ANYS

El doctor
—Hora de muerte, veinte horas con cuarenta y seis minutos,
muerte natural, nombre del difunto Ramón López Acosta, veinticinco
años, casado sin hijos, tome nota de todo.
— Como usted mande doctor, ya los familiares vienen por el
cuerpo para llevarlo a preparar.
El difunto es enterrado, los funerales son en casa de la madre que lo
pario. Después del novenario, la viuda recibe una visita inesperada.
— ¿Usted?
— Si Violeta, he esperado este momento desde el día que me
entere que se casó, quiero que sea mi esposa.
— Mi marido acaba de morir, aún estoy de luto, su propuesta en
este momento está fuera de lugar.
— Me disculpo por mi imprudencia — Hace una reverencia —
vendré en otro momento, con permiso.
El doctor regresa, para una muerte, no hay un plazo para llevar el luto,
mujeres lo llevan toda la vida, otras nunca lo hacen.
—Soy viuda y vivo en la miseria, ahora soy una peor opción para un
hombre como usted, dígame la verdad Eduardo alguna vez les hablo de
mí.
— Nunca, no la mencione, sus palabras me asustaron, era joven y
no quería un responsabilidad tan grande como el matrimonio.
— ¿Y qué le hace pensar que ahora me van a aceptar? mi estatus
social no ha cambiado.
— La amo Violeta mía, le ha amado siempre, he esperado tanto
este momento, lo que pienses los demás no me importa.
— El gobernador me pretende, no me pone peros por ser viuda y
pobre.
— el gobernador es un viejo y usted un mujer muy joven, por favor
acépteme como su esposo, nada me haría más feliz.
—Hábleles de mí con la verdad a sus familiares, lo van a
desheredar cuando sepan quién soy, sin fortuna usted no me sirve de
nada.
—Le ruego que perdone mis errores del pasado, no dependo de mis
padres, acépteme.
—Sus errores me obligaron a aceptar al hombre que casi me mata
a golpes, le di la prueba de amor que me pidió y yo esperaba más de
usted que un simple abandono, retírese por favor —Le abre la puerta —
aún tengo una reputación que guardar, no es correcto que estemos solos
la gente lo vio entrar.
Actualidad.
Las heridas siguen sanando, la ropa le quedo perfecta, es momento de
hacer el segundo asalto.
—Caridad por favor, señor gobernador, solo deme un minuto,
escuche a este pobre hombre, tengo señora y siete hijos, tenga piedad
de su pueblo escúcheme.
—Deja pasar a ese limosnero, que la gente no diga que no siento
lastima por el pueblo.
Una vez adentro, y cuando el gobernador le da la espalda, Jaime
aprovecha para realizar el asalto, el disfraz de andrajoso le trae ventaja
para esconder todo lo que necesita.
—Levante las manos y no voltee — Lo guía —mi arma está
cargada, no voy a dudar en usarla ¡el dinero muévase! — le ordena con
voz impotente —todo el efectivo, sé que tiene una caja fuerte, ábrala.
—Se equivoca no hay nada aquí, el guardia no tarda en entrar
todos vieron su cara, es un delito muy grave lo que trata de hacer,
¡robarle al estado! — Dice indignado.
El gobernador recibe un golpe en la cabeza que lo hace caer.
—Indíqueme donde esta y abra la maldita caja si no quiere que le
suelte un plomazo— Dice Jaime apuntándolo con el arma
— ¡No me haga daño, hare lo que me pide! —El gobernador está
muy ajustado.
Si hay una caja fuerte y es personal, no es dinero del estado, ella se lo
conto a Jaime.
—No voltee y dese prisa, tome la bolsa y ponga todo— Jaime tiene
el botín en sus manos —Ahora camine y métase ahí.
Primero asegura la vista del hombre, luego le amarra las manos y los
pies, cierra la puerta y sale con el botín, el guardia entrara pero no vera a
nadie, el ladrón tiene el tiempo suficiente para huir, su presentación es
tan desagradable que la gente evita mirarlo cuando pasa por las calles.
— ¿Por qué está vestido así? — Ella lo deja pasar.
—Está hecho violeta, la gente no vera raro que un doctor venga a
visitarla, creerán que está enferma.
El ladrón se despoja de su bata y muestra el disfraz con el que llevo a
cabo el botín, uno más y está listo.
Más tranquilo y con su verdadera personalidad, permite que ella le corte
el cabello y lo afeite, no necesita más esa apariencia.
