ALEX BLAME

Julieta tiene unos   grandes y expresivos ojos  de color chocolate, solo hace falta mirarlos con un poco de detenimiento para ver su disgusto por permanecer atada. Pero no sólo en ellos reside su belleza. A Romeo le gustan sus orejas largas y sus labios finos y extraordinariamente móviles y sus dientes grandes y blancos, que muestra sin reparo cuando sonríe aunque en este momento no parezca estar de buen humor.

Y eso es algo que Romeo no entiende y tampoco le interesa. El olor de Julieta es tan inconfundible como perturbador. Romeo se acerca con precaución por detrás y acerca su nariz al sexo rosado, cálido y palpitante de ella. El olor de su sexo penetra profundamente en su sistema olfativo provocando la casi inmediata erección de su miembro.

Julieta nota que Romeo está trasteando a sus espaldas y se revuelve nerviosa tirando de la cuerda  con la que su amo le ha sujetado a un poste y rebuzna indignada.

Romeo ya está acostumbrado como experimentado semental a que sus ligues reaccionen sin mucho entusiasmo a sus afectos y no se arredra ante la incomodidad de Julieta, es más, su miembro sigue creciendo incontenible como su deseo por la preciosa burrita hasta alcanzar un tamaño y una dureza prodigiosos.

Romeo vuelve a husmear suavemente la vulva de su forzosa compañera y harto de preliminares intenta subirse a las ancas de la burra para conseguir penetrarla.

Pero Julieta no está dispuesta a rendirse tan fácilmente, baja las orejas y se mueve de lado, justo cuando Romeo se sube, obligándole a poner de nuevos sus patas en tierra, y ese es el momento que elije Julieta para levantarse de las patas traseras y arrearle una buena coz en el centro del pecho a Romeo mientras rebuzna y muestra sus dientes satisfecha.

Romeo se retira, aparentemente indemne, dos pasos fuera del radio de acción de los cascos de Julieta; pero sólo de momento. Su erección sigue intacta y el olor de la hembra le está volviendo loco. Tras un minuto de descanso y aprovechando que Julieta parece más calmada se vuelve a acercar pero esta vez Julieta ni siquiera le deja levantar sus patas delanteras y con su punto de mira afinado le arrea una nueva coz.

El pecho de Romeo suena como un gong y está vez casi pierde el equilibrio, pero sabe que Julieta no puede escapar y eso le da suficiente confianza para intentarlo de nuevo casi inmediatamente. Esta vez Julieta está despistada confiada por sus éxitos anteriores y cuando se da cuenta tiene a Romeo encima abrazando sus flanco con las patas delanteras.

Julieta resopla y se mueve, intenta tirar de la cuerda que sujeta su cabeza, pero esta vez Romeo está preparado y mantiene el equilibrio. Ahora es el rebuzno triunfal de Romeo el que se escucha y rebota en las paredes del escarpado valle.

Con un empujón un poco burro el  gigantesco miembro de Romeo se abre paso en la delicada y palpitante vulva de Julieta hasta quedar completamente enterrado en su vagina.

Romeo estira el cuello y mostrando su desigual dentadura penetra a Julieta con rápidos y profundos  empeñones  hasta que segundos más tarde eyacula en su interior.

Romeo se retira con su verga aún dura y palpitante mientras restos de la eyaculación escurren por la vagina de Julieta que agita la cabeza con fuerza para sacudirse las persistentes moscas.

Romeo se siente satisfecho, pero a la vez sigue caliente cómo un burro. Se acerca de nuevo dispuesto a repetir la hazaña pero Julieta le recibe con una nueva coz en el pecho. Romeo envalentonado por su éxito anterior no se rinde y se lanza de nuevo sobre Julieta, sediento de sexo.

Pero está vez Julieta le está esperando y está verdaderamente cabreada con ese burro salido y persistente y con todas las fuerzas que le quedan estira su espalda de manera que cuando levanta sus patas traseras suelta un latigazo tan alto, fuerte y preciso que impacta con un sonido sordo en el centro de la frente de Romeo.

Romeo vacila grogui y se retira sacudiendo la cabeza, intentando despejarse, intentando aclararse las ideas, bueno las ideas que puede llegar a tener un burro. Se acerca de nuevo a Julieta pero el momento ha pasado. Su miembro, aunque aún aumentado de tamaño, cuelga flácido y desmayado de su ingle.

Julieta mientras tanto mordisquea unos hierbajos y pone  cara de aburrimiento.

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