PSIQUE W.

Ana es una niña de once años normal y corriente, tiene unos padres normales y corrientes, vive en una casa normal y corriente, en un pueblo normal y corriente. También tiene unos ojos grandes y marrones normales y corrientes, con un pelo castaño normal y corriente y unos mofletes sonrosados normales y corrientes.

Aparentemente, todo es normal y corriente en Ana, salvo una cosa. Ana es una niña triste y solitaria. La razón de ello es como discurre su día a día en el colegio. En el colegio, algunos de sus compañeros y compañeras de clase se meten con ella. Le dicen cosas feas sobre su forma de ser, su forma de hacer las tareas en la escuela y algunas veces sobre su físico. Mientras, el resto de niños y niñas no hacen nada para ayudarla porque también tiene miedo de que los niños malos se metan con ellos. Esta es la razón por la cual Ana no tiene muchos amigos, casi no tiene ninguno, y también es la razón por la que llega triste a casa. Ana está cansada de sentirse sola en la escuela.

Como todos los días, Ana es la primera en salir de clase cuando la maestra les da permiso para irse a casa. Ana recoge rápidamente sus lápices, libretas y libros y sale corriendo del colegio con su mochila roja a la espalda y sus viejas zapatillas moradas. Así, evita que los matones de su clase la increpen por los pasillos y la empujen. Nada más salir de la escuela, comienza a correr, cruzando esquinas y pasos de cebra sin mirar a los lados. Cuando llega a casa, Ana jadea por el cansancio de tan larga carrera. Al entrar a la cocina para beber agua ve a su padre terminando de preparar la comida.

  • ¿Por qué llegas siempre corriendo Ana? –le pregunta su padre extrañado.
  • Me gusta correr –responde Ana de mal humor. Una de las cualidades de Ana es que es un poco deslenguada, y no le importa contestar de mala manera a quien se ponga por delante. Lo hace para protegerse de los demás.

El padre de Ana está en paro desde hace un año. Trabajaba en una fábrica de refrescos, pero hicieron reducción de plantilla y se quedó sin trabajo. Desde entonces, el padre de Ana, es quien limpia la casa, prepara la comida y hace la compra.

  • Suelta la mochila en tu habitación y baja a comer, ¿vale? –le dice su padre haciendo caso omiso a los malos modos de Ana.
  • Sí papá –responde Ana de mala gana.
  • Por cierto, he limpiado el desván de los abuelos. Te he dejado una caja con cosas viejas en tu habitación que creo que pueden gustarte –dice el padre de Ana en tono amable.
  • Vale papá, le echaré un ojo –contesta Ana mientras sube las escaleras hacia el piso de arriba.

Ana vive con sus padres en casa de sus abuelos maternos. Su abuelo murió cuando ella tenía cinco años y su abuela murió hace un año, justo cuando se mudaron a su casa. Antes, Ana y sus padres vivían en un piso grande, espacioso y nuevo. Pero el banco echó a Ana y sus padres de su piso por no poder pagarlo al quedarse el padre de Ana sin trabajo. Así fue como terminaron viviendo en casa de la abuela materna de Ana. Cuando murió su abuela, la madre de Ana heredó la casa y finalmente se la quedaron.

Ana sube corriendo las escaleras hasta llegar a su habitación, que antes fue la habitación de su madre. Es cuadrada, con una cama grande, un armario de madera y un escritorio al lado de la ventana y con una estantería llena de libros y peluches encima. Cuando entra, Ana tira la mochila al suelo y se sienta delante de la caja de cartón que su padre le ha dejado, llena de cosas, en mitad de su habitación. Empieza a rebuscar y mirar todo lo que hay, encontrándose con ropa vieja, muñecas, la tulipa de una lámpara, unos prismáticos viejos, una caja de latón, papeles antiguos… Hasta que finalmente encuentra algo que llama poderosamente su atención.

En el fondo de la caja, muy bien escondida, o perdida, Ana se topa con una antigua pluma estilográfica. La pluma es muy brillante, de color verde jade, con un diminuto rubí rojo en el capuchón y el clip y el plumín dorados. Nunca había visto una pluma estilográfica de cerca, pero Ana se queda fascinada por ella y observándola con mucho detenimiento decide quedársela.

  • ¡Ana! ¡Vamos a comer! –grita su padre desde el piso de abajo.

Ana se mete la pluma en el bolsillo de su sudadera granate y baja corriendo las escaleras hasta llegar al salón. Cuando entra, la mesa esta puesta y sus padres la están esperando para comer. Ella se acerca a su madre y le da un beso en la mejilla antes de sentarse delante de su plato. La madre de Ana trabaja en unos grandes almacenes, como encargada de la sección de informática. Trabaja allí desde que los abrieron, es una de las empleadas más veteranas, y es gracias a ese trabajo que el hogar de Ana sale adelante.