***
“SE RENTA CUARTO CON TODOS LOS SERVICIOS SOLO
SEÑORITAS.”
—Que diré si alguien viene a preguntar — Violeta está nerviosa.
—Que ya alguien vino antes, solo espera a concretar el negocio
para quitar el anuncio — Jaime da vueltas despidiéndose del lugar.
—Su dinero está seguro aquí, le repito que esta casa es la más
segura en el barrio, no tenga desconfianza de mí, yo le juro…
—No me jure nada, ese dinero está destinado a su futuro, vendré
cuando tenga la parte que nos falta — Se acerca a la puerta.
—Vaya con dios buen hombre — Le da la bendición — pediré por
usted todas las noches, cuide su herida y si por algo las cosas no salen,
no dude en venir a pedir asilo, yo le estaré esperando.
Jaime se va, ella se queda sola esperando al primer inquilino, pero
alguien más toca a su puerta. Violeta lo invita a pasar, se va, ya no le
importa lo que digan los demás.
—Vi el anuncio, por fin está sola, han robado al gobernador —
Informa —la ciudad siempre ha sido insegura pero este es el colmo, se
ha quedado sin nada, tendrá que mirar para otra lado Violeta, le ruego
mire hacia mi lado
—Buscaré otro pretendiente que tenga su misma posición, alguien
más, que pueda ofrecerme matrimonio.
— ¿Quién era esa hombre? Le ruego que quite los malos
pensamientos que inundan mi cabeza por las noches.
—Se lo dije, un inquilino que me quedo mal, se fue sin cumplir su
contrato, no tengo alquiler.
— ¡Un hombre!
—No era para él, su hermana venía con horas de retraso, se ha
quedado una noche y le han asaltado y herido, es caridad lo que hice con
ese hombre, eso enseñan en la iglesia, ella llego pero la inseguridad la
hizo huir, necesito un nuevo inquilino.
—Sé que vive de su alquiler, la persona que me ayuda es muy
mayor, yo puedo enseñarle a realizar un buen vendado, a asistirme en
alguna operación, no tendrá que depender solo de eso.
— ¡Una enfermera! — Le parece poco para una mujer como ella.
—Todos los trabajos son honrados por muy humildes que
parezcan, no tiene por qué avergonzarse de ello.
—No pensaba eso de mi cuando era la criada de su tía, creía que
era denigrante.
—Era joven y no sabía nada de la vida, ahora soy un hombre, le
ruego que olvide mis errores del pasado que tanto la lastiman y me dé
una nueva oportunidad.
—Será mejor que se retire — La viuda se pone de pie, el doctor la
sigue.
— ¿Está enferma? — Dice antes de salir— Un colega ha venido a
visitarle— Los vecinos lo vieron entrar, hablan de ella por las calles —
dígame violeta que le aqueja, quien mejor que yo para asistirle, puedo
guardar cualquier secreto, sabe que puede confiar en mí.
—Solo es un resfriado.
—Permítame hacerle una breve revisión —Regresa de la puerta,
pone el maletín sobre la mesa y saca sus instrumentos — recuerde lo
que le paso a su difunto esposo por una simple gripa que no se cuidó
como es debido.
Violeta toma asiento, coopera con el doctor, mira sus ojos con seguridad,
levanta su mentón con orgullo, él escucha su corazón, todo parece estar
bien.
Eduardo se va aunque quisiera quedarse para contemplarla siempre.
***
—Buenas noches — Se despide su ayudante.
—Vaya con Dios mujer.
Hay un pasamontañas en el rostro del asaltante, muestra su arma para
intimidar a la víctima, da órdenes sin emitir una silaba de sus cuerdas
vocales, empuja y el hombre camina, va directo a la caja fuerte, abre la
caja, recibe la bolsa, la toma y mete toda su fortuna, lo hace lento para
ganar tiempo, hay un objeto muy filoso que siempre lleva consigo, el
ratero suelta el arma para tratar de vendarle los ojos, olvida que solo
tiene dos manos, la victima voltea pero no ve su rostro, trata de trazar
una línea recta en la piel del hombre pero su muñeca es detenida y toma
un rumbo diferente, la línea se traza pero en la piel de la víctima y con su
propia mano, hay sangre y cae al piso, el ladrón huye a esconder su
botín.
El consultorio está abierto y pasan de las nueve, hay un letrero con el
horario de atención, debería estar cerrado.
—Buenas noches, ¿hay quien atienda en este lugar?
