ANYS

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25 de Julio de 1960.
El MÉXICO DE HOY.
“SE RENTA CUARTO CON TODOS LOS SERVICIOS”
“SOLO SEÑORITAS”
— Es para mujeres, soy viuda y es indecente tener un hombre en
mi casa — Dice cubriéndose el cuerpo con su vestido, abrió la puerta, sin
salir atendió al individuo.
— Es para mi hermana.
— ¿Y dónde esta ella? — La busca pero no la encuentra.
— Viene de Torreón, he venido antes para encontrarle un lugar
seguro donde pueda pasar el invierno— el individuo saca su cartera —le
pagare el doble que pide, si me lo permite.
— No lo conozco ¿tiene algún documento que acredite su
identidad?
—En otros lugares con mi nombre es suficiente — Guarda su
cartera.
— ¿Cuál es su nombre?
— Jaime Torres de la O a sus órdenes señora — Hace una
inclinación, viste un sencillo pantalón, zapatos formales, cinto y camisa
de manga larga.
— Su nombre no me suena conocido.
— Le repito que no soy de aquí, no quiero que alguien más me
gane el alquiler.
—No tengo prisa, le prometo que si alguien más se interesa le daré
prioridad a su hermana. — Quiere cerrar la puerta.
— No puedo esperar señora — Dice con mucho respeto —estoy
aquí de pasada, por favor, le ruego que tome en consideración mis
excusas, mi hermana se lo agradecerá en adelante que la conozca.
***
—Esta casa es la más segura en todo el barrio— Dice mientras caminan
por el patio— las paredes son altas, hay vidrios en todo alrededor, el
baño está afuera y lo compartirá conmigo, la puerta se cierra a las diez
en punto, la hora correcta para que una señorita este afuera, varia, pero
seré tolerante hasta esa hora, por cualquier incidente que pueda tener,
solo hay una llave — La lleva colgada sobre el cuello — siempre estoy en
casa, no tendrá problemas para entrar o salir, solo tiene que tocar y yo
atenderé inmediatamente. El pasillo le da independencia a su habitación
por la parte de adelante, por atrás se comparte el patio y todo lo demás,
me gusta la gente limpia y ordenada, por ningún motivo puede meter a
ningún hombre a la habitación, la renta se paga el día primero de cada
mes, si hay algún retraso, tendrá que informarme con tiempo, para
evitarme la pena de traer a la autoridad para que desaloje mi propiedad.
La viuda deja la puerta abierta, es temprano, el hombre mete las cosas a
la recamara y las acomoda, ella lo mira desde la cocina sala comedor, la
casa es muy pequeña, el hombre entra a la recamara y ya no sale.
A las 10 en punto, ella cierra la puerta con llave, mañana temprano le
pedirá al individuo que se retire, la habitación es para su hermana no
para él. Luego de asegurarse que todo está sellado, la mujer se encierra
en su habitación, no sale al baño hasta que amanece.
***
La viuda supone que la señorita llegará en cualquier momento, no pudo
despedirse del extraño, abrió la puerta pero nunca lo vio salir, está
lloviendo, la señorita llegará mojada y le dará un resfriado.
La joven no llega, es momento de cerrar la puerta, hay luz en la
habitación, la puerta está abierta, un hombre en el piso se desangra.
Las heridas fueron provocadas por un objeto pulso cortante,
posiblemente un cuchillo o una navaja de gran densidad, está lloviendo
su ropa esta empapada, el pesado cuerpo es arrastrado de los pies por
la débil mujer hasta su recamara, el piso está inundado de sangre del
mismo herido, tiene fiebre, es medicado por un charlatán que sin verlo
dice cuál es su mal, las heridas están vivas y le revuelven el estómago a
cualquiera que las tenga presente.
***
La siguiente escena se repite cinco años atrás, la misma mujer ante su
puerta pidiendo su ayuda, el consultorio está muy lejos del barrio donde
vive ella, no es correcto que viajen juntos, pero es, nuevamente una
emergencia, el herido esta tendido en el piso, pálido, el doctor retira la
manta que cubre el cuerpo del extraño, está desnudo, cubre el miembro
del hombre para que mujer no lo mire, pero ella lo desnudo, la joven
mujer va por el botiquín y por cosas que quizá el medico necesite.
— ¿Quién es usted? ¿Qué hace aquí? hable si no quiere que vaya
a la policía— El doctor susurra para que no lo escuche la mujer.
El enfermo se queja, no puede pronunciar palabra, pero su mirada dice
mucho, está sufriendo.
— No venía preparado para esto — Informa el doctor —Ayúdeme a
amarrarle las manos, voy a coser sin anestesia.
Terror en los ojos de la joven mujer.
— ¡Pero le va a doler! Hay una farmacia cerca, usted es médico le
pueden vender el medicamento.
No podemos perder tiempo, se está desangrando, este hombre puede
aguantar eso y más, mírelo, tiene heridas viejas en todo el cuerpo.