  • Cariño, ¿cuándo vas a tirar esas zapatillas tan viejas? –le pregunta su madre.
  • ¡No quiero tirarlas mamá! Me gustan mucho –dice Ana en un tono mal humorado.

Ana siempre lleva unas zapatillas moradas, muy viejas, pero que le gustan mucho porque se las regaló su abuela paterna. Son unas zapatillas de lona, con la suela muy gruesa, que le cubren el pie desde el tobillo y tienen unos cordones muy largos de color blanco. Nunca se separa de ellas, y a pesar de que ya empiezan a romperse, Ana no las cambiaría por nada del mundo.

  • No contestes así señorita –le regaña su madre con los ojos muy abiertos.

Ella agacha la cabeza avergonzada. Mientras comen, Ana piensa en los niños de su colegio y se da cuenta de que en realidad no todos son malos con ella. Hay una niña, una compañera de clase que se llama Alba, que se porta bien con Ana. La saluda siempre que la ve y la ayuda a hacer los deberes en clase. Ana no entiende porque Alba hace eso, y más siendo una de las niñas más inteligentes y populares de la escuela. Le extraña tanto la actitud de Alba que una vez Ana le preguntó porque era tan agradable con ella y Alba le respondió: “Porque me da pena verte sola”. Desde aquel día Ana es más simpática con Alba. Pero aun así Ana intenta no juntarse con el resto de niños y niñas de su clase que siempre se meten con ella. Aunque Ana no sabe porque lo hacen.

  • Ana, recuerda que esta tarde tienes clase de inglés –le dice su padre.
  • Sí papá. Ya lo tengo todo listo para ir –responde Ana.
  • De acuerdo. ¿Quieres que te recoja al salir? –le pregunta su padre amablemente.
  • No –responde Ana en tono cortante.

En la academia de ingles ningún niño se mete con Ana pero nadie habla con ella. Solo lo hacen los chicos y chicas más mayores que van a su clase. Ana siempre está callada porque tiene miedo de relacionarse con otros niños y niñas. Teme que le digan las mismas cosas que le dicen los matones de su colegio, por eso nunca les dice nada. Pero con los chicos y chicas mayores es diferente, ellos se acercan, hablan con ella, la invitan a chucherías y se sientan con ella en clase cuando entran a la academia. Las clases de inglés son un remanso y un consuelo para Ana.

Después de la clase de inglés, Ana sale feliz y contenta hacia su casa. Pero al entrar en el parque de su pueblo, el cual cruza para ahorrar tiempo de vuelta a casa, se encuentra con algunos niños de su clase.

  • Ana, ¿dónde vas? –le grita uno de ellos. Pelirrojo y con pecas.
  • A mi casa –responde ella bajando la cabeza y acelerando el paso.
  • Ven aquí con nosotros. Queremos jugar contigo –le vuelve a decir el pelirrojo.

Pero Ana sabe que no quieren jugar con ella y de reojo ve como el niño pelirrojo y sus tres amigos empiezan a seguirla. Ana empieza a correr con su carpeta bajo el brazo.

  • ¿Quién va a querer jugar contigo con lo fea que eres? –grita uno de los niños.
  • ¡Sí! ¡Culo gordo! –dice otro.
  • ¡Tonta! ¡Estúpida! –la insulta el tercero -. Qué no sabes hacer las cuentas de dividir. ¡Tonta!

Ana corre todavía más rápido y los cuatro niños empiezan a perseguirla por el parque. Mientras intenta huir de ellos, sigue oyendo como la increpan y se meten con ella. Y aunque Ana intenta hacer oídos sordos a todo lo que le dicen, cada palabra es un palo en su autoestima. Antes de salir del parque, los cuatro niños se cansan de perseguirla y dejan que Ana se vaya corriendo.

Cuando llega a casa Ana no ve a nadie, solo encuentra una nota de sus padres en el salón: “Ana, hemos ido a comprar al supermercado. Volveremos pronto. Besos, papá y mamá”. Ana deja la nota sobre la mesa del salón y sube corriendo a su habitación. Entra y cierra la puerta de un portazo, sentándose en la silla del escritorio y dejando caer la carpeta a sus pies. De pronto, siente un nudo en la garganta, sus ojos se llenan de lágrimas y comienza a llorar muy fuerte. Apoya los brazos sobre el escritorio y deja caer su cabeza sobre ellos ahogando sus lágrimas. Se pregunta por qué los niños son tan crueles con ella, por qué tiene que sufrir esos insultos y por qué nadie la defiende. Se siente incomprendida y mientras más se lamenta, más dolorosos son sus llantos.