La campanilla suena, nadie atiende. El herido esta tirado en el piso se
desangra.
— ¿Usted? ¿Qué hace aquí? — Pregunta el doctor desde el piso,
no se puede mover
—Mi herida, quiero saber si ya sano completamente.
Nno pierda el tiempo ¡el teléfono! me han asaltado, llame a la
policía.
El herido es levantado sin mucho esfuerzo por el paciente, la camilla está
muy cerca.
— ¡El teléfono por favor! no ha pasado mucho tiempo, aún pueden
atraparlo.
—Su vida vale más que su dinero, usted me salvo la vida voy a
devolverle el favor.
El herido sangra y se queja, Jaime corta la ropa con unas tijeras, luego
con los lazos que detienen las cortinas, amarra al doctor de pies y
manos a la camilla.
—Necesito alcohol, dígame donde están las cosas, aguja, hilo, y
también va a necesitar mucho valor.
— ¡Está loco, llame a la policía usted no es doctor!
El paciente busca y encuentra, pone el alcohol en un plato y sumerge
una gasa, la exprime sin esfuerzo y lo pone sobre la herida provocando
un grito de dolor del herido.
— ¡Maldito loco, que trata de hacer!
—Devolverle el favor, no quiero deberle nada ¿quiere un trago? lo
que sigue le dolerá mas.
El paciente tapa la boca del herido, necesita tranquilidad para realizar su
trabajo, toma la aguja y ensarta el hilo, hace un nudo y comienza.
— ¿Le duele doctorcito de pacotilla? ¡Hijo de su puta madre así me
dolió a mí! de no ser por esa alma de dios me hubiese mandado al
infierno.
Es de madrugada y alguien toca a la puerta de la viuda.
—Entre rápido, gracias dios está bien, no lo esperaba aun, no he
parado de pedir por usted ¿tiene hambre? ¡Dios mío hay sangre en su
ropa, lo han herido!
—No es mía— Tranquiliza a la mujer — no mate a nadie, ayude a
una persona, creo que me acabo de ganar el cielo.
La viuda da de cenar al ladrón, pone agua a tibiar para que se dé un
baño, la noche es larga hacen, planes no duermen.
—Bueno, dijo que quería algo a cambio, me gustaría saber que es,
me atormenta estar adivinando.
—Su casa, le voy a comprar la casa y le pagare el doble por ella,
iremos con un notario, todo será en regla, será mía con papeles y dentro
de la ley.
— ¡Mi casa! Pensé que quería algo más, algo que solo una mujer
puede darle.
—Pensó mal Violeta. —Jaime camina por la habitación —Ya
empieza a amanecer, me di a la tarea de encontrar a la persona perfecta,
vendrá mañana y empezara el papeleo, usted podrá ir a donde quiera,
comprar otra propiedad, empezar una vida con mucho dinero.
—Quizá encuentre un marido en ese nuevo lugar.
—Lo más seguro, vamos a dormir unas horas, el notario vendrá a
las diez.
Jaime sale, se recuesta en la cama, escucha el llanto de la viuda.
— ¿Qué hace Jaime? Por favor salga de mi cama.
—No tiene que tener marido para que la hagan sentir mujer,
póngame un alto si no quiere que continúe, es viuda Violeta, no tiene
nada que perder, dijo que su matrimonio nunca se consumó.
—Ya no soy virgen si a eso se refiere.
—Mejor aún, su futuro marido tendrá que quererla como esta,
usted estaba dispuesta a entregarle su cuerpo a un marrano a cambio de
un matrimonio por conveniencia, yo no voy a pedirle nada a cambio, diga
que no y me iré directo a mi habitación, las cosas continuaran como
están planeadas.
Tres días después, el anuncio es retirado.
—He venido a conocer al nuevo inquilino.
—No lo hay.
—Retiro el anuncio — Afirma el doctor.
—Me voy, vendí la casa, me pagaron lo doble de su valor, el
comprador estaba muy interesado, voy a empezar una nueva vida— se
hace lado, lo invita a pasar — aun puedo ofrecerle una taza de té, la
última.
El doctor camina con mucha dificultad, toca su herida y se queja.
— ¿Está bien? que le pasa ¿qué tiene? por favor tome asiento
déjeme ayudarlo ¡dios mío está herido!
—Estoy bien no se preocupe.
—Venga — Lo guía —recuéstese en la cama, tengo gasas y
analgésicos del herido anterior.
—Ese malnacido ha sido.
