ESTEFF

Cuentan que hace mucho, mucho tiempo existía un mundo mucho más abajo de nuestros suelos, tan abajo que incluso rozaba el núcleo interno de la Tierra, aquel casi inalcanzable, más allá de los niveles superiores del mar. Andaba a medias entre los límites de lo terrestre y del inframundo, y estaba cubierto de agua y oxígeno, todo a la vez, y también de criaturas fascinantes que vivían en paz, que no albergaban malos sentimientos y vivían en plena armonía. Estas fascinantes criaturas, de belleza superlativa, se trasladaban aleteando de un sitio a otro, con una rapidez encomiable;
allí no existían las piernas, al igual que tampoco las escamas cortantes y dañinas tan propias de los seres humanos y animales acuáticos, sino que las colas y aletas eran suaves y aterciopeladas, veloces y resplandecientes. Contadas veces, por diversión, subían hasta la superfície y los tenues rayos del sol, que iluminaban su apéndice marino, creaban un hermoso efecto óptico a través de toda la inmensidad de mar y lograban con él cubrir de destellos las olas.
Pero un día una de estas criaturas, pura, divina e inmortal, quiso aliarse con su curiosidad y traspasó todos esos mundos. Con absoluta rapidez vio barcos abandonados, cofres destartalados, oro perdido y envuelto en arrecifes, más arriba contempló peces grandes y fieros devorando a otros bancos de ellos, más débiles y pequeños; aún más arriba quedó estupefacta al observar cómo uno de esos peces mordía un gusano para saciar su hambre, y con esta artimaña era empujado hacia arriba, fuera de la humedad, para nunca más regresar a su hogar. Quiso saber qué le había empujado exactamente a irse para no volver.
Entonces, dejando burbujas y un rastro de espuma tras su paso vigoroso, subió más y más arriba; sin saber qué era y por tanto sin juzgarlo como bueno o malo, advirtió otros seres inertes carentes del más ligero movimiento, cayendo en la cuenta que anteriormente estuvieron vivos. Gran cantidad de ellos poseían aletas, las de algunos eran enormes y las de otros, sin embargo, minúsculas; los había minúsculos pero también caían algunos de dimensiones descomunales, vio unos con alas, con picos, con branquias…los halló de todas las formas y tamaños, envueltos en capas negras y sucias, inmóviles y con ojos opacos. Vio avecinarse redes gigantescas sin interrupción que logró evadir, aunque otros más desafortunados quedaron presos. También percibió el avance imparable de líquidos extraños, y torbellinos de agua con hélices que rotaban sin pausa, y vio algas destrozadas y corales rotos y peces que quedaban atrapados, y otros salían
despedidos a algún otro lugar con tremendos embistes.
Pero aquel ser bello y exótico venido de otros mundos aún quiso más, y subió valiente hasta el siguiente escalafón, porque todavía no había caído en la cuenta de qué significaba lo que había contemplado. En milésimas de segundos, más rápido de lo que nosotros podríamos entender, se encontró donde sólo existían rayos del astro rey, arena y sequía, y unos extraños seres que se desplazaban mediante cuatro ramificaciones unidas a un tronco, todos diferentes y de varios tamaños.
Nuestra criatura, que no entendía de acechos ni de maldades ni de intenciones con perjuicios, no pudo más que observar anonadada, con encantadora curiosidad que nunca se saciaba, con los ojos de quien descubre un mundo nuevo por vez primera, lejos de cualquier temeridad. Mas lo que allí encontró fue destruyendo sus pensamientos ortodoxos y puros poco a poco. Como no tenía conocimientos del marco espacio-temporal no supo cuánto tiempo permaneció allí, pero lamentablemente éste fue el suficiente para que muchas personas le retuvieran en un pequeño habitáculo contra su voluntad, coartando sus ansias de libertad y mermando su rapidez y agilidad, que cada vez se iba atrofiando más. Toqueteaban y maltrataban su preciosa aleta resplandeciente,
fina, enorme, elástica y rasa, al igual que su cabello frondoso color verde y azul marino; quisieron investigarla y exhibirla, consiguieron hacerle daño en sus extraños ojos de visión submarina, cuyo precioso iris era de un atractivo color rosa coral. Intentaron separar sin éxito sus falanges unidas permanentemente, dañando éstas de forma considerable, ya que eran inseparables y estaban formadas por materiales que escapan a nuestro entendimiento. Sintió el dolor físico y emocional por vez primera, y la sensación fue cruel e indefinible.
