corazón latiendo a un ritmo fuera de lo normal, busco cualquier
cosa que pueda comer, abro el refrigerador y saco leche, manzanas y un
poco de queso fresco, no es suficiente pero me conformo con poco ¡del
susto el hambre se me fue! me apuro, el gordo que limpia las mesas
viene directo hacia la cocina, corro a la puerta y miro a la mujer, entonces
encienden la luz.
Día 3
A las 11 es la merienda, fruta picada con sal y limón, el chile es para los
valientes, el hombre que prepara la comida vive diario enojado, es el
gordo que limpiaba las mesas, la niña no se ve por ningún lado.
Dios me perdono porque tengo derecho a comer y me muero de hambre,
entramos todos juntos en fila ordenada a tomar lugar en el comedor, el
cocinero y su ayudante sirven mesa por mesa. Después de comer, nos
organizan en grupos y salimos a dar un paseo por el lugar.
—Hay una vieja escondida en la cocina.
—Aquí no permiten mujeres, es un retiro exclusivo para hombres,
una mujer es una tentación muy grande para cualquiera de nosotros.
—Yo la vi, el gordo la tiene escondida en la cocina, ha de ser su
hija, esta chavala y bien preciosa.
—A lo mejor es su mujer, el chamaquillo puede que sea su hijo.
No es su mujer, pero se lo voy a preguntar en la noche, cuando nos
manden a dormir, me voy a meter a la cocina.
***
— ¿Por qué picas a oscuras? — pregunto comiéndome una
manzana que saque del refrigerador, hablo en voz baja.
Su respuesta es, su dedo en los labios y el susurro para pedirme que me
calle, nos van a escuchar. En silencio la miro picar, picar y picar, parece
un fantasma pero es real.
Día 4
“Dios tardó una semana en crear al mundo. El primero; el cielo y la tierra
El segundo; el día y la noche. El tercero, las aguas y lo seco. El cuarto; el
sol, la luna y firmamento. El quinto; Animales marinos, aves. El sexto, los
animales domésticos, los animales salvajes, y además a todos los
reptiles, según su especie. Y luego Dios dijo: «Hagamos al ser humano a
nuestra imagen y semejanza. Y Dios creo al Hombre. Al séptimo decidió
descansar.”
— ¿Qué te llama el viejo? ¿Es tu papá?
La muchacha asiente para confirmar, quiero escucharla hablar pero ella
sigue picando, me voy porque escucho que alguien viene, en el comedor
siempre hay luz, la cocina está en penumbras.
Día 5
“Los pecados, aunque sean chicos, sobre todo si son habituales, frenan
el crecimiento espiritual, y no dejan alcanzar la santidad”
Esta noche vamos a acampar, quemamos bombones e instalamos casas
de campaña, hacemos fuego y contamos historias de terror para no
descansar en toda la noche, nos robamos el vino para consagrar, las
personas que nos cuidan todavía no se ordenan como sacerdotes, están
en sus días para desertar, esta noche no queremos que nos hablen de
dios.
— ¿Y de que quieren hablar? — pregunta el seminarista.
—Del viejo de la cocina, el velador — digo yo.
— Qué quieres saber que te intriga tanto.
Somos 15 cristianos, arrepentidos y maltratados por la vida, todos recién
salidos de la penal.
— Tiene una mujer escondida en la cocina, mi amigo ya la vio —
dice mi vecino
— ¡Está prohibido salir a media noche y hurgar por todo el lugar! no
hay nadie, don Pepe vive solo con su hijo, no tiene mujer ni ninguna
hija— Se altera el seminarista.
— ¡Tiene una hija y bien preciosa la condenada mocosa! — Afirmo
con seguridad.
— ¿Quiere ayunar por tres días? — Se dirige a mí — eres el más
tragón del grupo y es un sacrificio que puedes ofrecer a dios, estas aquí
por algo, es la quinta noche y no has entendido nada. —camina en
círculo rodeándonos y nos cuenta una historia de terror — Hay un
fantasma que ronda por el lugar todas las noches, toma la forma de lo
que más nos hace daño en la vida, una tentación como el demonio quiso
a engañar a Jesús en sus días de soledad, es lo mismo con esa mujer
que dices ver.
No alucino ni cuando estoy drogado, me quiere asustar, pero yo estoy
curado de espantos. No le tengo miedo ni al diablo. No alego porque no
quiero que me refundan otra vez en el bote ¡acabo de salir! No he visto a
mi mujer, vi a mi madre antes de subir al camión, me dio la bendición.
Salgo a media noche de la casa de campaña, camino descalzo entre la
oscuridad, la luz del comedor me guía y también el sonido que hace el
cuchillo en la tabla de madera.
—Mi papá invento esa historia, no quiere que nadie venga por las
noches y me mire aquí, picar.
La hermosa chica susurra, es blanca de ojos negros, cabello largo liso y
pesado, no pasa de los 15 años, está en la edad de la belleza, de la
perfección y de la pureza.