— ¡Que dice! Quien ha sido, quien le ha hecho daño.
—Disculpe mis palabras, olvídelo.
La mujer retira la gasa y ve el trabajo mal hecho en la piel del doctor,
aplica ungüentos y vuelve a vendar, luego le ofrece un té.
—Beba — Pone la tasa en las manos — se va a sentir mejor.
—Gracias, sus manos hicieron un gran trabajo, aun puedo
enseñarle a realizar un buen vendaje, solo eso Violeta, me han robado,
ya no tengo nada que ofrecerle, ya no tengo fortuna.
—No hable más, la casa ya no es mía pero puedo quedarme el
tiempo que sea necesario, yo voy a cuidarlo y su herida va a sanar,
duerma.
La viuda sube a la cama y duerme a su lado, los días pasan y la herida
muestra una mejor cara.
—No puedo seguir reteniéndola Violeta, entregue la casa y siga su
camino, de verdad deseo de todo corazón que encuentre al marido que
busca, le pido una disculpa por todo el daño que le provoque al negarme
a casarme con usted, por quitarle la pureza que le pertenecía al hombre
que la desposo, por el daño que ese rufián le hizo por mi culpa, le juro
que he vivido atormentado desde que vi sus heridas, que soñé miles de
noches en curarlas y sanarlas con mis besos.
El doctor besa la mano de la mujer, se despide con el corazón
destrozado.
—Eduardo.
—Sí, dígame — Regresa y se pone a sus órdenes.
— ¿Aún necesita una enfermera?
—Sí, y también una esposa.
Dos meses después.
—Mire mi reina, esta es su casa ¿le gusta?
— ¿De veras es suya mi rey?
—Pásese para que la vea, cuando le he mentido.
—Muchas veces ¡esta re chiquita! de afuera se miraba más grande.
El ladrón pone las manos en las caderas de su mujer y la guía por todo
el lugar, toman como lecho matrimonial la habitación que la viuda
siempre ofrecía en renta, la mujer se levanta temprano y limpia todo el
lugar.
— ¡Gordito! correo ven, mira lo que encontré, somos ricos amorcito
hay un tesoro escondido en el patio.
***
La viuda es depositada en casa de los tíos del doctor, como si fuera
señorita.
—Es la hija de la sirvienta, no tiene fortuna.
—Tampoco yo ¿puede quedarse o prefiere que la lleve a otro lugar?
todavía soy parte de su familia.
La boda se realiza de una forma sencilla, luego ella va a vivir a casa del
doctor, su posición social no es la que Violeta esperaba, su marido no
tiene dinero ni propiedades, pero conserva su casa, su consultorio y todo
lo necesario para volver a tener una fortuna, ella lo ayuda, ya aprendió
todo lo que debe saber una enfermera.
Una mujer embarazada espera su turno al lado de su marido, el
consultorio le queda muy lejos del barrio en el que se viven, pero el
hombre dice que es el mejor doctor de la ciudad razón por la cual están
ahí.
Ellos se encuentran después de varios meses.
—Lo hirió, nunca menciono que la tercer victima seria él, yo no lo
hubiera permitido, quiero que devuelva lo robado.
—Gajes del oficio Violeta, no fue intencional, su marido trato de
resistirse, devolveré su parte como un regalo de bodas, le felicito por su
matrimonio, me sorprendió que no tomara nada de lo que había en la
casa, encontré todo intacto, tal como le fue entregado.
—Gracias por tratar de ayudarme, pero este era mi destino y estoy
agradecida por ello, Eduardo me ama y gracias a su intervención en
nuestras vidas ahora estamos juntos.
—Y gracias a la suya ahora soy un hombre rico, no necesito robar
más, le devolveré también su casa, le mandare los papeles por
paquetería.
La plática es interrumpida por el doctor, le habla desde adentro del
consultorio.
—Amor, puedes pasar al siguiente.
—Sí, enseguida, pase por favor señora.
La pareja pasa al consultorio el doctor esta de espaldas.
— ¡Usted!
—Cuanto gusto de volver a verlo doctorcito ¿Cómo está su herida?
— ¿Y la suya?
—Los dos estamos vivos de milagro, no soy el paciente en esta
ocasión, mi mujer está embarazada, me consta que es el mejor médico
de la ciudad, la pongo en sus manos y también a mi hijo, espero que la
experiencia le haya enseñado a dejar los asuntos personales fuera de los
asuntos de trabajo.
Fin

Un comentario sobre “Violeta ríe y llora (4)

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