DELAY
Los pasos dejaron de oirse y me hallé en silencio profundo. En los pasillos entraba una luz que venía desde lejos. Por las paredes se dislazaban caños oxidados.

La escena es conocida para cualquiera quién haya incursionado alguna vez en juegos o pelÍculas de aire industrial. Aunque nos suene extraño, podríamos preguntarnos qué tanto de suspenso o terror pueden aportar esos ambientes a nuestras mentes. De lo industrial acabaríamos: solos, en silencio y semioscuras. Tan sólo una pregunta para completar la escena, ¿dónde están los demás?

Levanté le vista y no vi a nadie. Debía salir de allí. No me hallaba en mi lugar. Buscar la salida era lo único que podía realizar. No había opciones distintas. Las únicas posibilidades entre las cuales podía elegir el rumbo de la mi acción eran respecto al camino que llevaría directo a la salida.

¿Por qué me habría quedado ahí en lugar de salirme? Porque era un ambiente inhóspito. Allí a duras penas podría dormir, orinar o defecar. Las demás acciones vitales no tendrían posibilidades de haberse llevado a cabo. ¿Cómo podría haber conseguido comida o una compañia agradable con la cual pasar el tiempo? ¿Cómo podría no haber muerto?

La salida de allí no era la única opción por ser tal lugar oscuro, húmedo y sólido. La salida no era entonces una salida de aquel pútreo lugar. La salida en tal caso consistía en una entrada. Una entrada a la propia vida. Donde me encontraba era no menos que el lugar de la muerte.

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