De repente, escucha un tintineo a su lado. Mira a su alrededor y ve la pluma verde tirada en el suelo. Se le ha caído desde el bolsillo de su sudadera. Ana la recoge del suelo y la observa levemente mientras se sorbe los mocos de la nariz y se limpia las lágrimas de las mejillas con el puño de la mano. Decide averiguar si esa vieja pluma estilográfica funciona. Quita el tapón de la pluma y abre una libreta fucsia que tiene a mano.

Ana pone la pluma sobre el papel y escribe: “Ojalá viviera…”. Antes de continuar la frase una nueva lágrima cae sobre la hoja en blanco. “Ojalá viviera en un mundo donde pudiera ser feliz”, escribe Ana. La tinta brilla un instante y luego se vuelve negra, su color original. Ana nota que ha pasado algo raro con la tinta de la pluma, pero sigue escribiendo: “Ojala viviera en un mundo fantástico, sin niños malos”. El llanto y las lágrimas de Ana se transforman en ímpetu y deseos de describir lo que para ella sería un mundo perfecto: “Un lugar con muchas flores de colores, árboles verdes, frondosos y de todo tipo, águilas enormes, dragonas, unicornios, sirenos que vivan en lagos de agua dulce y todo tipo de criaturas y seres fantásticos. Y gatos, ojalá vivan muchos gatos y animales en él. Y también tiene que vivir una bruja buena”, escribe Ana sin parar. “Además, también tiene que haber un pozo que contenga cualquier tipo de bebida, para beber lo que quiera cuando me apetezca”, culmina Ana de diseñar su mundo ideal.

De pronto, las palabras comienzan a emborronarse y a convertirse en un tornado de tinta negra. Ana, sorprendida, ve como su libreta y su escritorio comienzan a vibrar con fuerza, mientras los libros de su estantería no dejan de moverse. La libreta fucsia no para de agitarse y el tornado de tinta se hace más y más grande sobre su escritorio. Ana asustada agarra su pluma con fuerza y se asoma al interior del tornado. Dentro ve salir una luz blanca y cegadora, se inclina levemente sobre ella y al instante es absorbida por la luz que sale del remolino de tinta negra.

Ana, siendo tragada por el tornado mágico de tinta y luz, comienza a dar vueltas como una peonza. Agarrada a su estilográfica y a su libreta, se siente ligera como una pluma. Incluso encuentra divertido estar dentro de un tornado, siente como si estuviera en una montaña rusa. Lentamente deja de dar vueltas y el tornado comienza a desaparecer. Ana cae bruscamente al suelo bocabajo y al incorporarse ve algo maravilloso. El mundo que ella acaba de describir en su libreta.

  • Bienvenida Ana.

Le dice una mujer con un vestido azul eléctrico y un sombrero de pico en la cabeza. El vestido tiene las mangas anchas y arrastra por el suelo, mientras que el sobrero es negro y tiene una hebilla dorada.

  • ¿Quién eres tú? –pregunta Ana boquiabierta.
  • Soy una bruja buena, como tú has deseado –responde la mujer.
  • ¿En serio? –pregunta Ana aún mas sorprendida.
  • ¡De verdad! –exclama la bruja buena -. Todo lo que ves aquí lo has creado tú con tu pluma, tu libreta y tus deseos.
  • ¿Cómo? –Ana no da crédito a lo que está viendo.
  • Con tu imaginación –dice con dulzura la bruja buena mientras sonríe y toca la nariz de Ana con su dedo índice.

Ana mira a su alrededor y ve un enorme y hermoso jardín lleno de hierba verde y flores de colores de todos los tipos que puede alcanzar a imaginar: rosas, margaritas, jazmines, campanillas, claveles, narcisos, kalanchoes… Los árboles son altos y verdes: pinos, sauces, hayas, robles… Y además hay cascadas y fuentes por todas partes alumbrados por un enorme y radiante sol.

  • Vamos, demos un paseo –le propone la bruja buena a Ana.

Ana coge a la bruja buena de la mano y se va con ella caminando tranquilamente. Mientras van andando, los animales y los insectos se les acercan cariñosamente. Un gato negro se enreda en los pies de Ana intentando jugar con ella y una decena de mariposas de colores se arremolinan sobre su cabeza. Pero lo más impresionante es cuando sobre el cielo aparece la silueta de una inmensa y magnifica dragona de color rojo brillante. La dragona va escupiendo fuego por su boca, dibujando símbolos con su aliento y describiendo espectaculares cabriolas en las alturas. Ana queda fascinada y boquiabierta ante el poderío de la dragona roja.

A continuación, una manada de unicornios se cruza delante de Ana y la bruja buena. Hay unicornios pequeños y grandes, de color blanco, marrón, negro, gris y con manchas. Los unicornios juegan entre ellos y se paran a comer hierba fresca. Ana pensaba, hasta este momento, que los unicornios no vivían en manadas y que solo eran de color blanco. Pero se equivocaba. El mundo que ha creado no deja de sorprenderla. Le duelen los mofletes de tanto sonreír.

