ALBERTO ROMERO

Comida en Familia.

Antonio llegó a casa de su hermana Marta y ya antes de tocar al timbre oyó las
carcajadas de los gemelos, que debían estar correteando a gritos por el pasillo.
Sonrió ilusionado y añorando un futuro así de idílico en el que Ana y él serían felices
junto al bebé que estaba en camino, a pesar de la incertidumbre actual que
tanto le angustiaba.
Cogió aire unos segundos y se prometió a sí mismo no derrumbarse delante
de su hermana para no hacerla sufrir más de la cuenta.
Tocó el timbre y enseguida le abrió la puerta su cuñado Deyan sonriéndole de
oreja a oreja y con los gemelos amarrados cada uno a una pierna. Los niños se
abalanzaron a los brazos de Antonio en cuanto lo vieron y se los comió a besos.
Que gusto daba visitarlos y ser recibido con tanto amor aunque apenas tuvieran
dos años y se tambalearan al caminar.
Deyan también le recibió agarrándole por el hombro con fuerza y preguntándole
como se encontraba mientras entraba para adentro de la casa. Deyan era búlgaro
y daba miedo verlo cuando no le conocías. Su aspecto físico imponía hasta al
más duro, pero era sólo una fachada que poco tenía que ver con su interior. Tras
aquel cuerpo, que más parecía un armario empotrado que el de un hombre, se escondía
una persona sensible, sencilla y amable hasta niveles insospechados.
Antonio todavía recordaba el día que su hermana le contó que se había
enamorado de un hombre “del este” como ella decía y le tomó el pelo preguntándole
si era de Valencia. Ella pensando que todos criticarían en casa que se echase
un novio extranjero y resultó que Deyan los enamoró a todos con su forma de ser.
Marta le esperaba en la cocina poniendo la mesa y se abrazó a él en cuanto le
vio entrar. Los gemelos se dispersaron con las bolsas de chuches que les había
traído Antonio como regalo. Su hermana enseguida preguntó por Ana y si él necesitaba
algo en lo que ella le pudiera ayudar.
Deyan trabajaba como fontanero para una empresa multigremios e iba a turno
partido, así que pudo quedarse a comer con ellos. Antonio y él se llevaban a las
mil maravillas y le dio mucha alegría poder compartir aquel rato también con él.
La comida transcurrió muy bien y Antonio no veía momento de contarles la noticia
de que Ana estaba embarazada. Llegado el postre les soltó la noticia y aunque
la primera reacción fue de alegría enseguida se quedaron preocupados por la
situación en la que se encontraba Ana. Antonio les transmitió las esperanzas que le
había dado la doctora Garmendia y se abrazaron emocionados concentrándose
en el lado positivo de la noticia.
Antonio se sintió con confianza también de confesarles lo que había pasado el
día del accidente de Ana con Josefa. Sus caras de incredulidad fueron un poema.
Marta se llevaba las manos a la cabeza porque no podía entender que una mujer
tan dulce como Josefa le estuviese chantajeando a su hermano. Deyan dio un
golpe en la mesa cabreado y dijo que aquello no lo podía consentir, pero Antonio
les pidió calma. Desde que había pasado lo de Ana parecía que Josefa le estaba
dejando tranquilo y quería ver por donde avanzaba el suceso después de todo.

Un comentario sobre “Demasiado personal (15)

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