PSIQUE W.

Clara sale corriendo del salón, entra en su habitación y con cuidado cierra la puerta para encerrarse en ella. El dormitorio está en penumbra. La persiana está bajada y las cortinas corridas. Clara ha huido del salón de su casa, no le gusta lo que ocurre allí. Por eso, para evitar escuchar los sonidos que provienen de aquella habitación, se confina en su dormitorio y se pone a jugar con una muñeca de trapo y un oso de peluche.

“¿Se puede saber que has hecho?”, se escucha la voz de un hombre desde el salón. Una voz fuerte, agresiva, que estremece el cuerpo de cualquiera. “Nada”, responde otra voz de mujer. Una voz dulce, pero a la vez débil, a punto de quebrarse por el llanto. “¿Quién te ha dado permiso para ir a la cafetería?, grita la voz del hombre.

  • “¿Se puede saber que has hecho?” –imita Clara la voz masculina mientras mueve al oso de peluche con si fuera el juguete quien estuviera hablando-. “Nada” –imita ahora a la voz femenina moviendo a la muñeca.

Los sonidos que llegan del salón traspasan la puerta del dormitorio de Clara, que oye decir a la voz de mujer: “Solo he salido a comprar y me he encontrado con…”. Pero la voz de hombre la interrumpe con brutalidad y violencia: “¡No me vengas con excusas puta!”. Esa última palabra es la que más escuece.

  • “¡No me vengas con excusas puta!” –repite Clara intentando poner una voz grave.

“Cariño, solo ha sido un café. Me ha invitado Marta”, intenta excusarse la voz de mujer suplicando, llorando. Un fino sonido atraviesa el viento y lo corta, se oye una fuerte palmada y la voz de hombre responde: “¡Qué te calles! Ibas a buscar a otro, ¿verdad? Eres una zorra”. “No cariño, no” suplica la voz de mujer, pero lo hace en vano porque se oye otro golpe.

  • “Solo ha sido un café” –imita Clara-. “Ibas a buscar a otro, ¿verdad?”

Pero la voz de hombre grita: “¡Qué te calles! Te he dicho que te calles. No vas a volver a salir, ¿me oyes? No vas a pisar la calle nunca más. Aquí se hace lo que yo diga, ¿te enteras?”. Las palabras dejan paso a los golpes, los llantos, un portazo, más llantos y el silencio.

Clara está encogida de miedo en su habitación, sentada en el suelo, también en silencio.

  • “Aquí se hace lo que yo diga, ¿te enteras?” –imita Clara la última frase que ha escuchado.

Con el oso de peluche Clara comienza a golpear a la muñeca de trapo, como si los juguetes se estuvieran peleando. La aporrea con saña, como si intentara matarla. Pero de pronto Clara se enfada y lanza el oso de peluche contra la pared con toda la fuerza que tiene. Mira el juguete caer al suelo y balancearse hasta quedarse quieto, mientras se abraza con fuerza a su muñeca de trapo y solloza:

  • Mami… mi mami.

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