— Tengo alcohol— Ella piensa en el herido y en el dolor — bébalo,
ande dele otro trago — Levanta la cabeza para que le extraño trague, el
doctor se acerca, ya usa sus guantes — ¡por favor espere a que el
alcohol le suba a la cabeza! dios mío no quiero ver esto.
El cuerpo del hombre tiembla como gelatina, el medico acaba de
empezar, ella sube sobre el cuerpo para ejercer más peso, y el medico
pueda continuar cociendo, los gestos del enfermo alertan a la mujer, grita
cuando el dolor es insoportable y se aferra al trapo en el cual esta tirado.
El sufrimiento continua hasta que ella pone fin al martirio, le pide al
doctor que se vaya, no debió ir a buscarlo.
—Tranquilo, no lo va a lastimar más — Le habla al enfermo, luego
se dirige al doctor — ¡Váyase y llévese todas sus cosas!
— Lo siento, lo haré nuevamente y tendré más cuidado — Dice el
doctor.
— No ¡fuera de mi casa!
— Por favor, discúlpeme.
— No se lo voy a pedir nuevamente ¡fuera!
Las manos del enfermo son libres, las heridas siguen ahí, hay sangre, ya
están desinfectadas y hay varias puntadas que paran el sangrado, la
fiebre continua toda la noche, el charlatán vuelve a medicar con los ojos
cerrados.
***
— Ese medicamento es apócrifo, lo va a matar — Dice el doctor
con el pomo en sus manos — tengo la anestesia y puedo terminar el
trabajo, por favor, permítame entrar, le juro que no lo voy a lastimar.
El médico, limpia, desinfecta, cose, inyecta, receta y médica, es un
profesional, los asuntos personales deben quedar a un lado. El extraño
esta tan débil que no se resiste a la ayuda del hombre, el medico termina
y se lava las manos, el enfermo duerme y aún tiene fiebre.
— ¿Quién es? sus heridas delatan sus pecados, si no es un
asesino, es un ladrón, usted debería de guardar su reputación sacándolo
de aquí, este hombre no le llama nada.
— Termine su trabajo y dígame cuanto es, no quiero deberle nada,
ni ahora ni en un futuro.
El medico guarda todo en su maletín, se retira los guantes y da
indicaciones a la mujer.
— Que no se mueva, las heridas se pueden abrir con cualquier
esfuerzo, la fiebre debe bajar con el medicamento, hay que estar al
pendiente toda la noche, hay que arrimar una bacinilla y una botella para
que orine, es muy pesado, usted no podrá levantarlo sola.
— Gracias, yo sabré como le hago, ya váyase es tarde y no es
correcto que este aquí a estas horas.
— Lo que no es correcto, es que tenga a ese extraño en su
habitación, me gustaría saber porque tiene tantas consideraciones con
un desconocido.
— Quien dice que es un extraño para mí.
— ¿Entonces lo conoce?
***
El anuncio fue retirado, la supuesta hermana no llega, la habitación está
echa un asco, ella limpia y abre la valija del hombre, no hay nada, ni
documentos personales, nada que delate la identidad del herido, solo su
palabra.
La fiebre viene y se va, es la segunda noche, es difícil cambiar las
sábanas porque están mojadas del sudor del enfermo, la viuda se
acuesta a su lado y toca su frente, está ardiendo, recorre con las yemas
de los dedos las heridas viejas del extraño, son parecidas a las que ella
tiene, él tiembla y empieza a desvariar.
— Jaime, me escucha, todo está bien, tranquilícese, abra la boca,
la fiebre bajara enseguida ¿tiene sed?
El hombre está asustado, el dolor que le causo los maltratos del doctor le
causa pesadillas, ella duerme a su lado toda la noche.
— ¿Quiere orinar? —La mujer lo ayuda —tenga, es una botella
póngala y orine, yo la voy a llevar a fuera cuando termine, le voy atraer
más agua.
La fiebre dura dos días más, luego desaparece.
— ¿Cuál es su verdadero nombre? su hermana no existe, me
engañó, vivo del alquiler y a veces no me alcanza para comer, aun así no
puede quedarse, es un hombre y yo una mujer, tengo una reputación que
cuidar, en este asqueroso lugar a nadie le importa mi vida, pero hay una
persona que está interesada y su estadía aquí puede perjudicarme.
— Firmamos un contrato por seis meses— El enfermo habla — Le
pagare los seis y solo me quedare hasta que me sienta mejor, nadie
sabe que estoy aquí, usted dijo que es la casa más segura del lugar.
— ¿Que le pasó? ¿Quién le provocó esas heridas? ¿Sabe porque
sigue aquí? Porque estoy segura que en su condición física no puede
robarme nada, la habitación que le rente era de mi difunto esposo, es
más amplia que la mía como puede ver, lo arrastre hasta acá porque su
cuerpo nadaba en su propia sangre, creí que iba a morir, el doctor hizo
un gran trabajo.
El enfermo se pone pálido nada más de escuchar la palabra doctor.
