JOANA LLÀCER

A menudo lejos no es sinónimo de bien. A menudo bien no es sinónimo de nada. Sin embargo hay veces que de lejos todo es visto de otro modo, de un modo que no es mejor que bien, pero que es más que suficiente para no hallarse uno en el continuo mal que nos martiriza.

El mal no es más que huir a destiempo o negarse a combatir, pues todos tenemos munición suficiente para hacer frente a cualquiera de sus acometidas. ¿Que pasaría si nos diésemos cuenta de lo capaces que somos?

¿Que pasará cuando entendamos el poder de las sonrisas, la calma de los abrazos y la importancia de lo superfluo?

Dice Antonio Gala que “la felicidad es darse cuenta de que nada es demasiado importante”. A menudo bien no es sinónimo de nada porque nada está nunca lo suficientemente bien y porque en realidad estamos tan bien que no sabemos lo que es la nada, porque lo tenemos todo.

Es por eso que a menudo es preferible estar lejos. Porque aquí es muy sencillo que el mal haga mella en cada uno de nuestros “problemas”. Se sabe quienes somos por como combatimos. Por como entendemos las adversidades y por la intensidad con que somos capaces de reír al descubrir que es mejor hacerlo, porque hay una solución para el “problema” o porque no la hay, y como la “catástrofe” es irremediable, merece la pena vivirla con humor.

Y cuando digo lejos, no solo apelo a las plantas de tus pies, porque ellos ansían ver tu mundo desde lejos mucho menos de lo que lo desea tu mente.

Déjala volar hasta más allá de cuanto sueñes andar y verás que el mundo es más sencillo, o más complejo pero mucho más intenso y atractivo. Que sean nuestras mentes, nuestros sentidos y nuestras ganas de vivir quienes combatan los males que pretenden herirnos cada día y que están convirtiendo el mundo en un lugar donde las sonrisas van perdiendo fuerza, con cada mal que no combatimos a tiempo.

Volvamos a reír, a soñar en voz alta y a gritar de alegría sin importarnos quién no entienda el verdadero sentido de la felicidad. Vivamos más y más tranquilos porque nada pasa nada y al final todo pasa con el tiempo.

Y si algo sí tiene importancia, con una sonrisa y 10 “problemas” menos, se vive y se pasa mejor.

No se vosotros, pero mi propósito para el 2018 es empezar el año con,  al menos, diez problemas menos.

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