ALBERTO ROMERO

Noche de tormenta.

Antonio se despertó sobresaltado y sudando en mitad de la noche. Miró el
despertador y marcaba las 03:06h. Le pareció escuchar el teclado del Mac que
Ana aporreaba ilusionada cuando empezó con el blog. Se levantó de la cama y fue
al origen del sonido en el salón, extrañado de que Ana estuviese despierta a esas
horas.
Al llegar al salón descubrió que el ruido que le resultaba tan familiar era la lluvia
cayendo con fuerza en la calle. La ventana estaba abierta y la cortina parecía un
fantasma bailando al son de la tormenta. Cerró la ventana con rapidez y se quedó
mirando a la calle hipnotizado por la cortina de agua.
Algo se movió entre dos coches aparcados en frente. Antonio fijó la mirada y
vio correr a alguien bajo la lluvia hasta perderse entre la sombra del final de la calle.
Ese alguien volvió la cabeza hacia Antonio durante un segundo antes de girar
la esquina. Un rayo iluminó la silueta en ese momento y Antonio quedó horrorizado,
era su suegra cubierta con una capucha de chandal.
Esos ojos no le engañaban, era ella seguro. Había poca luz en la calle, pero el
flash del rayo había dejado totalmente al descubierto su rostro.
Antonio volvió a despertarse sobresaltado y sudando. Miró de nuevo el despertador
y marcaba las 05:07h. Escuchó despierto desde la cama, pero el silencio
reinaba en el piso. Intentó volver a dormirse sin éxito. El pensamiento de cómo estaría
Ana en el hospital le ocupada todo el cerebro a aquella hora. Tenía la cabeza
dolorida, con sensación de resaca. La noche había estado sembrada de pesadillas.
Se levantó a por un poco de café y se asomó por el balcón de la cocina a ver si
llovía. Seguía cayendo como a las tres de la mañana. ¿Lo había soñado o era verdad?.
A pesar de la lluvia hacía calor en la ciudad y sin pensarlo salió en camiseta y
nada más a la terraza. En apenas dos segundos estaba empapado por completo y
sintió que la lluvia aliviaba el martilleo de la resaca en su cabeza.
Volvió a quedarse con la mirada perdida en los tendederos del patio de luces
del edificio. Durante un rato dejó que la lluvia le mojase con la mente en blanco.
Se puso el albornoz y se sentó con el café en el sofá del salón. Encendió la tele
sin mirar siquiera el canal y reposó la cabeza en el cojín del lateral. Se quedó dormido…
A las 7:30h sonó el despertador en la habitación y Antonio pegó un saltito en
el sofá. Se levantó a apagarlo y volvió al sofá. Se terminó el café frío y recobró
poco a poco sus pensamientos centrados en Ana. Vaya noche de mierda había pasado.
Se preparó para ir a visitar a Ana en apenas quince minutos. Fue a coger su teléfono
móvil para llamar al control de enfermería antes de salir de casa, pero no lo
encontró. Mierda, ayer lo perdí y ni me acordaba. Menudo fastidio justo cuando
más lo necesitaba. Llamó desde el teléfono fijo al hospital y le dieron la noticia de
que todo seguía igual, pero que el médico quería hablar con él.
Colgó y marcó su propio número del móvil. Escuchó el primero tono y la melodía
apagada de su teléfono. Dejó el auricular y siguió el sonido hasta debajo del
sofá. Allí estaba vibrando sobre si mismo su móvil. ¿Cómo coño había llegado allí?
Salió de casa camino al hospital sin perder tiempo.
Josefa lo observó cerrar con llave desde su escondite en el armario empotrado
del pasillo…

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