— ¿Por eso picas a oscuras? Te vas a cortar un dedo, eres muy
bonita ¿Cómo te llamas?
Me muestras sus delicadas manos, hay marcas de cortadas viejas en las
plantas y en los brazos, el viejo la pone a picar de noche, en el día la
encierra en otro lugar, quiero tocar sus manos pero las retira y sigue
picando, nos escucha y se acercan a paso rápido, me escondo donde
puedo, el chamaco enciende la luz, ssshiiii, hace un ruido con los labios,
mira a su hermana y apaga la luz, regresa al comedor.
Día 6.
“Si quieres que una planta tenga vida, debes regarla. Si deseas mostrar
que quieres a una persona, debes decírselo. Si cortas las raíces de un
árbol, el árbol se muere. Eso pasa con la oración. La oración es vida para
nuestro espíritu y es el medio para decirle a Dios: Te amo.”
— ¿Cómo se llama tu hermana? — Le pregunto al chamaquillo
cuando se acerca a servir la comida.
— ¿Cuál hermana?
—La preciosa que está escondida en la cocina, la que los ayuda a
picar.
—¡Nadie nos ayuda a hacer nada! mi papá y yo hacemos
todo, pagamos este lugar cuidándolo, además, no se meta en lo que no
le importa.
Lo vi, y él la vio a ella, pero no a mí. Llega la noche y salgo a buscarla, la
puerta tiene cadena y candado ¡chamaco desgraciado! puso al viejo en
alerta y me dejaron afuera, no tengo hambre, quiero verla. Me asomo
por la ventana y veo el filo del cuchillo brillar, ella tiene el pelo en la cara,
su mirada siempre esta fija en la tabla para picar.
Rodeo y trato de entrar por el comedor, el viejo y su hijo hacen guardia,
seguro cuidando a la menor, regreso hasta el fondo y toco para llamar su
atención, sus ojos brillan, su cara esta mojada, la cebolla la hace llorar,
se quita el pelo de la cara y me ve por la ventana, le hablo por el cristal,
me pide que calle o nos van a escuchar.
No me voy a ir sin verla y ahora si la voy a tocar, insisto en la ventana
haciéndole señas para entrar, adentro está bien oscuro, el brillo del
cuchillo es la único que se ve. Me aplasto derrotado en el suelo y me
cruzo de brazos, empiezo a dormitar.
—Entra — me despierta su voz— la puerta está abierta, mi papá ya
se fue a acostar.
El candado y la cadena desaparecieron, es media noche y es mi séptimo
día. Entro directo hacia ella, le quito el cuchillo de las manos, la levanto
en brazos, es tan real como los labios que pienso devorar.
Los pecado de la carne son mi perdición, la beso, la abrazo, la toco
donde no se debe tocar a las mujeres sin su consentimiento, no llegamos
al mero acto sexual porque tiene miedo, sus besos saben a humo, está
caliente en su interior, sus manos y todo su cuerpo helado, fundimos
nuestras bocas y le doy un poco de mi calor.
Día 7
“Ni la pobreza de tus padres, ni la costumbre en donde vivas es problema
para que Dios te use. Dios uso a David par ser rey aunque era el menor
de sus hermanos. Si estas con Dios no temas nada, él te protegerá y
ayudara. ”
Me la voy a robar, el viejo no la quiere, la martiriza poniéndola a picar
toda la noche. Oscurece y ella llena todo mi pensamiento, las palabras
que pronuncia el cura me salen por los poros, no entiendo nada, no
pongo atención en sus explicaciones, no siento nada, ni paz en mi
interior, siento fuego, arde una llama, me quema y se expande, la miel de
la chamaca es la única que me la puede apagar.
Espero que caiga la noche con ansias. No hay candado, entro como si
estuviera en mi casa.
—vámonos mi niña, yo te voy a cuidar.
—No, no debo salir de este lugar, mi papá me cuida para que nadie
me haga daño, tengo que picar la verdura, y luego la carne, la necesitan
para cocinar.
—No te voy a hacer daño preciosa, puedes confiar en mí, no te voy
a lastimar.
—Yo no sé amar, nunca he tenido novio, siempre estoy encerrada,
me esconde para que nadie me vea.
— ¿Cuánto tiempo tienes encerrada?
—Desde que llegamos a vivir aquí.
—Faltan tres días para que termine el encierro, luego todos nos
vamos ir.
Su rostro cambia con la noticia y deja de picar.
— ¿Y tú te vas a ir? —pregunta con tristeza.
—Sí, puede que algún cura se quede o algún seminarista, todos los
demás nos vamos a ir, nadie se puede quedar.
La niña se pone a llorar, su llanto es un sonido lastimero que hace eco en
la cocina y retumba en todo el lugar, la abrazo para darle consuelo.
—No llores mi niña, si tú quieres, te puedo llevar conmigo,
podemos vivir juntos como una pareja, puedo ser tu novio, o mejor que
eso, tú esposo.
