ALBERTO ROMERO

Luz Roja.

Ana leyó la nota y un resorte anuló la euforia del ascenso convirtiéndose en
una rápida reacción de emergencia. Dejó la carpeta y cogió las llaves del coche.
Bajó al garaje todo lo rápido que le dieron los pies. Montó en el coche y arrancó
sin apenas pensar. Sabía de maravilla el camino al hospital porque quedaba cerca
de su trabajo. No entendía como Antonio no le había llamado o mandado un
whatsapp en vez de dejarle una nota.
Espero que no sea demasiado grave, pensó mientras se ponía primera en el
semáforo de una intersección. El coche que iba a su lado avanzó sin esperar a que
se terminara de poner en verde y Ana aceleró sin fijarse siquiera en el color rojo
que aún brillaba. El coche que iba a su lado frenó apenas unos centimetros más
adelante, manías que tiene la gente con prisa.
Ana no vió venir al camión de la basura que cruzaba por la intersección en el
momento en el que ella la cruzaba sin mirar. El golpe desplazó el coche más de 50
metros y dejó el lateral del copiloto arrugado como una pasa. Atrapada en el amasijo
de hierros Ana perdió el conocimiento casi al instante.
El sonido de las sirenas de las ambulancias le despertó sin saber muy bien que
hacía allí. Aturdida intentó soltarse de algo que le sujetaba la pierna derecha, pero
le resultó imposible. Miró hacia abajo y vió que estaba cubierta de sangre y cristales.
De repente una voz de hombre le habló desde la ventanilla. Giró la cabeza sin
oir por el zumbido de los oidos y se volvió a desmayar.
Los bomberos sacaron a Ana de los amasijos de hierro y la montaron en la ambulancia
que había acudido al espectacular accidente. Tenía la pierna derecha
fracturada, muchas heridas por todo el cuerpo y no era capaz de recuperar el conocimiento, aunque aún respiraba. Le pusieron en la camilla y la metieron dentro
sin perder un minuto.
Varios policias preguntaban a los peatones que se arremolinaban junto al arcén
por lo que acababan de presenciar. Era una chica joven, se saltó el semáforo
aún en rojo, el camión no frenó a tiempo….
Junto a los peatones curiosos que miraban atónitos como la grúa elevaba lo
que había quedado del coche de Ana se encontraba Martín, un vecino de Ana y
Antonio que aún no se podía creer que el accidente estuviese protagonizado por
su vecina. Esa misma mañana se había encontrado con su madre al salir de la farmacia
y habían estado hablando tan tranquilos. En apenas unas horas todo estaba
patas arriba y se preguntaba si Ana estaría viva o no.
Llamó al teléfono de Antonio para avisarle de lo ocurrido hacía unos segundos.
El teléfono al que llama está apagado o fuera de cobertura. Mierda, no estaba
disponible.
El ATS de la ambulancia encontró el teléfono de Ana en el bolso de camino al
hospital. Buscó en la Agenda un contacto que tuviese la doble A, de aviso en caso
de Emergencia y marcó el número de Antonio. El teléfono al que llama está apagado
o fuera de cobertura en este momento….

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