Ana y la bruja buena siguen caminando hasta que una enorme y hermosa águila real se para frente a ellas. El águila les indica con su pico que suban sobre ella.

  • Ana, ¿quieres dar una vuelta en águila? –le pregunta la bruja buena.
  • ¡Sí! ¡Sí que quiero! –exclama Ana feliz.

Las dos se montan sobre el enorme cuerpo del águila y esta comienza a mover sus alas levantando una nube de hierba y polvo, hasta que comienza a elevarse poco a poco en el aire. El águila vuela portando a Ana y la bruja buena, pudiendo Ana observar y admirar todo el mundo que ha creado gracias a su imaginación y a su pluma mágica. Puede ver las flores, los árboles, el agua, los unicornios… y también centauros, minutaros, hadas, duendes, entre otros tantos seres y animales mágicos, y no mágicos, que alberga su imaginación.

Después del vuelo, el águila desciende poco a poco al suelo, posándose a la orilla de un lago. Cuando Ana y la bruja buena se bajan del águila, esta le dice a Ana:

  • Esto es un lago de agua dulce, Ana. Y en él vive un sireno.

Ana, sorprendida por la explicación de la bruja buena, dirige su curiosa mirada al centro del lago. Inmediatamente emerge de la superficie del lago la figura de un hombre con la piel pálida, el pelo largo y negro y que esta vestido con un chaleco azul de escamas brillantes.

  • ¿Es el sireno? –pregunta Ana entusiasmada señalando al centro del lago de agua dulce.
  • Sí, lo es –responde amablemente la bruja buena.

El sireno saluda a Ana agitando su mano, para volver a sumergirse un segundo después en el agua mostrando su cola de color rosa.

  • Tengo sed –dice Ana volviéndose hacia la bruja buena.
  • Puedes beber del pozo –se sugiere la bruja buena, indicándole un pozo que hay en el borde del lago.
  • ¿Hay agua en ese pozo? –pregunta Ana extrañada
  • El pozo da lo que tú quieras beber. Si tu quieres agua, habrá agua para beber –explica la bruja buena inclinándose hacia Ana.
  • ¡Batido de vainilla! –grita Ana con los ojos muy abiertos -. Quiero batido de vainilla.

Corre y conforme se va acercando al pozo, Ana se da cuenta de que es el mismo que tenía en mente cuando estaba sentada escribiendo en su escritorio. Es un gran pozo, con el brocal de piedra, una polea colgada de un pequeño arco de forja, un cubo de madera y todo cubierto de hiedra y musgo. Al llegar al pozo Ana se asoma al fondo, pero no consigue ver nada. Entonces echa el cubo al interior y lo vuelve a sacar tirando de la cuerda que lo sujeta. Cuando Ana ve el líquido que contiene el cubo no da crédito, está lleno de batido de vainilla.

  • Tú has creado este mundo –le dice la bruja buena cogiéndola por los hombros -. Todo lo que desees, sucederá.

Ana, fascinada, bebe del cubo de madera hasta saciar su sed. Vuelve a dejar el cubo sobre la piedra del brocal y saca su libreta y su pluma mágica de los bolsillos de su sudadera granate. Sabe que ya es hora de irse, seguro que sus padres la esperan en casa. Y para volver con ellos solo tiene que desearlo, tal y como le acaba de decir la bruja buena. Pero antes de irse, Ana cae en un pequeño detalle.

  • ¿Cómo te llamas? –le Ana pregunta a la bruja buena.
  • No tengo nombre, solo soy la bruja buena –responde sin más.
  • Tengo que ponerte un nombre –medita Ana con expresión pensativa -. ¿Te gusta Blancaflor? –propone finalmente a la bruja buena.
  • ¡Me encanta Ana! –exclama entusiasmada la bruja buena, ahora llamada Blancaflor -. Gracias por este nombre tan bonito Ana.

Las dos se dan un gran abrazo de despedida, como promesa de una nueva visita de Ana a este lugar mágico. Blancaflor se aparta un poco de Ana y ella escribe en su libreta fucsia: “Esta aventura toca hoy a su fin”. De nuevo, la libreta comienza a agitarse, las palabras se emborronan y surge un tornado de tinta negra y luz que absorbe a Ana por completo. Minutos después, tras pasar por una montaña rusa de magia, Ana aparece de nuevo en su habitación sentada en su escritorio y puede ver desde la ventana como ya es de noche.

Nada más percatarse de que está de vuelta en casa, Ana escucha la voz de su madre desde el salón:

  • ¡Ana, la cena esta lista!

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