—No quiero dejar a mi papá, soy lo único que tiene, me quiero
quedar aquí, para siempre a su lado.
— ¡Pero te trata mal! Que persona en su sano juicio encierra a una
niña y la obliga a picar toda la maldita noche, dime si eso hace un padre
normal.
—Me ama, no tengo a nadie más.
—Yo también te puedo amar, te puedo enseñar cómo se
demuestran amor las parejas.
— ¿Cómo? Quiero que me enseñes a amar.
Eso es lo que pide mi cuerpo a gritos, poseerla esta noche y todas las
siguientes, la toco y esta helada como la otra vez, igual saben sus besos,
a humo, su sabor despierta mis ganas de fumar, lo he dejado todo antes
de venir a este lugar, el alcohol, las drogas, el cigarro, y mi peor vicio, las
malditas mujeres, no pasa ni 3 minutos cuando las pisadas se escuchan
de la otra habitación, padre e hijo vienen corriendo, ella me ayuda a
escapar.
Regreso al dormitorio y todos están despiertos y espantados.
—La escuchaste ¡yo me largo de aquí!
—Aquí espantan y se supone es lugar de paz.
Nadie se va, los curas dicen que son los lobos que rondan por el lugar,
simulan la voz de una mujer que llora, mis compañeros dicen que parecía
más un gato maullar, el llanto parecía de un crio y no de una mujer, fue
claro y todos lo pudieron escuchar.
Día 8
“Oh Glorioso príncipe de la Milicia Celestial, San Miguel Arcángel,
defiéndenos en la batalla y en el terrible combate que estamos librando
contra los principados y Potestades del aire, contra los Dominadores de
este mundo tenebroso, en contra de todos los Espíritus del Mal. Ven en
ayuda del hombre, a quien Dios Todopoderoso creó inmortal, hecho en
ayuda del hombre, a quien Dios Todopoderoso creó inmortal, hecho a su
imagen y semejanza, y redimido por un gran precio, de la tiranía de
Satanás.”
—Ni fue un cementerio, ni nadie está enterrado aquí, este lugar
tienen años que fue edificado para lo que sirve ahora, para retiros
espirituales, no tengan miedo, dios está entre nosotros, si tenemos fe,
todo lo podemos, la oración de San Miguel Arcángel que pronunciamos
por la mañana, la vamos a repetir por la noche antes de dormir, o a
cualquier hora que nos sintamos inseguros.
Mañana es un día especial, hay una sorpresa para todos, el encierro está
por terminar. Esta noche después de rezar y hablar con dios, dar las
gracias por todo y sentir su amor mediante la oración, hay que
descansar, poner la mente en blanco, pensar un segundo en lo que más
amamos.
Yo no pienso en nada más que en ella, me levanto y voy al baño, orino y
lavo mi miembro con un poco de agua, quiero estar pulcro porque esta
noche la voy a desflorar, esa chamaca va a ser mía. Me miro en el
espejo, diario nos damos un buen baño y la rasurada es a consideración
de cada uno, le gusto a la mujer tal y como estoy, nunca ha sido un
problema mi mala dentadura, con la boca cerrada parezco un modelo de
revista, eso es lo que siempre me dice mi madre, también mi esposa me
lo dijo una vez, a las madres no hay que creerles mucho.
Me esculco los bolsillos, conseguí cigarros, los curas fuman cuando
creen que nadie los ve, y el vino para consagrar es muy fácil de
conseguir.
— ¿a dónde vas? Yo que tú no me atrevía a salir, el diablo anda
afuera, esta noche es para estar en paz.
— hablas como el pinche cura, somos unos delincuentes y un
encierro no nos lo va a quitar, voy a ver a la chamaca.
— ¡Cual pinche chamaca! Amigo tú te estas volviendo loco, pero
haya tú, con dios y con el diablo no se juega.
Quiero abrir la puerta pero está cerrada, por seguridad le pusieron llave,
hoy nadie debe salir, trato de abrirla pero no se puede, saco todo el
repertorio de malas palabras que me enseñaron en la penal, la puta
puerta no se abre.
Las ventanas tienen protección, me siento en una puta cárcel, golpeo
todo lo que tengo a mi alcance, despierto a todo el grupo, digo que
renuncio a dios ¡me quiero ir, que me abran la puta puerta!
— ya amigo, no blasfeme contra dios porque lo va a castigar,
apláquese, mañana tempranito le abren la puerta y se va ¡si se quiere ir!
Hay viejos y jóvenes como yo, me ponen una calentadita entre todos y
me ponen en paz con dios. Como un perro regañado me planto frente la
ventana, mi niña me va a estar esperando, llega la media noche y la
escucho llorar, me estremece todo el cuerpo su llanto, los demás se
envuelven en cobijas y se tapan los oídos.
— los pinches coyotes ya van a empezar a chingar, no dejan
dormir a gusto.
Hay quien se pone a rezar, la oración de San Miguel Arcángel.

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