— Cuando se sienta mejor tendrá que darse un buen baño porque
apesta, tomare su dinero porque lo necesito, estoy cansada de vivir en la
miseria.
La mujer se lava y prepara la comida, se sienta derecha, pone un
pañuelo en su regalo y come con cubiertos, más tarde enciende la
pequeña televisión que esta sobre el ropero, la calidad de la señal es
mala y la novela va a empezar.
— Necesito su ayuda, tome esto— le da un zapato de tacón — golpee fuerte cuando la imagen se vea aclara, yo voy a subir a mover la antena.
La imagen mejora, hay un sonido que molesta a los oídos, el volumen está
bajo.
— Teníamos una televisión a colores en casa, las almohadas
estaban llenas de plumas, las mantas eran de ceda, tenía mi propia
sirvienta, la casa era enorme, esta es una pocilga, mi padre nos llevó a la
ruina.
El agua está tibia, el resumidero y el retrete están afuera en el patio, la
mujer ayuda al hombre a levantarse con mucha dificultad, es un hombre
corpulento, el cuerpo es restregado con fuerza con estropajo y luego con
una piedra porosa y áspera, con la cual también friega las cazuelas que
están más sucias.
— No puede andar desnudo por toda la casa, tengo una bata que
quizá le quede, el doctor dijo que no se moviera, si necesita algo pídalo,
la bacinilla está limpia y la botella sobre la mesa, por favor no haga
esfuerzos, necesito que se reponga para que se vaya, voy a salir, si
alguien toca no responda, se supone que estoy sola y la inquilina es una
mujer.
La viuda viaja hasta el portal y toca la puerta del hombre más rico de la
colonia, de la ciudad, de todo el estado, el gobernador.
Horas más tarde.
— La estaba esperando, el enfermo necesita que le retire las
puntadas, la puerta está cerrada, toque pero nadie respondió.
Ella abre la puerta con la única llave.
— Nadie lo necesita en esta casa, váyase, la gente lo está
mirando, este no es lugar para un señor de su clase.
***
El extraño está de pie, mira por la orilla de la ventana, la mujer tiene
razón, la puerta esta sellada, las paredes son altas y no hay otro espacio
para entrar o salir que la puerta de la calle.
El doctor entra y hace su trabajo, quiere saber quién se atrevió a retirar el
hilo que unía la piel de aquel hombre.
— Yo mismo doctor— Contesta el enfermo.
— ¡Vaya puede hablar! pensé que era mudo, ya puede decirme
quien es y que hace aquí.
La viuda contesta en lugar del enfermo.
— Es mi nuevo inquilino, si ya terminó, dígame cuanto es para
pagarle, y por favor retírese.
— ¡Un hombre y desnudo! pensé que aún le importaba su
reputación, así pretende quedar bien con el gobernador ¡Que va a pensar
cuando se entere!
— ¿Ya terminó?
El doctor se va, no cobra por sus servicios, ellos se quedan solos.
— El doctor es un gran problema — Comenta el enfermo, mientras
ella retira las vendas.
— No dirá nada, se lo aseguro, me gusta la gente limpia, le pondré
agua a tibiar para que se dé un baño.
Es la segunda vez que el hombre se muestra de cuerpo completo ante la
mirada de la mujer, ella se agacha a tallar las partes más oscurecidas por
la falta de limpieza año con año, es imposible que no mire lo que tiene
enfrente.
—Nosotros no teníamos intimidad como las demás parejas,
dormíamos en cuartos separados, mi matrimonio nunca se consumó —
Luego de las palabras se avergüenza — Discúlpeme, mis problemas no
tienen por qué interesarle y no es correcto que hable de esto con usted,
estoy acostumbrada a hablar sola porque siempre lo estoy, mis inquilinos
anteriores solo venían adormir.
El gobernador tiene cincuenta y cuatro años, es calvo y tiene sobrepeso,
la gente lo busca para pedirle ayuda, ella tuvo la suerte de ser escuchada
por ese hombre en una ocasión, y fue suficiente para llamar su atención,
caridad es lo que la mujer buscaba, contó su historia y él dijo que la iba a
ayudar, matrimonio es la ayuda que ella necesita.
La mujer se arregla, pone en su cuerpo un vestido elegante, calza
tacones, pone maquilla y pintura en su rostro, huele a perfume y los
aretes son de oro, joyas que conservó cuando era soltera.
El gobernador viene en persona a buscarla, ella no lo deja pasar, sale y
cierra la puerta, regresa más tarde sola.
— ¡Maldito viejo asqueroso! si no hay matrimonio no va a obtener
nada de mí.
***
Otro día la mujer vuelve a casa del gobernador, él no la quiere recibir,
dice estar muy ocupado, la viuda regresa sola en el metro, llora, añora su
antigua vida, no le importa el gobernador, quiere ser rica otra vez, vivir
con lujos, poder, respeto, salir de la miseria en la que vive.
—El doctor es un hombre de posición, es joven y parece conocerla.
—No me quiere como esposa.
—El viejo ese tampoco.

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