GABRIELA AMAY

Hay personas que llegan a tu vida y aunque se vayan siempre se quedará un pedacito de ellas contigo. Con esto no me refiero a que nunca los vayas a olvidar y no puedas continuar con tu vida, sino de que lograron cerrar su círculo de tal forma en que ya no hay rencores ni reproches de ningún tipo, de que lograron quedarse con los buenos momentos y convertirlos en un cariño especial… sí, sí cariño de amigos.

Sé que hay quienes no creen en la amistad después de un noviazgo, pues piensan que eso solo es una cortina de humo para autoengañarte a lo que no quieres dejar de sentir o ya no debes. Yo pensaba igual, hasta que un día me tuve que tragar mis palabras para entender la realidad que estaba viviendo.

En mi oscuro pasado viví por mucho tiempo atormentada por un amor (más bien sería ex amor) que llegó a su fin. No terminaba de superarlo y de alguna forma creo que me gustaba vivir los dramas de una telenovela porque no quería olvidarlo. Prefería vivir con recuerdos del pasado que conocer nueva gente y si en algún momento me daba la oportunidad de intentar algo con alguien, terminaba comparándolo con ese fantasma que ya solo existía en mi cabeza.

En mi caso, el tiempo no era mi aliado para superar esos recuerdos, o al menos no con la rapidez que me hubiese gustado. Siempre estaba pendiente de que llegara el día de volverlo a ver, pero la geografía siempre alejaba más ese reencuentro y esa espera me alejaba a mí mucho más de superar ese amor fantasma. Tenía la esperanza de retomar la relación, aun sabiendo que ya estaba muy deteriorada y que las segundas partes no suelen traer nada nuevo.

Lo bueno de todo esto es que el encuentro tan esperado llegó, pero llegó tan tarde que en lugar de dar brincos de alegría, sentí que el mundo se me desmoronaba, un frío recorrió todo mi cuerpo y todos los recuerdos vividos con este sujeto pasaron por mi mente como flash… Y eso me asustó.

Esto debido, a que sin darme cuenta, con el pasar de los años había logrado atenuar el dolor de esos recuerdos y la asistencia a esa cita podía arruinar todo ese avance, y empezar de nuevo se tornaba difícil. Lo discutí con mi yo interior una y otra vez… y en esos intercambios de ideas siempre triunfaba lo siguiente: “Haz el favor de ir, de lo contrario, la incertidumbre de saber qué hubiese pasado te atormentará otros añitos más”.

Ya de camino al encuentro me lo seguía cuestionando, y no me terminaba de creer que ese día había llegado. El miedo cada vez era más grande, se me formó un nudo desde la garganta hasta el estómago que no se me pasó hasta que lo vi. Me esperaba sentado y mirando el celular. Seguía igual de apuesto (o a mí me lo parecía), mientras me iba acercando, su barba me hizo notar que los años sí habían pasado. Una vez frente a frente, nos dimos un largo abrazo con el que pude notar que el cariño entre ambos aún persistía. Empezamos a hablar de tal forma que parecía que nos hubiésemos seguido viendo toda la vida. Todo iba bien hasta que… me besó.

Me dividí en dos partes para asimilar esto. Por un lado, estaba tan asombrada de que por quien me había traumado por tantos años no haya logrado moverme el piso con ese beso; la otra parte de mí, se sentía aliviada y se estaba armando una fiesta al darse cuenta de que obviamente lo había superado totalmente.

Después de ese reencuentro, tomé la despedida como no pensé que lo haría: deseándole lo mejor y con una paz interior que nunca antes había sentido. No dejamos nada pendiente por decir, aclaramos cualquier malentendido que hubo en algún momento y por supuesto hubo un perdón mutuo por todo lo sufrido.

De regreso a mi casa, los recuerdos otra vez pasaron por mi cabeza, pero esta vez no dolían en lo más mínimo. Sonreí y me di cuenta que tal vez lo que tuve por años fue una frustración de haber dejado cosas pendientes con él, frustración de haber llegado al final cuando aún yo no quería y como yo no quería. Pero como diría Shakira ¡No se puede vivir con tanto veneno! Es mejor soltar lo malo y dejar que perduren las cosas que te sacaron grandes sonrisas. Solo así podemos continuar con nuevos capítulos, con nuevos personajes y con nuevos escenarios… Pero aún en nuevos capítulos llegan personajes que creías ya no volverías a ver, pero si saldaste los pendientes, sabes que sus visitas no te aturdirán más, sino que por el contrario, será grato recibirlas.

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