ALBERTO ROMERO

Conversaciones Conmigo Misma.

Llevo un mes encerrada en este maldito cuerpo sin poder moverme. He aprendido
a dejarme llevar y ya controlo mejor los momentos de angustia. Esos momentos
en los que siento que estoy metida en una urna de cristal en la que no puedo
moverme ni respirar. Intento desterrar de mi mente el continuo pensamiento de
sentirme enterrada viva, pero cuesta mucho.
Antonio está a mi lado todas las horas que le dejan, y algunas incluso de las
que no le dejan. Si antes tenía claro que era el amor de mi vida, ahora me ha demostrado
que es una persona como pocas hay en el mundo. Está a mi lado, me habla,
me lava, me acaricia y me alivia con sus palabras, aunque él no lo sepa.
Espero poder despertarme de esta angustiosa pesadilla para poder decírselo
y agradecérselo.
Me hubiera gustado contarle yo misma que estaba embarazada, de muy poco
tiempo, pero el accidente llevó a que se enterara por los médicos. Me dio la sensación
de que se enfadó por enterarse así, pero luego ya me dijo que estaba muy
contento con la noticia. Yo también estoy muy feliz de saber que el bebé va por
buen camino y que está creciendo a pesar de mi estado.
Espero poder despertarme para darle todas las explicaciones del mundo. Para
decirle que tuve miedo cuando me enteré de que estaba embarazada, y que no se
lo dije porque temía que lo perdiésemos como el anterior y nos hundiera como en
aquella ocasión.
El otro día no se como lo hice pero conseguí soltar lágrimas en el momento
que me estaba hablando del bebé y aunque seguí intentándolo después no volvieron
a salir. Al día siguiente volvió a sacar el tema del embarazo y volvieron a surgir
las lágrimas. Parece que hay cierta conexión.
Ahora le digo a mi cerebro que me ayude a controlarlas para que me sirvan
como código de comunicación con Antonio, pero de momento no me hace ni
caso.
Es un alivio sentir a mi familia cerca, a mis amigos, a mi madre, para sobrellevar
esta mierda de situación.
Si algún día me despierto y no me quedo tarada les explicaré por lo que estoy
pasando. Lo de ser consciente de todo sin poder expresarme. Los tremendos dolores
que siento en la cabeza, en el costado y en las piernas. Y sobre todo las pesadillas
horribles que tengo cuando consigo quedarme dormida. Las pesadillas son
lo peor de todo. No se si me creerán, pero es tan cierto como que me llamo Ana.
Intento estar tranquila para que el bebé se encuentre lo mejor posible y crezca
bien. Le hablo y le cuento como es el mundo ahí fuera, advirtiéndole de lo que le
espera. Algunos ratos también le pido que si no me he despertado para cuando le
toque salir de mí, que me ayude y así salimos los dos a la vez. Creo que me estoy
volviendo loca del todo. Así paso el rato en esta cárcel.
Espero que esto no se alargue mucho, tanto para bien como para mal. Ya he
asumido que si me muero será porque me tocaba y estoy tranquila por ello. Al
principio incluso lo deseaba con todas mis fuerzas, pero ahora ya me conformo
con lo que venga.
Sólo espero que no se alargue mucho porque me da mucha tristeza vez sufrir
a Antonio, que se lo noto en la voz, y a mi madre, que la pobre ya sufrió suficiente
cuando murió mi padre hace cinco años.
-¡Papá!, ¿Estás ahí? ¿ Me puedes echar una mano desde donde estés?…

Un comentario sobre “Demasiado personal (19)

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