Así se vio nuestra criatura de repente: burlada, vejada, expuesta, maltratada. Agazapada y escondiéndose a través de su magnífica aleta suave y su frondoso cabello verde azulado. Sin entender nada. Sintió no poder escapar; de repente creyó necesitar el agua para vivir, aunque fisiológicamente podía hacerlo en cualquier otro ámbito, tanto en el ardiente desierto como en el glaciar más helado. Dentro de ese ser algo nació, algo muy oscuro y lúgubre, y toda su fuerza venida de los mundos más antiguos y las magias más sabias y poderosas se concentraron en un sólo momento, causando así un remolino de agua, sal, tierra, aire y todo cuanto la naturaleza pudo abarcar a su paso, llevándose consigo cualquier rastro de ser viviente, también inanimado, enfureciendo al mar, desatando las tormentas, resquebrajando y abriendo el suelo, causando estragos en muchas millas a la redonda: tal era su pena y tan grande su dolor. Fue más ardua que
la más violenta de las tempestades. La ira y el desconsuelo no perdonaron nada a su paso. Las consecuencias fueron devastadoras.
Nuestra criatura divina no pudo volver a su hogar, pues la pureza se había ido y jamás volvería, y los límites para acceder a él se habían cerrado. No encontraba el camino de vuelta. Unos seres desconocidos la habían corrompido y ahora se encontraba perdida.
Concentró todo su poder con la fuerza del arrepentimiento, que era infinito e indescriptible, en restablecer la naturaleza que se había cobrado su estado impetuoso. Volvió el mar a su cauce, a la calma, con su color plata y azul y plomizo y casi negro por las noches. Volvió a otorgarle su transparencia, inmensidad y belleza. Le limpió de impurezas, extrajo lo negro y lo volvió paraíso.
Volvieron las algas, los arrecifes, los corales, los peces, las medusas y absolutamente todas las criaturas marinas que, en otro nivel, cuando subía a la superficie, antaño había conocido. Reunió las tierras agrietadas y las hizo planas, dotándolas de las más maravillosas flora y fauna, con los mismos animales que residían pacíficamente en ellas. A los humanos que tanto mal le habían causado, que habían acabado con su inherencia y quebrado su alma, no los quiso devolver a ese lugar, y como una promesa interna, se juró prevenir su recién inaugurado reino de sus miradas, pisadas y acercamientos.
Nuestra criatura, que ya jamás albergó esos oscuros y lúgubres sentimientos los cuales causaron toda una catástrofe indescifrable, decidió rodearse toda ella de escamas transparentes, afiladas, tan cortantes al mínimo tacto como puntas afiladas de cuchillos. Eran pequeñas y eran miles y miles de millones. Llenándose de paciencia se envolvió enteramente en ellas, convirtiéndolas en su nueva piel: cubrió sus falanges inseparables, y sus ojos color coral, y su boca de pez, y su frondosa melena azul y verde, y también las depositó en su enorme aleta, exótica y sedosa, aterciopelada, e hizo hincapié en ella y colocó dos capas, minúsculas escamas incisivas y transparentes.
A partir de entonces, pasó la eternidad custodiando ese trozo de tierra, marina y terrestre, sin que ningún otro ser, humano o no, animado o inanimado, pudiera posar una sola parte de su cuerpo en ella. Era inalcanzable, totalmente inaccesible, y sólo así pudo llegar a recuperar, con el paso de muchos siglos, un ínfimo trozo del alma pura que le habían arrebatado.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s